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jueves, 29 de octubre de 2009

Espacios escondidos


Oneshoot para Koko de Naty - Espacios escondidos

Summary: Una chica busca un lugar tranquilo en el cual relajarse, pero no es la única con esa idea. Una playa, un escondite, una cueva en la que cualquier cosa puede pasar…

Disclaimer: La historia es ficticia (aunque quisiera que fuera verdad :P) Y no planeo ofender a nadie, es solamente un regalo para mi amiga.

Nota para Koko: Tengo la versión contada en segunda persona, así que si preferís leer esa, te la mandé al mail. Feliz cumple!!! Te quiero un montón y espero que la pases super super bien! Muchísimos besos!!!


Kokoro’s POV

En cierta forma, los viajes a la playa me encantaban, y el día era hermoso y demasiado caluroso como para quedarme en casa, pero el mar no me atraía demasiado. De hecho, sólo había aceptado porque una de mis amigas me había suplicado que la acompañara. No tenía con quien venir, y se moría por ver al salvavidas un rato. Pero claro que en cuanto logró entablar una conversación con él, yo pasé a ser un amigable y bonito… estorbo.

Creo que por mi cara, ella notó el agrado que me producía que me hubiera sacado a rastras de mi único día libre para mirarla coquetear con un hombre que a penas conocíamos. Y además de todo, yo ya debía haber escrito el próximo capítulo de “Intercambiando destinos”. Las chicas me matarían si seguía postergando la fecha. Ya habían sido cuatro veces, contando la que me quedé atorada en el trabajo y la que pasé la noche entera delante de la computadora con la mente totalmente en blanco.

Por suerte, había previsto un resultado como este, así que mientras mi amiga me esperaba, había puesto mi confiable laptop en el bolso de playa. No tenía planes de que un ejército de NTLS me atacara por no escribirles alguna que otra cosilla. Así que en cuanto me vi sin nada que hacer en la playa, más que conseguir que se me cayera la piel, comencé a buscar un lugar tranquilo para poder concentrarme en escribir. La playa estaba tan llena como de costumbre y por alguna razón una turba de adolescentes se paseaba por el lugar. Los gritos y risas constantes no eran de las mejores compañías para escribir un buen lemmon, así que me alejé lo más que pude.

Después de caminar un rato, encontré una pequeña cueva escondida del sol y de la gente. La marea estaba bajando, así que no corría peligro de quedarme atrapada de un momento a otro. Era perfecta. Justo lo suficientemente oscura como para que nadie me viera con facilidad, pero lo suficientemente iluminada para que me sorprendiera un animal o algo así adentro.

Entré con pasos dudosos, hasta que mis ojos se acostumbraron a la luz. Después de unos segundos pude ver que la caverna era bastante grande. Un tronco muy grueso yacía atravesado por el piso. Era perfecto para sentarme en el piso y apoyarme en él. Y así lo hice. Primero me senté de frente a la salida, pero la luz me daba en los ojos, encandilándome, así que sólo después de un momento, salté el tronco hacia lo más profundo de la cueva y me senté de espaldas a la luz. Tomé mi laptop y la puse en mi regazo. Era fácil escribir con esa tranquilidad. Las voces y el griterío de la multitud se escuchaban muy a lo lejos, difícilmente podían tornarse una distracción.

Me sentía envuelta en una burbuja… segura y protegida del mundo real, de los problemas y los contratiempos de la vida cotidiana. Cuando terminé al capítulo de Intercambiando destinos, sentí que un peso se me quitaba de encima. Me disponía a continuar con Nuestra Luna de Miel cuando una sombra hizo que se me parara el corazón. Una figura se dibujaba en el piso de la caverna, proyectada por la luz del atardecer. Me di vuelta lo más rápido que pude, pero no podía ver nada. Sólo su silueta se dibujaba en la intensa luz del Sol. Me asusté mucho, y llené mis pulmones para gritar. No me importaba si estaba lejos, tenía una voz muy potente cuando me lo proponía.

El hombre se movió rápido, y se arrodilló al otro lado del tronco. Su mano fue directo a mi boca, impidiéndome gritar. Me desesperé, pero en el momento nada útil me vino a la mente.

- Por favor, no grites –me susurró una voz profunda y dulce. Mi respiración se agitó. Me recordaba a… no! Imposible.- Sólo me estoy escondiendo, me iré en un minuto, pero por favor, no me delates. –me suplicó. Sonaba realmente desesperado, así que un poco de piedad me invadió. Quizás alguien quería lastimarlo, o algo así. Asentí con la cabeza y su mano se movió lenta y dudosa hasta dejar de tapar mi boca.

- Gracias –ahora parecía aliviado y sincero. No estoy segura de porqué, pero me inspiraba mucha confianza.

- No hay problema. Yo también me estoy escondiendo ¿tú de que escapas? –Todavía no podía ver su rostro claramente, pero me pareció que fruncía el ceño.

- Gajes del oficio –se limitó a contestar- ¿Y tú?

- Sólo quería estar sola un rato.

- mmm… siento interrumpirte. De verdad que no te molestaré. Me quedaré en una esquina hasta que se ponga oscuro, y luego me iré, no te preocupes.

- No dije que me molestaras.

Sólo levantó la pierna para pasar por encima del tronco y se dirigió a lo más alejado de la cueva.

- ¡Maldición! –lo vi pararse en un pie para mirar la planta del otro. Ahora que se paraba a la luz podía ver que llevaba unos jeans mojados y una camiseta blanca que se pegaba a su pecho a causa del agua que la empapaba. Llevó su mano a la plata del pie y la sacó rápido, quejándose un poco.

- ¿Qué te pasó? –le pregunte.

- Nada, no te preocupes.

Se quejó de nuevo y se sentó en el piso acercándose el pie a la cara, como si quisiera verlo de cerca. Al parecer, se había clavado algo. Dejé mi computadora a un lado y me paré para acercarme a él, mirando fijamente el piso para que no me pasara lo mismo. Sólo las personas tropezamos dos veces con la misma piedra.

- A ver, muéstrame –le pedí, extendiendo la mano, arrodillándome a su lado con la vista fija en su herida. Parecía profunda. Un vidrio que parecía afilado sobresalía de su talón, haciendo que sangrara. Primero lo soplé, para quitarle los restos de arena.

