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lunes, 2 de noviembre de 2009

Llegaste tú - Oneshoot de Tini Black y LiiQanLu

GENTE!!! Este es un regalo precioso que me mandaron Tini Black y LiiQanLu por mi cumple!!! Y me dejaron toda contenta y babosa, así que lo subo aca principalmente porque me encantó y lo quería compartir!

Gracias, chicas! me dejaron super feliz!


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Disclaimer: Algunos personajes son de Stephenie Meyer, los demás personajes son familia de Naty Celeste y la historia es de Tini Black y LiiQanLu =P


N/A: Regalo para nuestra hermosa loba BETA, NATY CELESTE que a sido parte de frustrar nuestras vidas sexuales con los grandiosos Leemmons que escribe, amiga te mereces lo mejor hoy y siempre TE AMAMOS
La historia es de HUMANOS, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia


Llegaste tú
Abrázame fuerte no quiero perderte,
Si a mi has llegado quiero tenerte,
Sanando heridas y cambiando mi suerte
Quiero estar contigo el tiempo que reste

JACOB POV


Han pasado ya días desde que pensé que mi vida había terminado, que estaba seguro que no podía haber mas dolor que la perdida de un ser querido, pero lo que me acababan de hacer era peor que eso. Mi novia la mujer que mas he amado en la vida después de mi madre, esa mujer que me hacia sonreír cada mañana, el motor de mi vida, mi Bella Swan, me a engañado. Me hubiera importado poco que se hubiera revolcado con Mike Newton o inclusive con Paul, pero no con él, no con mi mejor amigo Edward Cullen.


Mi depresión me llevo a pasar días en mi casa sin salir y no comer, agradecía que fueran vacaciones de invierno porque no me hubiera importado faltar a clases, no quería ver a nadie que me recordara a ella, incluso pedí a mi padre que me cambiara a la escuela de la reserva ya que hace dos años me había cambiado a la de Forks solo por estar con ella, mi padre solo me puso por condición que ya era hora de hacer mi vida normal de nuevo y yo solo atine a asentir, mi mundo no tenia que terminar por una mujer.


-Hijo que bueno que ya te levantaste, ¿Desayunas?- mi padre un hombre emprendedor, único arquitecto en la reserva y jefe de la tribu, desde que murió mi madre lo único que ha hecho es ver por el bien de mis hermanas y el mío, ellas estaban en la universidad en los Ángeles, Rachel estudiando Psicología y Rebecca Leyes, en un año mas me iría yo a estudiar Ingeniaría Mecánica.
-Buenos días Billy, no tengo hambre, además tengo que salir rápido de aquí quede con Quil y Embry de ir a montar a la playa- Mi padre era mas que eso para mi, era un buen amigo así que en casa siempre le llamaba Billy aunque cuando había mas gente con nosotros le llamaba papá, esa mañana quede de salir con dos de mis mejores amigos tenia días que no los miraba y salir con ellos me aria bien.


-Esta bien hijo, solo ten cuidado- rodé los ojos


-Siempre preocupándote de más Billy, estaré bien- bufo y yo solo reí –Nos vemos en la noche-


-Espera Jake- me pare en seco y voltee a verlo levantando mi ceja derecha –¿Recuerdas que te hable del proyecto del centro comercial? – Asentí - Tienes que llegar temprano mi socio viajara desde Argentina con su familia porque vamos a cerrar el trato, y quiero que estés aquí para cuando lleguen-


-Esta bien papá procuraré llegar temprano- Salí corriendo a las caballerizas antes que Billy se le ocurriera algo mas


-Jacob no lo intentes, ¡llega temprano!- grito mi padre desde la puerta de la casa y yo no dejaba de reír lo conocía tan bien que casi pude adivinar que iba a salir a gritarme eso.


Tome mi silla de montar y me dirigí a ensillar a mi yegua, regalo de mi padrino-ex suegro Charlie, tanto a él como a mi nos unía la pasión por estas bellezas animales, era raro ver una yegua como la mía una Mustang original por lo general debería de haber estado en reserva por estar en peligro de extinción, pero Charlie se las había arreglado para cómprala para mi, casi muero el día de mi cumpleaños numero 17 mi padre me regalo una camioneta Hummer H2 negra mi sueño hecho realidad y atrás de esta venia un el camper estaba enganchado a la camioneta y ahí estaba el regalo de Charlie mi hermosa Princesa, con su cabellera negra y sus ojos azules como el cielo, casi me desmayo de no ser por mi padre que estaba a mi lado y me recordó que tenia que respirar.


-Hola hermosa iremos a dar un pasero hoy- dije pasando mis manos por su costado –se que te e dejado abandonada en la semana pero entiende que no estaba de ánimos para salir –comencé a deslizar la silla y la amarre con fuerza pero sin hacerle daño, me impulsé un poco para subirme y en un segundo ya estaba encima de ella –muy bien mi princesa a correr –ordene a lo que mi nena entendió, corrió como siempre veloz y segura, la sensación del viento en mi rostro era maravillosa, libertad plena, no importaba lo que pasara a mi alrededor que el mundo girara y que todo cambiara, yo era libre.


En unos minutos ya nos encontrábamos en la playa, ella sabia bien el camino era uno de nuestros lugares favoritos. Los chicos ya estaban ahí. Me baje y solté a mi caballo para que corriera junto con los demás…


-Hey Jake- dijo Embry saludando


-¡Hey hermanos! ¿Como les va?- les dije dándoles un abrazo a los dos, éramos muy buenos amigos, los mejores aquí en la reserva


-Te hemos extrañado Jake- dijo Quil un poco melancólico


-Oh vamos Quil no seas mariqueta- le di un pequeño puñetazo en el hombro a lo que el sonrió y se me tiró encima, comenzamos a jugar luchitas y como siempre los dos en contra mía, eran unos abusivos, lo que les daba coraje era que aun así siempre les ganaba. Pasamos horas platicando de lo que nos había pasado últimamente nadie toco el tema de Bella y yo les agradecí infinitamente eso.


-Valla mira la hora que es mi abuelo me matara si llego tarde- dijo Quil pelando los ojos al ver su reloj


-¿Tarde? Pero si apenas son las 8:31 pm. ¡Demonios! Mi padre me matara, chicos lo siento me voy los llamo mañana- me levante corriendo y le chifle a mi yegua ella corrió hacia mi- Princesa llévame lo mas rápido posible a casa, o papá hará puré de Jake para la cena- la monte y corrió como si el mismo diablo nos viniera siguiendo, lo cual agradecí al llegar, le coloque agua en el bebedero y un montón de paja –Deséame suerte Prin, nos vemos mañana- corrí a casa con la esperanza de que el socio de papá aun no hubiera llegado, abrí la puesta haciendo el menor ruido posible pero el rechinido de esta me delato, ahora odiaba no haberle hecho caso a papá cuando me pidió que la engrasara


-¿Jacob?- cerré los ojos esperando el regaño de papá, pero al no escuchar más sus palabras me dispuse a entrar cerrando la puerta tras de mi, fui a la sala grande y ahí estaba papá que me miraba con cara de pocos amigos


-¡Buenas noches!- atine a decir mientras él hombre alto de cabello negro que estaba frente a mi padre se paraba junto con una mujer muy elegante que ya asía sentada a la izquierda de él y a su derecha la silueta de una joven de cabellos negros ondulados se incorporaban con los que suponía eran sus padres