- No te muevas. –Tomé el vidrio y lo saqué. Fue fácil, ya que era un pedazo bastante grande, y lo podía agarrar con los dedos. Pensé en buscar mi bolso, pero no tenía nada de tela ahí. Ni un pañuelo, ni una camiseta, nada. Y yo sólo llevaba puesto mi traje de baño de dos piezas y un pareo atado a la cadera. Así que me incorporé sobre mis rodillas y me quité el pareo para luego enrollarlo y atarlo a su pie, cubriendo la herida.

- Ya. Eso debería servir.

- Gracias –me contestó. Sonreí y lo miré a la cara por primera vez. Casi caigo muerta. Por eso su voz me sonaba tan familiar. No era común, y no estaba desvariando cuando pensé en el parecido. Tragué en seco y me aclaré la garganta mientras mis labios se movían sin recordar cómo se emitían los sonidos.

- Eres… -hay, ¡Dios!- eres…

- Taylor Lautner –Y extendió la mano para que se la estrechara, sonriendo y mirándome directamente a los ojos. Tuve que tomar aire para no caer muerta en ese mismo lugar. Le agarré la mano, pero no recordaba cómo me llamaba. Algo con K, ¿no?

- K-K-Kokoro –tartamudeé. No me soltó la mano. Sólo apoyó la suya sobre su pierna, llevando la mía con ella. Me quedé con la vista clavada en su mano sosteniendo la mía hasta que habló de nuevo.

- Que lindo nombre… original. –Creo que sonreí.

- Gracias –me aclaré la garganta. Miles de veces me había imaginado este encuentro. Siempre bromeaba con las chicas sobre saltarle encima y cosas así… pero ahora que lo tenía enfrente me sentía indefensa. No sabía cómo actuar. Seguro gritarle que lo amaba e intentar quitarle los pantalones hubiera sido un poquito agresivo. Me mordí el labio. Debía decir algo, cualquier cosa. Tenía que entablar una conversación, conocerlo. Le di vuelta a todos los cajones de mi cabeza, pero sólo salían cosas poco interesantes, propuestas de matrimonio y confesiones absurdas.

- Bueno, Kokoro –señaló su pie con la mirada- Gracias a ti –me estremecí ligeramente. Adoré la forma en que dijo mi nombre. Y le agradecí a Dios internamente porque mi amiga me arrastrara a la playa hoy, y por la cueva escondida, y por lo que sea que fuera que lo había mandado aquí conmigo. Y de pronto me vino a la mente su frase: “gajes del oficio”.

- ¿Puedo preguntarte algo? –Asintió con la cabeza- ¿Cómo llegaste aquí?

- Bueno, estábamos haciendo una sesión fotográfica. La idea era hacerla en una playa privada, pero al fotógrafo no le gustaba… creo que dijo “la forma en que combinaba el cielo con el mar” o algo así –imitó una voz más aguda mientras pronunciaba la frase de su fotógrafo. Luego rodó los ojos y nos reímos.

- ¿Así que te escapaste de él? –le pregunté. Movió la cabeza de un lado al otro, negando.

- No, es que se comenzó a juntar gente… mucha gente.

- Ahh…

- No me malentiendas, siempre estoy feliz de recibir a los fans, y dar autógrafos y esas cosas, pero…

Negó de nuevo con la cabeza y miró a un punto fijo en el piso. Parecía que no iba a seguir hablando, así que insistí.

- ¿Pero? –me miró de nuevo. Parecía que había tenido la esperanza de que pasara por alto esa palabra. Se encogió de hombros.

- Es sólo que hacía tanto que no estaba tranquilo un momento ¿sabes? Con los ensayos, las filmaciones, las entrevistas. Arg! A veces es demasiado.

- Sé a qué te refieres. Bueno, no, en realidad no –se rió-. Nunca filmé una película o di una entrevista, pero quiero decir… conozco la sensación. La de querer escapar.

- Si… -susurró, como si hubiera dado con la palabra correcta- aunque sólo sea por un momento.

Asentí con la mente perdida en buscar una forma para tranquilizarlo. Para hacerle saber que podía relajarse, aunque fuera por unos minutos.

- Bueno, y ¿tú de qué te escapabas? Nunca me contestaste. –Tenía razón, había evadido la pregunta. El dedo pulgar de la mano con la que sostenía la mía, comenzó a pasearse de arriba abajo por mi piel. Era tan suave, tan agradable…

- De nada –le dije mientras negaba con la cabeza. Levantó una ceja, escéptico-. Bueno, de nada específico. –Me tomé un segundo para que mi cerebro recordara cómo respirar normalmente- De todo, en realidad. Sólo quería… que el mundo se detuviera un rato.

- ¿Para poder alcanzarlo?

- Exacto.

- Si, se a qué te refieres. –Dijo imitando mis palabras de hacía un rato. Sonreí. No podía evitarlo cuando mostraba esos dientes blancos y perfectos. Me sonrojé cuando se me quedó mirando un rato. Seguía intentando convencerme a mi misma de que saltarle encima sería una mala idea, y su mirada no me ayudaba en nada.

- ¿Qué? –le pregunté al fin. Ya me estaba constando bastante controlarme como para que me mirara con esos ojos de cachorro.

- Nada –sonrió más-. Es que pensé… no se. No te había imaginado así. Con los pies en la tierra.

¿De que carajos estaba hablando? ¿Me había imaginado? Seguro no le entendí bien. Así que elaboré una complicada respuesta para que me explicara lo que acababa de decir:

- ¿Qué? –ok, ok… quizá no fuera complicada, pero era todo en lo que podía pensar en el momento.

- Bueno, cuando llegué estabas navegando en una de las páginas que suelo leer… Kokoro’s Room?. –Sonó como una pregunta, pero no lo era. Un ataque amenazó con colarse por mi pecho cuando dijo el nombre de la página. Seguro lo había leído y estaba jugando conmigo.

- ¿Perdón?

- Si, primero pensé que eras una fan del blog. Pero cuando dijiste tu nombre, bueno… -se quedó callado por un segundo- No es muy difícil deducir que es tu página. Digo, “Kokoro” no es un nombre muy común que digamos.

Sonreí como boba mientras hablaba, no podía creer lo que me decía. Seguro era una cámara escondida o algo como eso. Y para colmo, estaba bastante segura de que mientras hablaba comencé a hacerme adicta al sonido de su voz. Era más profunda que en grabaciones o entrevistas. Sonaba tan… sexy.


Taylor’s POV

Sólo se me quedó mirando. Ni siquiera estaba seguro de si me había escuchado a no. Su cara se tornó completamente roja y entonces me mordí la lengua. No debí haberle dicho que sabía que escribía lemmon sobre mí. O mi personaje, lo que fuera. Probablemente la había avergonzado. Decidí seguir hablando, para ver si tenía mejor suerte esta vez, y dejaba de decir estupideces.

- No me malinterpretes, de verdad me gusta cómo escribes –le dije, poniendo mi mano en su barbilla para que tuviera que mirarme. No debí haber hecho eso. Era demasiado suave, y todo en lo que podía pensar ahora era reemplazar mis dedos con mis labios para asegurarme de que mi tacto no estaba atrofiado o algo así. Intenté concentrarme para seguir hablando, habían pasado unos segundos desde que había dicho la última palabra, fuera cual fuera, no lo recordaba.

Media sonrisa se asomo por su rostro y el impulso de mi mano de tocar esos labios carnosos fue más fuerte que yo. Así que mi dedo pulgar se deslizó por su labio inferior, comprobando que –si es que fuera posible- era más suave que el resto de su piel.

Suspiré y cerré los ojos. No quería que pensara que acosaba así a las demás fans. Estaba más nervioso de lo que había estado presentándome ante miles de personas y cosas así. Quizás era por que de verdad me gustaba esta chica, y no sabía como hacerle entender eso sin que pensara que lo hacía para meterme en sus pantalones… o bikini, como sea.

Intenté aclarar mi mente un poco y decirle algo para que supiera que no era común que hiciera esto. Bueno, por lo menos con tanto romance. No era un santo, pero las mujeres siempre sabían cuáles eran mis intenciones. Salvo que ahora no tenía “malas intenciones”, sólo quería besarla, y tocarla, y acariciarla… sacudí mi cabeza como un perro y abrí los ojos. Ella había tumbado la suya sobre mi mano y sus enormes e hipnotizantes ojos estaban cerrados. Gracias a Dios, no podría haber hablado de otra cosa si me hubiera estado mirando.

- De hecho, soy un seguidor. –Le sonreí mientras sus ojos y su boca se abrían por la sorpresa. Era cierto. La seguía desde hacía meses atrás, cuando buscaba algo en mi laptop que sirviera para distraerme entre escena y escena de la grabación de Luna Nueva. Resulta que leer lemmon de uno mismo es bastante excitante.

Excepto que no me gustaba que fuera con la tal Nessie. El personaje siempre me había parecido algo forzado. Pero eso no tardó en arreglarse. En cuanto había visto su foto en la página, ella había reemplazado a la imprimación en mis fantasías. Pero ahora seguía sin hablar. Me mordí el labio cuando suspiró, controlándome un poco.

- Creo que eres una de las mejores escritoras que he conocido. –Agregué. Sonreí de nuevo cuando la noté sonrojarse. No lo había notado, pero mis dedos seguían acariciando su cara. Era automático, no podía evitarlo.

De repente se separó bruscamente, y me di cuenta de que nos habíamos acercado cada vez más el uno al otro. Alejó mis manos, sacudió la cabeza y murmuró algo que no pude entender bien. Algo acerca de ¿una loca dormida bajo el Sol? No tenía sentido.

- Lo siento, no te entendí. –Se agarró a cabeza con las manos.

- Que hay dos opciones: finalmente me volví loca, o me quedé dormida bajo el Sol y la insolación provoca alucinaciones. ¡Hay! ¡Ni siquiera debería haberte contestado! ¡No existes!

Me reí y me miró de reojo, como pensando algo muy seriamente.

- O quizás me golpeé la cabeza, la caverna estaba tan oscura. Debí quedar inconciente. Un sueño. Eso eres. Seguro eres un sueño. –Hablaba más consigo misma, que conmigo. Pero de todas formas escuchaba lo que decía y seguía su mirada con los ojos. Alargué el brazo e intenté tocarla, pero se encogió y se puso de pié de repente. Por desgracia no recordó que estábamos en un extremo de la cueva en el que el techo era bajo, y se golpeó fuerte contra él.

Este lugar era peligroso. Se quedó quieta una milésima de segundo, y luego vi como se doblaban sus rodillas, así que extendí los brazos para que no se desplomara en el suelo. Quedó atravesada en mi regazo, uno de mis brazos pasando por debajo de su cuello para que su cabeza no llegara al piso.

- ¿Lo ves? Ahora sí te golpeaste la cabeza –le dije cuando comprobé que no estuviera inconciente. Sonrió avergonzada y se movió un poco, como intentando incorporarse. Pero cuando lo hizo, frunció el ceño y dejó escapar un pequeño quejido, llevándose una mano a la cabeza.

- ¿Qué? ¿Qué? –le pregunté bastante ansioso mientras inspeccionaba su cabeza por sangre o una herida abierta. Pasé mis dedos por su cabello y luego los miré a la poca luz del Sol que ya se estaba escondiendo afuera. Hice eso varias veces, buscando, pero me alivié cuando no encontré nada.

Y de repente tomé conciencia de que mis dedos se paseaban por su cabello, y que mi cara estaba sólo a centímetros de la suya. Su respiración me golpeó y supe que estaba perdido. Busqué sus ojos para ver si no estaba enojada o algo así. Era bastante temperamental. Me estaba mirando directamente, su brazo todavía arriba de su cabeza, con la mano perdida y relajada en su pelo. Mis dedos se movieron por ahí un par de veces más y luego bajaron rozando su oreja y hasta la línea de su mandíbula. No pude evitarlo. Me incliné sobre ella y probé sus labios suavemente, más tímido de lo que recordaba haber sido alguna vez con una chica.

Su brazo bajó y su mano se posó en mi cara, estirando el cuello y volteando un poco para hacer que el beso se volviera más profundo. No estaba alucinando antes. Sus labios eran tan suaves como había pensado… más inclusive. Pasé mi lengua por ellos, sintiéndola estremecerse y memorizando la sensación.