-Hijo, llegas tarde- me reprendió mi padre –Pasa a saludar- no me apetecía que el socio de mi padre me viera como un andrajoso, no había salido bien parado después de la pelea en la arena con los chicos, pero la mirada de mi padre me obligo a ir hacia la sala
-Buenas noches- dije de nuevo un poco tímido


-Hijo ellos son la señora y el señor Fidelio - extendí mi mano para saludar a la señora que al verla pude notar en su mirada que se trataba de una mujer muy dulce, y no pude dejar de recordar a mi madre, después salude al socio y en el podía notar esa mirada de seguridad que emanaba era igual a la de mi padre, -y ella es su hija Natalia- dijo mi padre dirigiéndose a la joven
-Naty- corrigió ella extendiéndome su mano, al tomarla sentí como una corriente eléctrica traspasaba mi cuerpo y me atravesaba toda la espina dorsal, mis ojos se clavaron en sus labios los cuales me hipnotizaron al curvarse en una hermosa sonrisa tímida, pero en lo que me perdí totalmente fue en esos ojos hermosos que se escondían detrás de un par de anteojos, me miraban con una calidez incomparable y yo me quede mudo no podía formular palabra alguna, hasta que sentí un fuerte apretón de su parte y salí del shock.


-Jacob Black, mucho gusto en conocerlos- dije soltando a Naty y dirigiéndome hacia mi padre, que aun me miraba con desaprobación – disculpen por llegar tarde y mas aun por mi vestimenta- dije haciendo ademan de ver mi camisa –es solo que, me caí del caballo y tarde en recuperarme del dolor de la rodilla –si júzguenme soy un maldito mentiroso, pero si alguien me viera como estoy ahora me creería sin dudar. Mire a mi padre de reojo –Padre, Señores, Naty- sonreí al mencionar su nombre y pude notar su leve sonrojo- con su permiso, iré a tomar un baño rápido y bajo enseguida- mi padre solo asintió y me retire con sus miradas clavadas en mi espalda, no debía de tardar mucho a mi padre no le gustaba esperar así que me bañe y cambie lo mas rápido que pude y baje de inmediato a la sala, aun seguían platicando del proyecto. Llegue a sentarme a un lado de mi padre y todos se quedaron callados.


-¡Ah!, ¿Llegue en mal momento?- y comenzaron a carcajearse


-No hijo de hecho ya terminamos con la platica- suspire de alivio


-Y bien Jake así que montas ¿he?-


-Así es señor- dije seguro


-Y no es por nada- dijo mi padre -pero es un gran jinete-


-Deberías de enseñarle a Naty a montar siempre le han gustado los caballos- voltee a ver a Naty que miraba a su madre un poco incrédula, a lo que yo sonreí


-Cuando quieras, estoy a tus servicios- dije viendo a Naty, ella sonrió de lado y asintió con la cabeza


-¿Qué tal si empiezan mañana? en lo que nosotros vamos a ver el terreno ustedes aprovechan para las clases- dijo el socio de mi padre, a lo que yo asentí, mientras Naty fulminaba a su padre con la mirada


-Por mi no hay problema tengo la mañana libre ¿Que dices Naty?- se me daba de lo mas natural hablarle como si nos conociéramos de toda la vida


-Esta bien… ammm…- se quedo pensativa


-Jacob- dije al momento de sonreírle y causar que sus mejillas se tornaran rojas, no recordaba haberle dicho mi nombre solo lo había escuchado cuando mi padre me grito al llegar a casa así que no le tome mucha importancia… -Bien entonces nos vemos a las ocho en las caballerizas, ¿Ya les entregaste sus habitaciones papá?- me dirigí a mi padre


-Si hijo, ¿Los acompaño a instalarse?- mi padre acompaño a la familia a sus habitaciones que me pude notar que eran las de mis hermanas del otro lado de la casa, cuando los perdí de vista salí corriendo a mi habitación. Comencé a leer un libro que mi padre me había regalado hace mas de tres meses algo de vampiros no se como se llamaba, pero me entretuvo tanto que las horas se habían pasado volando, cuando me di cuenta ya era muí tarde y mañana tenía que levantarme temprano, por lo cual me dispuse a dormir…


El sol comenzaba a dar sus primeras señales de vida, cosa rara en La Push por el tipo de clima pero el amanecer estaba cerca, cuando el primer rayo de sol se coló por mi ventana deduje que era hora de levantarse, cuando vi el reloj eran ya las 7:50 am, de seguro Naty me estaría esperando y yo sin bañarme ni nada, me levante como resorte de la cama y me metí al closet agarre lo primero que encontré y salí corriendo de la casa hasta las caballerizas, note que mi Hummer no estaba en el estacionamiento seguro mi padre la había tomado prestada… Entre sigilosamente pero no había señales de vida, me adentre un poco mas y ahí estaba Naty con sus manos posadas en mi Harley-Davidson Iron 883, la veía con adoración, suponía que yo también mostraba esa cara de fascinación cada que la miraba…


-¿Hermosa no?- pego un pequeño saltito y me vio directamente a lo ojos –Disculpa, ¿Te asuste?- caminé hacia ella


-Solo un poco, estaba embobada con esta maravilla- volteo a verla de nuevo pasando su mano por el asiento y suspiro


-Ahora me dirás que también quieres aprender a montar una- no era una pregunta
-No, se montar bien a estas fieras- dijo como si fuera lo mas obvio del mundo y con una sonrisa exquisita que me dejo sin aliento


Bufe –¿Y bien quieres conocer a mi princesa?- enarco una ceja señal de que le causaba duda de quien le hablaba -¡Ven acá! – la tome de la mano instintivamente y la lleve al pabellón de mi yegua, se quedo perpleja viendo a mi nena la miraba maravillada


-Es bella- solté una risa por lo bajo y mi yegua relincho –¡Oh!, creo que no le caí muy bien- y solté la carcajada –¿Que te causa tanta gracia? – frunció el seño se miraba de lo mas linda, y deje de reír


-Es solo que no le gusta que la llamen así, de un tiempo para acá cada que menciono ese adjetivo o algo parecido a el ella relincha- dije acariciándola un poco para calmarla


-Los caballos no entienden- relincho de nuevo princesa y Naty abrió lo ojos como platos
-¿Decías?- dije sonriendo con autosuficiencia


-Retiro lo dicho- sonreímos los dos al mismo tiempo, comencé a abrir la puerta del pabellón y ella tomo mi mano deteniéndome


-¿Qué pasa?- pregunte confundido


-No quiero montar- dijo viéndome a los ojos y muy segura de sus palabras


-Y entonces ¿Qué quieres hacer?- dije cerrando la puerta


-Montar- alce los brazos y suspire


-¿No me acabas de decir que no querías montar?- rodé los ojos


-No quiero montar a caballo, quiero montar en moto- esboce una sonrisa igual a la de ella. Los caballos como las motos eran mi vida, así que acaricie a mi princesa y me despedí de ella. Me dirigí a la moto junto con Naty. Quite la pata de sostén y moví la cabeza incitándola a subir, ella solo sonrió y se monto por de tras pasando su manos tímidamente sobre mi a lo que yo las tome y las amarre fuertemente a mi toso, la escuche reír bajito, y sentí mis mejillas arder, el solo contacto de sus manos cerca de mi causo algo que no pude explicar, un enorme deseo me inundo y quise que siempre permaneciera en contacto con mi piel. Moví mi cabeza de un lado a otro intentando sacar los pensamientos de ella y encendí la moto, un leve rugido salió de esta… -Una total fiera ¿No lo crees?-