La tomé por la cintura con una mano y la cadera con la otra, y medio la levanté para recostarla unos centímetros más lejos y poder arrodillarme en el piso. Todo lo que quería era sentirla debajo de mí, así que en cuanto jadeó por el inesperado movimiento me lancé a su cuello, probando su piel, la piel que me había vuelto loco tantas veces en las fantasías que –ahora sabía-, nunca le habían hecho justicia.

Volví a su boca y nos quedamos así un rato, nuestras lenguas entrelazándose hasta que el Sol se ocultó totalmente y tuve que volver a acostumbrarme a la falta de luz. Como fuera, quizás la vista no me sirviera de nada, pero todavía tenía el tacto.

Mis manos se pasearon por las partes de su piel que estaban al descubierto. Bendito fuera el bastardo que inventó los trajes de baño de dos piezas. Sonreí contra sus labios por la forma en que su respiración se había agitado, y bajé mi boca por su cuerpo, pasando por su cuello y deteniéndome un segundo en su clavícula. Esa era una de las partes de la mujer que más me gustaban… bueno, además de las obvias. Seguí bajando, moviéndome con los labios y la lengua sobre lo que sobresalía de su pecho por el generoso escote. Di besos ahí y luego metí mi lengua un poco debajo de la tela para sentir parte de su pezón.

Deseé poder arrancar la tela y hacerla añicos, pero temí ahorcarla con los breteles, así que sólo seguí disfrutando la parte que sí estaba al descubierto. Arqueó su espalda y sentí su pezón entero en mi boca. Se había escapado y ahora podía saborearlo a mi voluntad. Primero lo rocé con mi lengua y lo rodeé con mis labios, y luego lo atrapé entre mis dientes cuando un sensual “mmm” se escapó de sus labios.

La mano que no usaba para apoyarme bajó por su cuerpo y se paseó por la parte de adentro de sus muslos. Arqueó más la espalda y lo tomé como una invitación. Y aunque no lo fuera, ya no podía pensar con mucha lógica. La mujer era más sensual que cualquier otra que hubiera conocido. Quizás era mi imaginación, pero me parecía que me provocaba a propósito con cada pequeño gemido que emitía.

Metí la mano por detrás de su espalda y tiré del hilo que ataba ese -ya molesto- traje de baño violeta. Cuando notó lo que hacía se incorporó solo un poco para facilitármelo. Lo quité por encima de su cabeza y luego volví a besarla. Llevando una de mis manos a su pecho. Primero sólo lo acaricié, pero cuando tiró la cabeza hacia atrás, asumí que quería que avanzara tanto como yo.

Volví a recostarla contra la arena, poniendo una de mis piernas entre las suyas, y bajé mi boca a sus senos, que ahora eran todos míos. Mi mano volvió a la suave piel que cubría sus muslos. Subí por ahí hasta sentir el único pedazo de tela que le quedaba. Moví mis dedos un poco mientras mi boca volvía a la suya. Ya me picaban los labios por la ansiedad de sentir los suyos.

Se estremeció de nuevo y su mano se enredó en mi cabello seductoramente. Por suerte, no había tenido que usar la molesta peluca para la sesión de hoy. Levanté la vista y la miré con cara de inocente.

- ¿Tienes frío? –le pregunté en un tono que se ajustara perfecto con mi cara de “yo no fui”. Tragó en seco y me miró mientras una de sus manos seguía jugando con mi cabello y la otra apretaba uno de mis hombros.

- Ahora que lo mencionas, ya oscureció. Quizás deberías sacarte esa ropa mojada.

Sonreí.

- Definitivamente. –Se mordió el labio y puso una mano en mi estómago, entre la tela y mi piel. El dolor de desearla tanto se volvió físico. Tenía que ser mía. Tomé aire para calmarme y me arrodillé para quitar mi camiseta por encima de mi cabeza. Creo que me hice un lío en el cabello, pero ya no podía importarme menos. Sacó su pierna de entre las mías y la puso al otro lado de mi cadera, provocándome todavía más. Seguro sabía lo que hacía, porque todo lo que pasaba por mi mente me impedía desaparecer los estúpidos pantalones. Ahora los botones se rehusaban a abrirse de una buena vez.

- Deja. –Puso su mano sobre la mía y me movió los dedos para poder deshacer los botones como por arte de magia. Sonreí y me pasé las manos por el pelo mientras metía las suyas entre la tela y mi piel de nuevo, esta vez, a los lados de mi cadera. Cerca, muy cerca, de donde yo quería que las pusiera.

Cuando los pantalones cayeron alrededor de mis rodillas, solo se quedó viéndome, con sus ojos y su boca abiertos, sensuales y tentadores. Su mano subió por mi pierna de nuevo y me rodeó con los dedos. Apreté los ojos cuando sentí su lengua resbalar por la punta de mi miembro, moviéndose lentamente y haciendo que me volviera loco. Ya no estaba en mis cabales, y sólo bastó que sus labios me rodearan para que la cabeza me diera vueltas. Gemí, un sonido entre placer y ansiedad y levantó la mirada hacia mí, separando su cara de mi piel. Aproveché para agacharme de nuevo y empujarla contra el piso. Quería tenerla, y lo quería ahora.

Me apreté contra su cuerpo y recordé que no tenía preservativo. Gemí e intenté concentrarme cuando sus labios atraparon el lóbulo de mi oreja.

- Mmm… -hay, palabras, palabras, no recordaba ninguna. Me aclaré la garganta- Koko… -la única palabra que me gustaba pronunciar ahora. No quería decir algo que me impidiera hacerla mía, pero tampoco planeaba dejar embarazada a la chica en nuestra primera noche, no era tan idiota.

- ¿Mmm? –me contestó. Luché porque algo de mi sangre volviera a mi cerebro. Necesitaba ser coherente.

- No tengo preservativos –solté suspirando.

- No importa, tomo píldoras –juro que casi lloro y grito del alivio. Aunque no lo hice, no hubiera quedado muy masculino de mi parte. Me apreté más fuerte contra su cuerpo y sentí la tela de su traje debajo de mí. Bajé la mano entre nuestros cuerpos apretados como pude, y corrí la tela a un lado, sin molestarme en quitarla. No quería interrumpir la forma en que su lengua jugaba con mi cuello.