-Pero como toda fiera llega un momento en que debe ser domada- dije volteando la a ver por encima de mi hombro -¿Lista?- asintió, metí el clutch y puse el cambio en primera y acelere, salimos disparados del las caballerizas, el viento hacia que su cabello volara mientras las ráfagas de aire tocaban cada parte de su cuerpo, en especial sus labios que desde que me sonrieron la primera vez sentía que me llamaban a ser besados, envidaba al viento el asía lo que yo no podía.
En unos cuantos minutos llegue a mi lugar preferido, la playa al sur de La Push una playa virgen a la que rara vez asistían personas por lo peligro del oleaje, pero, para caminar o solamente sentarse a observar el panorama era simplemente genial. Ayude a Naty a bajar de la moto y nos sentamos en la arena frente al mar…


-Este lugar tiene sitios hermosos- dijo viendo el horizonte


-Lo sé, es un pequeño escape del mundo real, para internarte al fantasioso- voltee a verla y me miraba con el ceño fruncido -¿Qué?, es una frase que decía mi madre muy a menudo– seguía viéndome raro, bufe -Cada que mamá se disponía a contarme un cuento me decía –mi pequeño escaparemos del mundo real, para internarnos en el fantasiosos- y comenzaba con la narración- mis ojos se humedecieron un poco y mi mirada se perdió en un punto muerto en el mar


-Lo siento, no quise que te pusieras así- dijo agachando la cabeza


-No te preocupes se que no fue tu intención- puse mi mano es su rodilla sonreí y ella me devolvió una sonrisa forzada


Después de esto platicamos de un sinfín de cosas platillos favoritos, color, película, libros…


-Wow así que el año que entra te gradúas, ¿entraras a la universidad?- me pregunto


-Si me iré a los Ángeles con mis hermanas a estudiar Ingeniería Mecánica, ¿y tú?- pregunte alzando una ceja


-Yo, depende- dijo abrazando sus piernas


-¿De que?-


-Si a papá le gusta por acá y se cierra el trato nos quedaremos, así que buscare una universidad cerca, si no, regresaremos a Argentina y estudiare allá- dijo encogiendo los hombros


-Creo que el trato ya esta mas que echo así que sugiero que vallas buscando universidad- soltamos a reír los dos al mismo tiempo -¿Qué carrera?-


Se mordió el labio inferior –Licenciatura en Derecho- dijo sonriendo


-¿Enserio?- asintió mi hermana Rebecca estudia leyes y jamás entendí como le gustaba pasársela leyendo constituciones y códigos demasiado aburrido para mi, así que no perdería oportunidad de preguntarle -¿Porque te gusta?


-Me apasiona el hecho de defender gente- respuesta suficiente para mí


-Eso es muy bueno-


-¿Qué?-


-Tener a un abogada de amiga- dije encogiendo los hombros -así ya no me preocupare por meterme en problemas, mi hermana estudia leyes pero ella no se tentaría el corazón para dejarme encarcelado- de nuevo soltamos a reí, era tan fácil platicar con ella de cualquier tema porque las palabras fluía por si solas.


De pronto una ola nos mojo los pies, me levante lo mas rápido que pude y extendí mi mano hacia ella para que se apoyara en mi y se levantara también, ella la cogió y de nuevo esa descarga eléctrica que sentí al momento de conocerla, vi sus mejillas arder y las mías ardieron al instante. Intento pararse pero yo no estaba ejerciendo fuerza en mi brazo y en un fugaz movimiento mi cuerpo se encontraba a escasos centímetros del suyo, la arena amortiguo el deceso de nuestros cuerpos. Y de nuevo la vi a los ojos que ahora no tenían lentes pero que aun así me hacían perder el piso y sus labios carnosos que me invitaban de nuevo a ser degustados. Tome un mecho de su cabellos negro ondulado y lo pase por detrás de su oído, mi mente me gritaba, me exigía que me quitara, pero mi corazón me decía que me quedara y le aria caso a el ya que a ella no parecía incomodarle.


Por instinto me acerque un poco a ella pero me detuve al ver que no hacia nada, pero de repente sentí su manos pasearse por mi espalda llegando hasta mi nuca y atrayéndome hacia ella, entonces nuestros labios se sellaron en un tierno beso. Pero sus manos me empujaban más a sus labios y nos pegamos aun mas, (si es que eso fuera posible).


Los besos comenzaron a hacerse mas desesperados, con ansias e intensos quería tocar mas partes de su cuerpo y entregarnos el uno al otro, ella respondió a mi beso y empezó a juguetear su lengua con la mía, encendiendo mi desenfreno sexual con la caricia que me daba en torso levantando poco a poco mi camisa sin llegara a quitarla y eso provoco que mi excitación se notaran por debajo de mi pantalón, sentí su sonrisa en mis labios y mordí su labio inferior.


-Lo siento me deje llevar- dije separándome un poco de ella, no quería que notara mi miembro erecto


-No me importaría que siguiéramos- dijo ella un poco apenada


-¿En verdad no te importa que estemos aquí en la intemperie a punto de hacer el amor?-


-No- respondió con una sonrisa en el rostro –bueno me importaría si la persona que esta encima mío no fueras tú y también me importa si haces esto con todas las chicas a las que traes aquí-


-Eres la primera- dije sinceramente ni siquiera a Bella la haba traído, era un lugar privado para mí


-¿Entonces?- se mordió el labio inferior


-¿Entonces?- dije imitándola y con una sonrisa boba en mi rostro


-¿Seguimos?-


-Seguimos- afirme


La batalla de nuestras lenguas siguió sin que ninguno de los dos se rindiera hasta que nos falto el aire. Me incorpore y me tumbe en la arena, ella me imito pero al contrario de lo que hice ella se sentó sobre mí y me enrolló con sus piernas, quito su blusa y pude notar que no llevaba sostén pero aun así sus pechos no se movían de su lugar. Mis ojos se agrandaron de solo ver sus pechos los acaricie un poco para acostumbrarla a mis manos que ahora se pasaban entre ellas y por mi boca produciéndole indescriptibles sensaciones de placer, sus pezones de inmediato se endurecieron y altivos sobresalían de la redondez de estos… suavemente metí uno de sus pezones en mi boca en una tibia caricia, sedosa y húmeda que trastornaba mis sentidos y desquiciaba la lujuria de mis deseos…


-Ja...ke- gimió entrecortadamente


Al escuchar esto, mi sexo se endureció tanto que hasta temí que fuera explotar de excitación, me dirigí al cierre de su pantalón cuando se dio cuenta a lo iba se paro y se lo quito ella mismo junto con su pantaletas y yo ni tarde ni perezoso hice lo mismo dejando por ultimo caer en la arena mi camisa, se puso en la misma posición en la que estábamos antes y comencé a acariciar su sexo, me deslicé hasta acomodándome entre sus hermosas y suaves piernas, mi boca se fue acercando a la suya dándole un beso tierno y suave, anhelante de pasión.


Lentamente me fui deleitando con la suavidad que iba encontrando en su parte intima, toque levente sus labios vaginales y hundí ligeramente dos dedos abriéndolos y penetrando, recorriendo poco a poco la entrada, ella suspiraba y se retorcía incontrolable, el fluir de sus líquidos empezó a aumentar asiéndola llegar plácidamente al orgasmo.