Soltó un grito cuando comencé a abrirme paso en ella, y casi pierdo el control de la mano que se apretaba a su cintura. La noté húmeda y caliente, preparada y esperándome. La sensación me envolvió otro poco cuando empujé de nuevo. Me mordí el labio y volví a hacerlo. Todavía no había entrado completamente. Sentí sus uñas clavarse en la piel de mi espalda y me quedé quieto cuando me noté profundamente en su interior.

Escondí la cara entre sus pechos para disfrutar de su aroma mientras la sentía acomodarse a mí de a poco. No era deforme ni exagerado, pero era bastante grande, y las chicas solían necesitar un momento para acostumbrarse. Así que esperé a que su corazón aminorara la marcha y sus músculos se relajaran un poco. Me esforcé mucho por contenerme y esperarla. No quería hacerle daño.

Escuché cómo soltaba el aire que tenía acumulado en su pecho. No había notado que no respiraba. Subí la mirada buscando la suya y el deseo que desbordaba de sus ojos me dio permiso para moverme de nuevo.

Con todo el autocontrol del que fui capaz, me alejé y volví a entrar mirándola a los ojos y cuidando la intensidad con la que su ceño se fruncía, atento a que la expresión de placer cambiara para convertirse en una de dolor. No lo hizo, así que me moví de nuevo, esta vez con más confianza, más decidido.

Se relamió los labios y soltó un “Tay” envuelto entre un par de gemidos susurrados, que hizo que me saliera de mis cabales. Me incrusté en ella una vez más, ahora demostrando la urgencia que me provocaba su cuerpo. Gimió de nuevo y fue demasiado para mí.

Comencé a moverme más rápido, apretándola contra la arena con fuerza con cada embestida. No me preocupó cuando cerró sus ojos, apretando los párpados, porque sabía que lo estaba disfrutando. Incluso aunque fuera brusco, incluso aunque le doliera. El placer se escapaba de su boca cada vez que decía mi nombre entre gemidos.

Jugué con sus pechos y lamí sus pezones, provocando que arqueara la espalda y me permitiera clavarme completamente en su interior. Cerré los ojos y apoyé mis labios en su cuello, atrapado por lo que me provocaba.

Sus piernas rodearon mi cintura, seguras. Sólo titubearon cuando la arremetí con más fuera por la sensación de sus piernas envolviéndome, su olor embriagándome, sus labios jadeando al ritmo de mis movimientos. Su cadera comenzó a moverse en círculos, restregándose contra las mías. Trague con dificultad y luché por pensar en otra cosa.

- Tay… -se interrumpió para volver a gritar. No imaginé mejor forma de escuchar mi nombre. Y dije lo único que me venía a la mente en el estado en el que estaba.

- Koko… -volví a besarla en los labios y la sentí estremecerse completamente. Entendí que estaba a punto de venirse, así que aumenté la fuerza y la profundidad con la que la penetraba. En cuestión de segundos estaba conteniendo la respiración y clavando más sus uñas en mi espalda. La sentí estrecharse a mi alrededor y apretar mi cuerpo con sus piernas.

Sus facciones contraídas y el gemido estremecedor que se escapó de su pecho me llevaron con ella. Ya no resistía el placer que me provocaba. Comencé a venirme mientras cerraba los ojos, concentrándome en escuchar el aire escapando de sus pulmones, todavía adaptándose al ritmo en que me movía contra ella.

Bajé la velocidad en el punto en el que perdí el control de mi cuerpo y finalmente me quedé quieto después de unos segundos. Sus manos se relajaron de a poco, sus uñas seguro habían dejado marcas en mi espalda. Adoraba pensar eso. Después de unos minutos, sus dedos se movieron tiernos por mi cabello, muy despacio, mientras su pecho seguía subiendo y bajando debajo de mí.

Me quedé con los ojos apretados y la frente apoyada en su pecho, sobre el hueco de su garganta. Estaba intentando recuperar el aire y la cordura, pero ambos me los había robado mi diosa, así que me limité a besarla de nuevo en los labios. Ahora más suavemente, justo como la primera vez. Me alejé y el viento frío me golpeó fuerte. Quizás fuera por el sudor, o por el calor de su cuerpo contra el mío.

Caí a su lado, todavía jadeando. Tragué en seco y volteé mi cara para verla. Su mano estaba apoyada en su pecho, que subía y bajaba frenético, su mirada clavada en el techo y una enorme sonrisa en su rostro. Sonreí y me puse de costado para verla. Después de un rato me miró y se sonrojó un poco. Se veía adorable, su cabello alborotado y su piel llena de arena. Me miró con cara de nostalgia, aunque la sonrisa no se borraba de su boca. Por eso su expresión se volvió agridulce. Era la misma sonrisa que adoptaban las chicas una vez que sabían que me iría y nunca más las vería.

Pero esta vez era diferente, no quería irme. No podía dejar que se escapara de mi vida. La había deseado por mucho tiempo, y nunca podría haberme imaginado que me gustaría tanto, ni que me sentiría tan atraído hacia ella.

- ¿Quieres ir a cenar? -Le pregunté. Fue lo único que se me ocurrió, y mi estómago rugía por el… ejercicio. Asintió, su sonrisa volvió a ser alegre y satisfecha.

- Aunque quizás pudiéramos nadar un rato primero –cambié de planes cuando bajé la vista y me vi envuelto en arena y sudor. Rió un poco al verme y nos pusimos de pie para salir de la cueva, que me había cambiado la vida, y acercarnos al mar.

Estaría por siempre en deuda con ese lugar. Me había traído hasta ella, y había hecho que se fundiera a mí en cuerpo y alma. Ahora estaba atrapado y feliz de entregar mi libertad. Porque sabía que jamás dejaría de amarla. Aunque no pudiera decirlo en voz alta, aunque no quisiera estropear el momento abriendo mi bocota, sabía que la amaba con cada parte de mí. Y no descansaría hasta que ella sintiera lo mismo.
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Jeje, espero que te guste mi Alpha, de verdad te quiero muchísimo. Me cambiaste la vida, muy feliz cumple! espero que todos tus deseos se hagan realidad. Wow, que cursi que sonó eso! Pero bué... jajaja, así salió. Muchos besos!!!!

FELIZ CUMPLEAÑOS MI KOKO!!!!





Capítulo I: ¿Cuánto a cuánto?