-Mmm…- fue todo lo que alcanzó a balbucear y se desplomó sobre mí, quedando su cabeza sobre mi pecho….con mis dedos aun dentro de ella…… la abracé con ternura y una inmensa pasión…
Así permanecimos un buen rato abrazados, y sin moverme, se levanto solo lo suficiente para después poco a poco deslizarse por mi miembro el cual se mantenía duro y lo introdujo en ella, se tensó un poco al sentirme dentro pero después la sentí relajarse y respirar acompasadamente sobre mi pecho…sus vigorosos labios vaginales, comenzaron a hacer presión sobre mi sexo, lo que me hizo perder el control y comencé a mover mis caderas debajo de ella, a lo cual ella encima de mi comenzó a hacer lo mismo, la volví a embestir suavemente… disfrutando esta alucinante sensación de sentir como mi sexo se perdía en ella.


Sus manos bajaban y subían haciendo figuras en mis músculos, y de nuevo comencé a perderme en sus dulces senos, cada vez más el vaivén de caderas se hacía más insoportable, comenzó a apretarme más fuerte, tanto que llegue a sentir como sus uñas iban cortando ligeramente mi espalda, lo cual me éxito a una forma indescriptible y comencé a embestirla más fuertemente, sus músculos comenzaron a apretar mas mi miembro, dándome a entender que estaba llegando al clímax de nuevo, sonreí de solo pensar que le era yo el causante de esa sensación


-ja…ke..- dijo con una voz endemoniadamente sexy, y comencé a sentir como me mojaba, el mirar como se mordía los labios y como su cara se contraía de placer provoco que me viniera unos segundos después, no pude resistir mas y solo me deje consumir por el orgasmo mandándome al mismísimo cielo, sé que no es nada bueno comparar pero nunca me había sentido así con Bella, había tenido relaciones con ella y en algún momento pude jurar que había hecho el amor, pero después de esto estaba más que seguro que solo había sido sexo.
La recosté encima de mi cuerpo, yo aun dentro de ella, era algo más fuerte que yo por lo cual no me podía separar de ese cuerpo que me provocaba demasiado. Tuve que resistirme y salí de ella, me recosté a su lado y la jale para que se recostara de nuevo en mi pecho


-Que buena forma de aprender a montar, ¿No crees?-


-La mejor de todas- no podía estar más de acuerdo con ella


-Tendré que buscarme un profesor privado- pude notar que pensaba en lo que acababa de decir, como buscando un posible candidato


-No creas que lo permitiré, al menos claro que yo sea ese maestro- declare molesto,


-Tu padre no dijo que aparte de buen jinete fueras excelente dejándote montar- sonreí de lado- ¿Sabes una cosa?- negué con la cabeza- tus celos me excitan- y comenzó a reír fuertemente, yo al contrario solo pude engrandecer mi sonrisa un poco mas ya que todavía estaba molesto por lo que había dicho- no seas tontito, si quisiera un maestro no podría enseñarme lo que tu me has enseñado y de querer uno en este aspecto solo acudiría a ti- me susurro al oído de una forma tentadora, me olvide por completo de mi enojo y jale su cabeza para estampar mis labios con los suyos, nuestras lenguas comenzaron inmediatamente una lucha desenfrenada y nuestras manos se perdieron en nuestros cuerpos empezando así de nuevo con las caricias y besos desenfrenados que me llamaban a poseerla de nuevo, no cabe duda que era el mejor día de mi vida


-Por cierto olvide decirte…Gracias por darme el mejor regalo de cumpleaños de todos- dijo esto casi sin separarse de mi labios


-Lamento no haberte felicitado antes, pero en realidad no tenía la más mínima idea de que hoy es tu cumpleaños, que de haberlo sabido antes me hubiera esmerado en darte un regalo digno de ti- le confesé un poco apenado


-¿Que acaso no me escuchaste?-dijo mirándome a los ojos -... te acabo de decir gracias por haberme dado EL MEJOR REGALO DE CUMPLEAÑOS- dijo remarcando la última frase


-Entonces de nada o lo que sea- dije y los dos nos soltamos riendo de una manera exagerada. Nos sentamos viendo el horizonte, y pase mis brazos protectores por su cintura y así nos quedamos por un buen rato…


La brisa del mar cubrió nuestros cuerpos señal que la noche estaba cayendo, el viento movía los granitos de arena a su antojo y al momento ella tembló un poco.


-¿Tienes frio?- era lógico con el frio que hace en la Push y la caída de la noche combinadas


-No, tu temperatura me mantiene en calor- volteo hacia mí y la bese -¿Jake?- dijo en mis labios


-Mju…-


-¿Qué pasara con nosotros?- la pregunta del millón, no sabíamos que podría pasar, si las cosas no salían bien con el proyecto ella se iría y no la vería mas. Pero si papá convencía al suyo las cosas cambiaban ella se mudaría a La Push e iríamos a la misma escuela y el año que entra podríamos irnos a la universidad de los Ángeles juntos -¿Jake?– no me había dado cuenta que me quede perplejo ene mis pensamientos hasta que ella me saco de ahí.


-Mi hermosa Naty, solo nos queda confiar en mi padre y te aseguro que después de que él y tu papá cierren el negocio tu y yo seremos felices por siempre, si es que lo deseas tanto como yo- dije con nerviosismo esperando que hablara


-No hay cosa que desee mas en este mundo que estar contigo por siempre Jacob Black- y de nuevo nos fundimos en un deliciosos beso cargado de pasión y lujuria. Este día jamás lo olvidaría… “31 de Octubre el día que conocí al amor de mi vida”

jueves, 29 de octubre de 2009

Espacios escondidos


Oneshoot para Koko de Naty - Espacios escondidos

Summary: Una chica busca un lugar tranquilo en el cual relajarse, pero no es la única con esa idea. Una playa, un escondite, una cueva en la que cualquier cosa puede pasar…

Disclaimer: La historia es ficticia (aunque quisiera que fuera verdad :P) Y no planeo ofender a nadie, es solamente un regalo para mi amiga.

Nota para Koko: Tengo la versión contada en segunda persona, así que si preferís leer esa, te la mandé al mail. Feliz cumple!!! Te quiero un montón y espero que la pases super super bien! Muchísimos besos!!!


Kokoro’s POV

En cierta forma, los viajes a la playa me encantaban, y el día era hermoso y demasiado caluroso como para quedarme en casa, pero el mar no me atraía demasiado. De hecho, sólo había aceptado porque una de mis amigas me había suplicado que la acompañara. No tenía con quien venir, y se moría por ver al salvavidas un rato. Pero claro que en cuanto logró entablar una conversación con él, yo pasé a ser un amigable y bonito… estorbo.

Creo que por mi cara, ella notó el agrado que me producía que me hubiera sacado a rastras de mi único día libre para mirarla coquetear con un hombre que a penas conocíamos. Y además de todo, yo ya debía haber escrito el próximo capítulo de “Intercambiando destinos”. Las chicas me matarían si seguía postergando la fecha. Ya habían sido cuatro veces, contando la que me quedé atorada en el trabajo y la que pasé la noche entera delante de la computadora con la mente totalmente en blanco.