-         ¿Se supone que debo abrir la puerta yo misma Black? – puse los ojos en blanco y me moví con desgana para abrírsela, con gusto le aplastaría la cabezota algunas veces pero como poder si yo la amaba, siempre lo había hecho y siempre sería así.
Llevada 30 años siendo el chofer de aquella insoportable mujer y aún podía recordar claramente el primer día que la vi.
Mi primer día como chofer de la Srta. Alechan, una famosa actriz de cine, llegue con media hora de antelación quería familiarizarme con el sitio y sobre todo con el auto.
Toque el intercomunicador de la entrada la respuesta tardo apenas unos segundos,
-         Buen día – la voz ronca de un hombre con tono bastante cortés se dirigió a mi desde el aparato – dígame ¿en qué puedo servirle?
-         Eh… soy el nuevo chofer, Jacob Black – estaba algo nervioso no solo por ser nuevo en esto sino también por la persona para quien trabajaría.
Tenía fama de ser tan poco tolerante como hermosa y la mayoría de los que habían trabajado para ella duraban poco en sus puestos.
-         Ah sí le esperábamos – volvió a decir la voz – al entrar dé la vuelta a la casa le esperare en la puerta de servicio –
-         Muchas gracias – apenas logre terminar la frase cuando escuche un zumbido en la puerta indicándome que podía pasar.
La casa era bellísima, rodeada de un jardín excelentemente cuidado con flores de todas las especies conocidas y seguramente también desconocidas del mundo.
Una gran fuente en medio hacía sentir el ambiente tan fresco, para ser un gigantesco jardín el sitio era acogedor a su modo.
La casa por supuesto no era menos opulenta. Blanca con tejas rojas nada impresionante de no ser por el increíble tamaño, debía tener dos tal vez tres pisos y un millar de ventanas y ventanales por todos lados me hacían pensar que debía ser muy clara en su interior.
Al dar por completo vuelta para llegar a la parte trasera de la casa, lo que me llevo mi buen rato, podía ser el equivalente a una caminata corta de ejercicio matutino, un hombre mayor perfectamente vestido con un traje negro, que supuse sería era el mayordomo, me esperaba con aire impaciente.
-         Por aquí Sr. Black por favor sígame, de prisa la Srta. Alechan no debe tardar en bajar para desayunar así que apenas tengo tiempo de darle las instrucciones correspondientes – lo seguí tratando de mantener su paso, realmente estaba apurado – esta será su habitación trabajara de lunes a sábado siendo el domingo su día libre, sus uniformes están en el closet. Colóquelos en la cesta que se encuentra en el baño, junto con cualquier prenda de ropa que quiera que el servicio le lave. Le espero en veinte minutos en el estacionamiento – dicho esto se retiro de la habitación cerrando la puerta detrás de él.
Era una de las principales razones por las que acepte este trabajo, no tendría que pagar por casa o comida así que podría ahorrar prácticamente todo lo que ganara.
La habitación era bastante cómoda y más grande de lo que esperaba, con los muebles necesarios pero, como todo en aquella casa, decorada bellamente. Si así eran las habitaciones del servicio que podía esperar de las habitaciones de la Srta.
Claro como si fueses a verla alguna vez Jacob Black, pensé.
Revise el closet para encontrarme con tres uniformes idénticos, completamente negro el traje con camisa blanca y uno con detalles grises mucho más elegante, sería para ocasiones especiales seguramente.
A los quince minutos me encontraba en la puerta de la cocina y dos minutos después llego Alfred, no me había dicho como se llamaba y francamente me recordaba al mayordomo de Batman, para mostrarme los autos de la Srta. Alechan, si leyeron bien los autos, en el estacionamiento había un rustico tipo Jeep completamente equipado para campo traviesa, una limosina blanca con la iníciales K.A. en plateado grabadas en las puertas posteriores ni pensar en alquilar una, ella debía tener la propia totalmente personalizada a su estilo y un volvo plateado último modelo.
Ese auto sería el que debía utilizar para transportarla a diario y la limosina solo para estrenos y festejos especiales o cuando ella así lo solicitase.
Revise todos los detalles, ajuste el asiento del piloto, el otro chofer debió medir uno noventa dividido entre dos, el asiento estaba casi empotrado debajo del volante.
Me distraje revisando debajo del auto en busca de cualquier desperfecto en los frenos o el tren delantero, mis conocimientos de mecánica habían sido de gran importancia para mis empleadores.
Estaba totalmente embobecido con los sistemas de amortiguación y dirección del volvo cuando el aclarar de garganta de una voz femenina me saco de mis ensoñaciones.
Junto a mí la punta de la primera de un par de sandalias doradas demarcaba su impaciencia golpeando el piso, Wow si esos eran los pies ya quería ver yo lo que estaba más arriba.
No pude evitar levantarme con la mirada fija en esas piernas desde la punta de los pies hasta el punto en que la abertura de la falda me privaba del placer continuar mi recorrido visual.
Las uñas perfectamente arregladas pintadas con un brillo perlado que contrastaba de manera peculiar con la blanquísima piel parecida al terciopelo que subía hasta un delicado tobillo rodeado por una elegante tobillera con dijes de piedras, una pantorrilla marcada por el ejercicio sosteniendo un tonificado muslo que se escondía donde la falda de vuelos del vestido de flores color pastel cortaba la continuidad del glorioso cuerpo que bebía esconderse debajo de la finísima tela.
Aun pude definir las curvas de su cadera y la estrechez de su cintura, el movimiento de su torso al respirar, moviendo la tela del escote que dejaba entre ver el contorno de su generoso pecho, un dije en forma de K complementaba la cadena de oro que rodeaba su cuello largo y estilizado, los ángulos redondeados de su barbilla eran el marco perfecto para esos labios carnosos apenas cubiertos por un brillo rosa.
Al momento en que nuestras miradas se encontraron me perdí en aquellos ojos castaños grandes y llenos de vitalidad que parecían devolverme una mirada furiosa al tiempo que un mechón de su cabello castaño, que al sol destellaba en tonos rojizos, escapo de detrás de su oreja.