Por suerte, había previsto un resultado como este, así que mientras mi amiga me esperaba, había puesto mi confiable laptop en el bolso de playa. No tenía planes de que un ejército de NTLS me atacara por no escribirles alguna que otra cosilla. Así que en cuanto me vi sin nada que hacer en la playa, más que conseguir que se me cayera la piel, comencé a buscar un lugar tranquilo para poder concentrarme en escribir. La playa estaba tan llena como de costumbre y por alguna razón una turba de adolescentes se paseaba por el lugar. Los gritos y risas constantes no eran de las mejores compañías para escribir un buen lemmon, así que me alejé lo más que pude.

Después de caminar un rato, encontré una pequeña cueva escondida del sol y de la gente. La marea estaba bajando, así que no corría peligro de quedarme atrapada de un momento a otro. Era perfecta. Justo lo suficientemente oscura como para que nadie me viera con facilidad, pero lo suficientemente iluminada para que me sorprendiera un animal o algo así adentro.

Entré con pasos dudosos, hasta que mis ojos se acostumbraron a la luz. Después de unos segundos pude ver que la caverna era bastante grande. Un tronco muy grueso yacía atravesado por el piso. Era perfecto para sentarme en el piso y apoyarme en él. Y así lo hice. Primero me senté de frente a la salida, pero la luz me daba en los ojos, encandilándome, así que sólo después de un momento, salté el tronco hacia lo más profundo de la cueva y me senté de espaldas a la luz. Tomé mi laptop y la puse en mi regazo. Era fácil escribir con esa tranquilidad. Las voces y el griterío de la multitud se escuchaban muy a lo lejos, difícilmente podían tornarse una distracción.

Me sentía envuelta en una burbuja… segura y protegida del mundo real, de los problemas y los contratiempos de la vida cotidiana. Cuando terminé al capítulo de Intercambiando destinos, sentí que un peso se me quitaba de encima. Me disponía a continuar con Nuestra Luna de Miel cuando una sombra hizo que se me parara el corazón. Una figura se dibujaba en el piso de la caverna, proyectada por la luz del atardecer. Me di vuelta lo más rápido que pude, pero no podía ver nada. Sólo su silueta se dibujaba en la intensa luz del Sol. Me asusté mucho, y llené mis pulmones para gritar. No me importaba si estaba lejos, tenía una voz muy potente cuando me lo proponía.

El hombre se movió rápido, y se arrodilló al otro lado del tronco. Su mano fue directo a mi boca, impidiéndome gritar. Me desesperé, pero en el momento nada útil me vino a la mente.

- Por favor, no grites –me susurró una voz profunda y dulce. Mi respiración se agitó. Me recordaba a… no! Imposible.- Sólo me estoy escondiendo, me iré en un minuto, pero por favor, no me delates. –me suplicó. Sonaba realmente desesperado, así que un poco de piedad me invadió. Quizás alguien quería lastimarlo, o algo así. Asentí con la cabeza y su mano se movió lenta y dudosa hasta dejar de tapar mi boca.

- Gracias –ahora parecía aliviado y sincero. No estoy segura de porqué, pero me inspiraba mucha confianza.

- No hay problema. Yo también me estoy escondiendo ¿tú de que escapas? –Todavía no podía ver su rostro claramente, pero me pareció que fruncía el ceño.

- Gajes del oficio –se limitó a contestar- ¿Y tú?

- Sólo quería estar sola un rato.

- mmm… siento interrumpirte. De verdad que no te molestaré. Me quedaré en una esquina hasta que se ponga oscuro, y luego me iré, no te preocupes.

- No dije que me molestaras.

Sólo levantó la pierna para pasar por encima del tronco y se dirigió a lo más alejado de la cueva.

- ¡Maldición! –lo vi pararse en un pie para mirar la planta del otro. Ahora que se paraba a la luz podía ver que llevaba unos jeans mojados y una camiseta blanca que se pegaba a su pecho a causa del agua que la empapaba. Llevó su mano a la plata del pie y la sacó rápido, quejándose un poco.

- ¿Qué te pasó? –le pregunte.

- Nada, no te preocupes.

Se quejó de nuevo y se sentó en el piso acercándose el pie a la cara, como si quisiera verlo de cerca. Al parecer, se había clavado algo. Dejé mi computadora a un lado y me paré para acercarme a él, mirando fijamente el piso para que no me pasara lo mismo. Sólo las personas tropezamos dos veces con la misma piedra.

- A ver, muéstrame –le pedí, extendiendo la mano, arrodillándome a su lado con la vista fija en su herida. Parecía profunda. Un vidrio que parecía afilado sobresalía de su talón, haciendo que sangrara. Primero lo soplé, para quitarle los restos de arena.

- No te muevas. –Tomé el vidrio y lo saqué. Fue fácil, ya que era un pedazo bastante grande, y lo podía agarrar con los dedos. Pensé en buscar mi bolso, pero no tenía nada de tela ahí. Ni un pañuelo, ni una camiseta, nada. Y yo sólo llevaba puesto mi traje de baño de dos piezas y un pareo atado a la cadera. Así que me incorporé sobre mis rodillas y me quité el pareo para luego enrollarlo y atarlo a su pie, cubriendo la herida.

- Ya. Eso debería servir.

- Gracias –me contestó. Sonreí y lo miré a la cara por primera vez. Casi caigo muerta. Por eso su voz me sonaba tan familiar. No era común, y no estaba desvariando cuando pensé en el parecido. Tragué en seco y me aclaré la garganta mientras mis labios se movían sin recordar cómo se emitían los sonidos.

- Eres… -hay, ¡Dios!- eres…

- Taylor Lautner –Y extendió la mano para que se la estrechara, sonriendo y mirándome directamente a los ojos. Tuve que tomar aire para no caer muerta en ese mismo lugar. Le agarré la mano, pero no recordaba cómo me llamaba. Algo con K, ¿no?

- K-K-Kokoro –tartamudeé. No me soltó la mano. Sólo apoyó la suya sobre su pierna, llevando la mía con ella. Me quedé con la vista clavada en su mano sosteniendo la mía hasta que habló de nuevo.

- Que lindo nombre… original. –Creo que sonreí.

- Gracias –me aclaré la garganta. Miles de veces me había imaginado este encuentro. Siempre bromeaba con las chicas sobre saltarle encima y cosas así… pero ahora que lo tenía enfrente me sentía indefensa. No sabía cómo actuar. Seguro gritarle que lo amaba e intentar quitarle los pantalones hubiera sido un poquito agresivo. Me mordí el labio. Debía decir algo, cualquier cosa. Tenía que entablar una conversación, conocerlo. Le di vuelta a todos los cajones de mi cabeza, pero sólo salían cosas poco interesantes, propuestas de matrimonio y confesiones absurdas.

- Bueno, Kokoro –señaló su pie con la mirada- Gracias a ti –me estremecí ligeramente. Adoré la forma en que dijo mi nombre. Y le agradecí a Dios internamente porque mi amiga me arrastrara a la playa hoy, y por la cueva escondida, y por lo que sea que fuera que lo había mandado aquí conmigo. Y de pronto me vino a la mente su frase: “gajes del oficio”.

- ¿Puedo preguntarte algo? –Asintió con la cabeza- ¿Cómo llegaste aquí?

- Bueno, estábamos haciendo una sesión fotográfica. La idea era hacerla en una playa privada, pero al fotógrafo no le gustaba… creo que dijo “la forma en que combinaba el cielo con el mar” o algo así –imitó una voz más aguda mientras pronunciaba la frase de su fotógrafo. Luego rodó los ojos y nos reímos.

- ¿Así que te escapaste de él? –le pregunté. Movió la cabeza de un lado al otro, negando.

- No, es que se comenzó a juntar gente… mucha gente.

- Ahh…

- No me malentiendas, siempre estoy feliz de recibir a los fans, y dar autógrafos y esas cosas, pero…

Negó de nuevo con la cabeza y miró a un punto fijo en el piso. Parecía que no iba a seguir hablando, así que insistí.

- ¿Pero? –me miró de nuevo. Parecía que había tenido la esperanza de que pasara por alto esa palabra. Se encogió de hombros.

- Es sólo que hacía tanto que no estaba tranquilo un momento ¿sabes? Con los ensayos, las filmaciones, las entrevistas. Arg! A veces es demasiado.

- Sé a qué te refieres. Bueno, no, en realidad no –se rió-. Nunca filmé una película o di una entrevista, pero quiero decir… conozco la sensación. La de querer escapar.

- Si… -susurró, como si hubiera dado con la palabra correcta- aunque sólo sea por un momento.

Asentí con la mente perdida en buscar una forma para tranquilizarlo. Para hacerle saber que podía relajarse, aunque fuera por unos minutos.

- Bueno, y ¿tú de qué te escapabas? Nunca me contestaste. –Tenía razón, había evadido la pregunta. El dedo pulgar de la mano con la que sostenía la mía, comenzó a pasearse de arriba abajo por mi piel. Era tan suave, tan agradable…

- De nada –le dije mientras negaba con la cabeza. Levantó una ceja, escéptico-. Bueno, de nada específico. –Me tomé un segundo para que mi cerebro recordara cómo respirar normalmente- De todo, en realidad. Sólo quería… que el mundo se detuviera un rato.

- ¿Para poder alcanzarlo?

- Exacto.

- Si, se a qué te refieres. –Dijo imitando mis palabras de hacía un rato. Sonreí. No podía evitarlo cuando mostraba esos dientes blancos y perfectos. Me sonrojé cuando se me quedó mirando un rato. Seguía intentando convencerme a mi misma de que saltarle encima sería una mala idea, y su mirada no me ayudaba en nada.

- ¿Qué? –le pregunté al fin. Ya me estaba constando bastante controlarme como para que me mirara con esos ojos de cachorro.

- Nada –sonrió más-. Es que pensé… no se. No te había imaginado así. Con los pies en la tierra.

¿De que carajos estaba hablando? ¿Me había imaginado? Seguro no le entendí bien. Así que elaboré una complicada respuesta para que me explicara lo que acababa de decir:

- ¿Qué? –ok, ok… quizá no fuera complicada, pero era todo en lo que podía pensar en el momento.

- Bueno, cuando llegué estabas navegando en una de las páginas que suelo leer… Kokoro’s Room?. –Sonó como una pregunta, pero no lo era. Un ataque amenazó con colarse por mi pecho cuando dijo el nombre de la página. Seguro lo había leído y estaba jugando conmigo.

- ¿Perdón?

- Si, primero pensé que eras una fan del blog. Pero cuando dijiste tu nombre, bueno… -se quedó callado por un segundo- No es muy difícil deducir que es tu página. Digo, “Kokoro” no es un nombre muy común que digamos.

Sonreí como boba mientras hablaba, no podía creer lo que me decía. Seguro era una cámara escondida o algo como eso. Y para colmo, estaba bastante segura de que mientras hablaba comencé a hacerme adicta al sonido de su voz. Era más profunda que en grabaciones o entrevistas. Sonaba tan… sexy.


Taylor’s POV

Sólo se me quedó mirando. Ni siquiera estaba seguro de si me había escuchado a no. Su cara se tornó completamente roja y entonces me mordí la lengua. No debí haberle dicho que sabía que escribía lemmon sobre mí. O mi personaje, lo que fuera. Probablemente la había avergonzado. Decidí seguir hablando, para ver si tenía mejor suerte esta vez, y dejaba de decir estupideces.

- No me malinterpretes, de verdad me gusta cómo escribes –le dije, poniendo mi mano en su barbilla para que tuviera que mirarme. No debí haber hecho eso. Era demasiado suave, y todo en lo que podía pensar ahora era reemplazar mis dedos con mis labios para asegurarme de que mi tacto no estaba atrofiado o algo así. Intenté concentrarme para seguir hablando, habían pasado unos segundos desde que había dicho la última palabra, fuera cual fuera, no lo recordaba.

Media sonrisa se asomo por su rostro y el impulso de mi mano de tocar esos labios carnosos fue más fuerte que yo. Así que mi dedo pulgar se deslizó por su labio inferior, comprobando que –si es que fuera posible- era más suave que el resto de su piel.

Suspiré y cerré los ojos. No quería que pensara que acosaba así a las demás fans. Estaba más nervioso de lo que había estado presentándome ante miles de personas y cosas así. Quizás era por que de verdad me gustaba esta chica, y no sabía como hacerle entender eso sin que pensara que lo hacía para meterme en sus pantalones… o bikini, como sea.

Intenté aclarar mi mente un poco y decirle algo para que supiera que no era común que hiciera esto. Bueno, por lo menos con tanto romance. No era un santo, pero las mujeres siempre sabían cuáles eran mis intenciones. Salvo que ahora no tenía “malas intenciones”, sólo quería besarla, y tocarla, y acariciarla… sacudí mi cabeza como un perro y abrí los ojos. Ella había tumbado la suya sobre mi mano y sus enormes e hipnotizantes ojos estaban cerrados. Gracias a Dios, no podría haber hablado de otra cosa si me hubiera estado mirando.

- De hecho, soy un seguidor. –Le sonreí mientras sus ojos y su boca se abrían por la sorpresa. Era cierto. La seguía desde hacía meses atrás, cuando buscaba algo en mi laptop que sirviera para distraerme entre escena y escena de la grabación de Luna Nueva. Resulta que leer lemmon de uno mismo es bastante excitante.

Excepto que no me gustaba que fuera con la tal Nessie. El personaje siempre me había parecido algo forzado. Pero eso no tardó en arreglarse. En cuanto había visto su foto en la página, ella había reemplazado a la imprimación en mis fantasías. Pero ahora seguía sin hablar. Me mordí el labio cuando suspiró, controlándome un poco.

- Creo que eres una de las mejores escritoras que he conocido. –Agregué. Sonreí de nuevo cuando la noté sonrojarse. No lo había notado, pero mis dedos seguían acariciando su cara. Era automático, no podía evitarlo.

De repente se separó bruscamente, y me di cuenta de que nos habíamos acercado cada vez más el uno al otro. Alejó mis manos, sacudió la cabeza y murmuró algo que no pude entender bien. Algo acerca de ¿una loca dormida bajo el Sol? No tenía sentido.

- Lo siento, no te entendí. –Se agarró a cabeza con las manos.

- Que hay dos opciones: finalmente me volví loca, o me quedé dormida bajo el Sol y la insolación provoca alucinaciones. ¡Hay! ¡Ni siquiera debería haberte contestado! ¡No existes!

Me reí y me miró de reojo, como pensando algo muy seriamente.