El impulso de devolverlo a su lugar estuvo a punto de traicionarme pero la voz más melodiosa y perfecta que había escuchado jamás me hizo recobrar la cordura.
-         Será posible que deje de mirarme con esa cara de idiota y me abra la puerta del auto para poder marcharnos, voy a llegar tarde – se volvió tan elegantemente tongoneando sus caderas de manera tan sensual que se me hizo imposible no mirar su trasero perfectamente redondeado.
Volvió a hablarme como si supiera lo que hacía aun cuando no me miraba.
-         A moverse ¿Señor? – note la interrogante en su voz y le respondí.
-         Black, Jacob Black -   
-         Bien Sr. Black le parecería bien si nos vamos de una buena vez –
Le abrí la puerta rápidamente viéndola subirse, como podía moverse así todo el tiempo sigilosa e insinuante como una loba al acecho.
Me subí al auto salimos de la casa no sin antes preguntarle.
-         ¿Hacia dónde nos dirigimos Srta? –
Me dio la dirección, no conocía muy bien la ciudad pero los recorridos que había hecho con otro chofer a manera de entrenamiento me habían orientado lo suficiente para saber a donde debía ir.
Las primeras semanas fueron bastante fáciles, incluso algunos días ni siquiera tuve que llevarla a ningún lado, los que aprovechaba para lavar el auto y hacerle mantenimiento.
Eran los días en que salía con su novio, un famoso cantante de rock, solía gustarme su música antes de saber que era su novio pero ahora le detestaba intensamente y no entendía muy bien  porque o más bien no quería entenderlo.
Las veces que me tocaba buscarle o llevarle a su casa refunfuñaba todo el camino, ese paliducho pelo de paja era insoportable no se que le veía, era un flacucho insípido.
Bueno la verdad no era nada feo pero si insoportable.
Con lo que si me divertía muchísimo era con las salidas solo para chicas que hacia una vez a la semana, primero todas sus amigas eran actrices, modelos o cantantes muy famosas y cada cual estaba más buena, no conozco otra palabra con la que describir aquellos mujerones, que la otra.
Rubias, morenas, pelirrojas esos días un desfile de hermosas y voluptuosas mujeres, operadas o no realmente me importaba poco, se paseaban frente a mí para subir a la limusina, el auto indicado para la ocasión, haciéndome agua la boca al verlas.
Algunas veces me parecía que mi jefecita echaba chispas por los ojos al notar mis descaradas miradas, pero ¿qué razón podía tener para tal cosa?, seguramente era mi imaginación.
Normalmente hablaban de ropa, zapatos o maquillaje, cosas de chicas bastante aburridas y triviales debo agregar, y en cuanto comenzaban a surgir los nombres de hombres a la conversación mi jefa subía el vidrio que me separaba de ellas para que no pudiese escucharles.
-         Como si me interesara lo que el novio de tal le dijo a cual – refunfuñe en cuanto el vidrio hubo subido por completo.
Cantaba distraídamente una canción en la radio cuando de pronto el sonido del intercomunicador llamo mi atención.
Estuve a punto de contestar cuando me di cuenta que lo habían presionado por error.
Apague la radio de inmediato, no quería que se dieran cuenta que las escuchaba, esto se pondría interesante.
… no sé como lo toleras de veras, a veces puede ser tan insoportable – escuche terminar una frase.
-         Bueno Naty querida, en el corazón no se manda y si Koko le quiere ella sabrá que le ve, ¿no crees?
-         Lo sé Joy, es muy guapo eso salta a la vista, pero le ha sido infiel a todas sus novias anteriores ¿Quién te asegura que no te hará lo mismo Koko?
-         Él me ama Naty yo lo sé – esa era la voz de mi jefa – y no sería capaz de hacerme algo así –
-         Yo estoy de acuerdo con Naty, Koko – añadió una voz que no había escuchado antes – por favor no te confíes tanto de James los hombres no cambian de la noche a la mañana –
-         Debo confiar en el Adri, además no puedo pasar todos los días persiguiéndole como una paranoica – hablo de nuevo mi jefa –
-         Está bien Koko, no queremos ser aguafiestas así que mejor dejémoslo, solo queremos que sepas que nos preocupamos por ti – dijo otra voz que no había sonado con anterioridad – y hablando de otro tema, bueno es el mismo tema pero mejor dirigido – se carcajeo antes de continuar -  se me cae la baba cada vez que veo a tu guapísimo chofer, el tipo esta como le da la gana – la risas corearon el comentario y yo me infle como un pavo real y casi le agradecí.
-         Uff si Gaby yo casi estoy que le salto encima sin pensarlo mucho – le respondió entre risas la que si no me equivocaba debía ser Adri de nuevo.
-         Por favor chicas, es el chofer – agrego mi jefa con tono despectivo, me sentí ofendido – aunque debo admitir que tienen razón el tipo tiene lo suyo y muy bien distribuido para ser sinceras – era la primera vez que la escuchaba reír así, tan natural, tan ella misma a mi parecer, me dejo sorprendido su comentario, se había fijado en mi, quizás no tan exhaustivamente como yo solía mirarle cada vez que podía pero definitivamente no le era indiferente.
-         Señoritas las desconozco – menciono una nueva voz, ¿Cuántas mujeres había allá atrás? Ah sí seis contando a mi jefa claro – no puedo creer que quieran saltar encima de un simple chofer solo por estar repapacito – soltó tremenda carcajada tras su comentario, mientras sus compañeras gritaron al unísono.
-         ¡¿Mer?! –
-         ¡Bueno chicas estoy casada no ciega! – todas rieron.
Luego volvieron a los diseños que utilizarían en la gala tal y la noche cual, deje de prestarles atención.
Ya en mi cama después de un ajetreado día no podía dormir, solo pensaba en mi jefa y el ajustadísimo vestido lila que llevaba hoy, se le marcaba cada curva de su perfecto cuerpo y era fácil notar que no llevaba ropa interior, recordar eso tenía efectos en mi dignos de una ducha de agua muy muy fría.
Decidí levantarme o terminaría jugueteando conmigo mismo como un tonto adolescente.
Fui a la cocina a buscar algún refrigerio en el refrigerador para controlar un poco mi ansiedad.
Tome un pote de helado de chocolate y una cucharilla, Alfred había dicho que podía comer cuanto quisiera siempre y cuando no fuese del otro refrigerador, en realidad se llamaba Wilfred pero Alfred me gustaba más, ese tenia las exquisiteces de la Srta. Alechan, nunca lo había abierto aunque me daba algo de curiosidad.