- O quizás me golpeé la cabeza, la caverna estaba tan oscura. Debí quedar inconciente. Un sueño. Eso eres. Seguro eres un sueño. –Hablaba más consigo misma, que conmigo. Pero de todas formas escuchaba lo que decía y seguía su mirada con los ojos. Alargué el brazo e intenté tocarla, pero se encogió y se puso de pié de repente. Por desgracia no recordó que estábamos en un extremo de la cueva en el que el techo era bajo, y se golpeó fuerte contra él.

Este lugar era peligroso. Se quedó quieta una milésima de segundo, y luego vi como se doblaban sus rodillas, así que extendí los brazos para que no se desplomara en el suelo. Quedó atravesada en mi regazo, uno de mis brazos pasando por debajo de su cuello para que su cabeza no llegara al piso.

- ¿Lo ves? Ahora sí te golpeaste la cabeza –le dije cuando comprobé que no estuviera inconciente. Sonrió avergonzada y se movió un poco, como intentando incorporarse. Pero cuando lo hizo, frunció el ceño y dejó escapar un pequeño quejido, llevándose una mano a la cabeza.

- ¿Qué? ¿Qué? –le pregunté bastante ansioso mientras inspeccionaba su cabeza por sangre o una herida abierta. Pasé mis dedos por su cabello y luego los miré a la poca luz del Sol que ya se estaba escondiendo afuera. Hice eso varias veces, buscando, pero me alivié cuando no encontré nada.

Y de repente tomé conciencia de que mis dedos se paseaban por su cabello, y que mi cara estaba sólo a centímetros de la suya. Su respiración me golpeó y supe que estaba perdido. Busqué sus ojos para ver si no estaba enojada o algo así. Era bastante temperamental. Me estaba mirando directamente, su brazo todavía arriba de su cabeza, con la mano perdida y relajada en su pelo. Mis dedos se movieron por ahí un par de veces más y luego bajaron rozando su oreja y hasta la línea de su mandíbula. No pude evitarlo. Me incliné sobre ella y probé sus labios suavemente, más tímido de lo que recordaba haber sido alguna vez con una chica.

Su brazo bajó y su mano se posó en mi cara, estirando el cuello y volteando un poco para hacer que el beso se volviera más profundo. No estaba alucinando antes. Sus labios eran tan suaves como había pensado… más inclusive. Pasé mi lengua por ellos, sintiéndola estremecerse y memorizando la sensación.

La tomé por la cintura con una mano y la cadera con la otra, y medio la levanté para recostarla unos centímetros más lejos y poder arrodillarme en el piso. Todo lo que quería era sentirla debajo de mí, así que en cuanto jadeó por el inesperado movimiento me lancé a su cuello, probando su piel, la piel que me había vuelto loco tantas veces en las fantasías que –ahora sabía-, nunca le habían hecho justicia.

Volví a su boca y nos quedamos así un rato, nuestras lenguas entrelazándose hasta que el Sol se ocultó totalmente y tuve que volver a acostumbrarme a la falta de luz. Como fuera, quizás la vista no me sirviera de nada, pero todavía tenía el tacto.

Mis manos se pasearon por las partes de su piel que estaban al descubierto. Bendito fuera el bastardo que inventó los trajes de baño de dos piezas. Sonreí contra sus labios por la forma en que su respiración se había agitado, y bajé mi boca por su cuerpo, pasando por su cuello y deteniéndome un segundo en su clavícula. Esa era una de las partes de la mujer que más me gustaban… bueno, además de las obvias. Seguí bajando, moviéndome con los labios y la lengua sobre lo que sobresalía de su pecho por el generoso escote. Di besos ahí y luego metí mi lengua un poco debajo de la tela para sentir parte de su pezón.

Deseé poder arrancar la tela y hacerla añicos, pero temí ahorcarla con los breteles, así que sólo seguí disfrutando la parte que sí estaba al descubierto. Arqueó su espalda y sentí su pezón entero en mi boca. Se había escapado y ahora podía saborearlo a mi voluntad. Primero lo rocé con mi lengua y lo rodeé con mis labios, y luego lo atrapé entre mis dientes cuando un sensual “mmm” se escapó de sus labios.

La mano que no usaba para apoyarme bajó por su cuerpo y se paseó por la parte de adentro de sus muslos. Arqueó más la espalda y lo tomé como una invitación. Y aunque no lo fuera, ya no podía pensar con mucha lógica. La mujer era más sensual que cualquier otra que hubiera conocido. Quizás era mi imaginación, pero me parecía que me provocaba a propósito con cada pequeño gemido que emitía.

Metí la mano por detrás de su espalda y tiré del hilo que ataba ese -ya molesto- traje de baño violeta. Cuando notó lo que hacía se incorporó solo un poco para facilitármelo. Lo quité por encima de su cabeza y luego volví a besarla. Llevando una de mis manos a su pecho. Primero sólo lo acaricié, pero cuando tiró la cabeza hacia atrás, asumí que quería que avanzara tanto como yo.

Volví a recostarla contra la arena, poniendo una de mis piernas entre las suyas, y bajé mi boca a sus senos, que ahora eran todos míos. Mi mano volvió a la suave piel que cubría sus muslos. Subí por ahí hasta sentir el único pedazo de tela que le quedaba. Moví mis dedos un poco mientras mi boca volvía a la suya. Ya me picaban los labios por la ansiedad de sentir los suyos.

Se estremeció de nuevo y su mano se enredó en mi cabello seductoramente. Por suerte, no había tenido que usar la molesta peluca para la sesión de hoy. Levanté la vista y la miré con cara de inocente.

- ¿Tienes frío? –le pregunté en un tono que se ajustara perfecto con mi cara de “yo no fui”. Tragó en seco y me miró mientras una de sus manos seguía jugando con mi cabello y la otra apretaba uno de mis hombros.

- Ahora que lo mencionas, ya oscureció. Quizás deberías sacarte esa ropa mojada.

Sonreí.

- Definitivamente. –Se mordió el labio y puso una mano en mi estómago, entre la tela y mi piel. El dolor de desearla tanto se volvió físico. Tenía que ser mía. Tomé aire para calmarme y me arrodillé para quitar mi camiseta por encima de mi cabeza. Creo que me hice un lío en el cabello, pero ya no podía importarme menos. Sacó su pierna de entre las mías y la puso al otro lado de mi cadera, provocándome todavía más. Seguro sabía lo que hacía, porque todo lo que pasaba por mi mente me impedía desaparecer los estúpidos pantalones. Ahora los botones se rehusaban a abrirse de una buena vez.

- Deja. –Puso su mano sobre la mía y me movió los dedos para poder deshacer los botones como por arte de magia. Sonreí y me pasé las manos por el pelo mientras metía las suyas entre la tela y mi piel de nuevo, esta vez, a los lados de mi cadera. Cerca, muy cerca, de donde yo quería que las pusiera.

Cuando los pantalones cayeron alrededor de mis rodillas, solo se quedó viéndome, con sus ojos y su boca abiertos, sensuales y tentadores. Su mano subió por mi pierna de nuevo y me rodeó con los dedos. Apreté los ojos cuando sentí su lengua resbalar por la punta de mi miembro, moviéndose lentamente y haciendo que me volviera loco. Ya no estaba en mis cabales, y sólo bastó que sus labios me rodearan para que la cabeza me diera vueltas. Gemí, un sonido entre placer y ansiedad y levantó la mirada hacia mí, separando su cara de mi piel. Aproveché para agacharme de nuevo y empujarla contra el piso. Quería tenerla, y lo quería ahora.

Me apreté contra su cuerpo y recordé que no tenía preservativo. Gemí e intenté concentrarme cuando sus labios atraparon el lóbulo de mi oreja.

- Mmm… -hay, palabras, palabras, no recordaba ninguna. Me aclaré la garganta- Koko… -la única palabra que me gustaba pronunciar ahora. No quería decir algo que me impidiera hacerla mía, pero tampoco planeaba dejar embarazada a la chica en nuestra primera noche, no era tan idiota.

- ¿Mmm? –me contestó. Luché porque algo de mi sangre volviera a mi cerebro. Necesitaba ser coherente.

- No tengo preservativos –solté suspirando.

- No importa, tomo píldoras –juro que casi lloro y grito del alivio. Aunque no lo hice, no hubiera quedado muy masculino de mi parte. Me apreté más fuerte contra su cuerpo y sentí la tela de su traje debajo de mí. Bajé la mano entre nuestros cuerpos apretados como pude, y corrí la tela a un lado, sin molestarme en quitarla. No quería interrumpir la forma en que su lengua jugaba con mi cuello.

Soltó un grito cuando comencé a abrirme paso en ella, y casi pierdo el control de la mano que se apretaba a su cintura. La noté húmeda y caliente, preparada y esperándome. La sensación me envolvió otro poco cuando empujé de nuevo. Me mordí el labio y volví a hacerlo. Todavía no había entrado completamente. Sentí sus uñas clavarse en la piel de mi espalda y me quedé quieto cuando me noté profundamente en su interior.

Escondí la cara entre sus pechos para disfrutar de su aroma mientras la sentía acomodarse a mí de a poco. No era deforme ni exagerado, pero era bastante grande, y las chicas solían necesitar un momento para acostumbrarse. Así que esperé a que su corazón aminorara la marcha y sus músculos se relajaran un poco. Me esforcé mucho por contenerme y esperarla. No quería hacerle daño.

Escuché cómo soltaba el aire que tenía acumulado en su pecho. No había notado que no respiraba. Subí la mirada buscando la suya y el deseo que desbordaba de sus ojos me dio permiso para moverme de nuevo.

Con todo el autocontrol del que fui capaz, me alejé y volví a entrar mirándola a los ojos y cuidando la intensidad con la que su ceño se fruncía, atento a que la expresión de placer cambiara para convertirse en una de dolor. No lo hizo, así que me moví de nuevo, esta vez con más confianza, más decidido.

Se relamió los labios y soltó un “Tay” envuelto entre un par de gemidos susurrados, que hizo que me saliera de mis cabales. Me incrusté en ella una vez más, ahora demostrando la urgencia que me provocaba su cuerpo. Gimió de nuevo y fue demasiado para mí.

Comencé a moverme más rápido, apretándola contra la arena con fuerza con cada embestida. No me preocupó cuando cerró sus ojos, apretando los párpados, porque sabía que lo estaba disfrutando. Incluso aunque fuera brusco, incluso aunque le doliera. El placer se escapaba de su boca cada vez que decía mi nombre entre gemidos.

Jugué con sus pechos y lamí sus pezones, provocando que arqueara la espalda y me permitiera clavarme completamente en su interior. Cerré los ojos y apoyé mis labios en su cuello, atrapado por lo que me provocaba.

Sus piernas rodearon mi cintura, seguras. Sólo titubearon cuando la arremetí con más fuera por la sensación de sus piernas envolviéndome, su olor embriagándome, sus labios jadeando al ritmo de mis movimientos. Su cadera comenzó a moverse en círculos, restregándose contra las mías. Trague con dificultad y luché por pensar en otra cosa.

- Tay… -se interrumpió para volver a gritar. No imaginé mejor forma de escuchar mi nombre. Y dije lo único que me venía a la mente en el estado en el que estaba.

- Koko… -volví a besarla en los labios y la sentí estremecerse completamente. Entendí que estaba a punto de venirse, así que aumenté la fuerza y la profundidad con la que la penetraba. En cuestión de segundos estaba conteniendo la respiración y clavando más sus uñas en mi espalda. La sentí estrecharse a mi alrededor y apretar mi cuerpo con sus piernas.

Sus facciones contraídas y el gemido estremecedor que se escapó de su pecho me llevaron con ella. Ya no resistía el placer que me provocaba. Comencé a venirme mientras cerraba los ojos, concentrándome en escuchar el aire escapando de sus pulmones, todavía adaptándose al ritmo en que me movía contra ella.

Bajé la velocidad en el punto en el que perdí el control de mi cuerpo y finalmente me quedé quieto después de unos segundos. Sus manos se relajaron de a poco, sus uñas seguro habían dejado marcas en mi espalda. Adoraba pensar eso. Después de unos minutos, sus dedos se movieron tiernos por mi cabello, muy despacio, mientras su pecho seguía subiendo y bajando debajo de mí.

Me quedé con los ojos apretados y la frente apoyada en su pecho, sobre el hueco de su garganta. Estaba intentando recuperar el aire y la cordura, pero ambos me los había robado mi diosa, así que me limité a besarla de nuevo en los labios. Ahora más suavemente, justo como la primera vez. Me alejé y el viento frío me golpeó fuerte. Quizás fuera por el sudor, o por el calor de su cuerpo contra el mío.

Caí a su lado, todavía jadeando. Tragué en seco y volteé mi cara para verla. Su mano estaba apoyada en su pecho, que subía y bajaba frenético, su mirada clavada en el techo y una enorme sonrisa en su rostro. Sonreí y me puse de costado para verla. Después de un rato me miró y se sonrojó un poco. Se veía adorable, su cabello alborotado y su piel llena de arena. Me miró con cara de nostalgia, aunque la sonrisa no se borraba de su boca. Por eso su expresión se volvió agridulce. Era la misma sonrisa que adoptaban las chicas una vez que sabían que me iría y nunca más las vería.

Pero esta vez era diferente, no quería irme. No podía dejar que se escapara de mi vida. La había deseado por mucho tiempo, y nunca podría haberme imaginado que me gustaría tanto, ni que me sentiría tan atraído hacia ella.

- ¿Quieres ir a cenar? -Le pregunté. Fue lo único que se me ocurrió, y mi estómago rugía por el… ejercicio. Asintió, su sonrisa volvió a ser alegre y satisfecha.

- Aunque quizás pudiéramos nadar un rato primero –cambié de planes cuando bajé la vista y me vi envuelto en arena y sudor. Rió un poco al verme y nos pusimos de pie para salir de la cueva, que me había cambiado la vida, y acercarnos al mar.

Estaría por siempre en deuda con ese lugar. Me había traído hasta ella, y había hecho que se fundiera a mí en cuerpo y alma. Ahora estaba atrapado y feliz de entregar mi libertad. Porque sabía que jamás dejaría de amarla. Aunque no pudiera decirlo en voz alta, aunque no quisiera estropear el momento abriendo mi bocota, sabía que la amaba con cada parte de mí. Y no descansaría hasta que ella sintiera lo mismo.
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Jeje, espero que te guste mi Alpha, de verdad te quiero muchísimo. Me cambiaste la vida, muy feliz cumple! espero que todos tus deseos se hagan realidad. Wow, que cursi que sonó eso! Pero bué... jajaja, así salió. Muchos besos!!!!