Me senté en la mesa de la cocina y encendí el televisor buscando algo interesante que ver, encontré la repetición del juego de baseball de la noche de hoy y me dispuse a disfrutarlo cómodamente así que subí los pies en otra silla y me arrellane plácidamente.
-         ¿Cómo va el juego Black? – me sorprendí tanto que al tratar de incorporarme lo más rápido posible solo logre caerme de la silla como un bodoque.
-         ¿Te encuentras bien? – la escuche preguntar de nuevo.
Ahora estaba de pie junto a mi mirándome entre preocupada y divertida, la sobre bata blanca de seda le llegaba a las rodillas dejando ver sus piernas divinas, tuve que girarme para evitar la tentación de mirar debajo de ella.
-         Eh… si gracias… lo siento Srta.… me asusto… - balbuceé tontamente.
-         No te preocupes sólo vine por algo de comer, no puedo dormir –
-         ¿Comer a esta hora? No es esa una práctica prohibida entre las actrices, ¿No están siempre a dieta? – pregunte risueño.
Me miro de arriba abajo como sopesando mis palabras
-         Oh… lo siento mucho, no quise ser indiscreto – tome el helado y me encamine a mi habitación.
-         ¿Quieres un hotdog? – me pregunto como si no hubiese notado que ya me iba.
No supe que hacer, era sumamente incomodo pero no pensaba rechazarla.
-         Por… supuesto y si quiere puedo preparar leche malteada de chocolate – le mostré el embase entre mis manos.
-         Me parece perfecto – contesto sonriéndome – y yo no hago dietas, como de todo a todas horas solo me mato el gym 2 horas diarias – puso los ojos en blanco y me sonrió de nuevo.
Ok esta no era para nada la mujer que me habían descrito los otros choferes, una ogra que asesinaba con la mirada y soltaba hieles por la boca, más bien parecía dulce y para nada engreída al menos no en este momento.
Apenas serví los dos vasos de leche malteada la oí chiflar para llamar mi atención, logre levantar la cara segundos antes que un paquete de pan se estrellara contra mi pecho y por poco lo dejo caer, se rió nuevamente antes de pedirme.
-         ¿Puedes abrirlos? – ella colocaba unas cuantas salchichas a sancochar sobre la hornilla.
-         Claro – le respondí comenzando con la tarea asignada.
La mire maravillado mientras colocaba las salsas, el queso y trituraba unas papitas dentro del paquete, parecía haberlo hecho muchas veces.
-         Ni por asomo le digas a Wilfred que me levanto a comer por las noches o dormiría de guardia frente al refrigerador para que yo no tuviese que preparar nada – me advirtió divertida.
-         No se preocupe Srta. por mi no se enterará – le conteste sincero.
-         Te lo agradezco, es demasiado servicial y si se lo permito me convertirá en una inútil muñequita –
Muñequita no muñecota diría yo, pensé mirándola de nuevo, la tela sobre su cuerpo debía ser tan suave como su propia piel, deseaba tocarla desesperadamente.
Contrólate Jake, es tu jefa, es tu jefa, me repetí para mi mismo todas las veces que fue necesario para que mi cuerpo se sosegara.
Le entregue su bebida y tome un pan para rellenarlo mientras ella hacía lo mismo, de pronto comenzó a dar saltitos señalando el televisor a mi espalda. Me gire para mirarlo, el equipo local había dado un home run y ella estaba súper emocionada.
-         ¿De veras le gusta el Baseball? – le pregunte antes de dar un enorme mordisco a mi hotdog.
Asintió repetidamente ya que tenia la boca llena.
-         Definitivamente me sorprende, no espere que fuese una mujer tan… normal, no sé de que otra forma decirlo –
-         ¿Qué esperabas Black? ¿Qué tomara sangre y durmiera en un sarcófago  o qué aullase a la luna llena por las noches? – se carcajeo al parecer conocía la fama de monstruo que le daban.
-         Lo siento… creo que soy un gran tonto Srta. – le respondí rascándome la cabeza evidentemente apenado.
-         Ah… hagamos algo en los momentos en que estemos solos como ahora y fuera de tu horario de trabajo puedes tutearme, llámame Kokoro o Koko si prefieres, no me molesta – me aseguro antes de morder nuevamente su hotdog.
-         Está bien… Koko, lo intentaré – prometí algo nervioso y bastante apenado – si no le… te molesta mi nombre es Jacob – le recordé, quizás sería mas cómodo si ella también me llamaba por mi nombre.
-         Lo sé, también lo intentare… Jacob – me sonrió de nuevo pero esta vez se sonrojo un poco, se veía muy hermosa.
Tuvimos que controlar varios gritos para no despertar a Wilfred cuando nuestro equipo anotaba carrera o cuando se equivocaban, podía decir una sarta de barbaridades para ser una señorita.
Me sentía sumamente cómodo y era evidente que ella también.
Cuando termino el partido la ayude a recoger todo, no podíamos dejar evidencia del delito para que Wilfred supiera de las travesuras nocturnas de Koko.
La siguiente noche la lleve a una gala de premios MTV o algo así, le tocaba entregar uno si no me equivoco, la escuche mencionar al actor que le acompañaría un tal Taylor no se que.
Estaba radiante llevaba un corpiño negro bordado en pedrería, sobre una falda de vuelos y botas hasta debajo de las rodillas, se veía muy moderna pero sin perder la elegancia.
-         Puedes retirarte ya Jacob, dormiré en casa de James esta noche – asentí y me despedí con la mano, ya me había arruinado la noche.
Claro que me costó trabajo dormir, me la imaginaba en los brazos de aquel idiota besándolo mientras él la acariciaba, durmiendo junto él en su cama y yo aquí más solo que la una.
-         Bah y porque debe importarme lo que haga – me dije – es solo mi jefa, nada más – me puse la almohada en la cabeza y me obligue a dormirme, no sé cuanto tarde pero al final lo logre.
Por la mañana me enfrasque en el mantenimiento de los autos, ella no regresaría hasta la noche y quería mantener mi mente ocupada.
Ya tarde me di una ducha y me fui directo a la cama, estaba destruido.
No sé que hora era cuando comencé a escuchar ruidos en la cocina, me levante medio sonámbulo para ver que sucedía y allí estaba ella, mirando el juego de basquetbol en la tele.
En cuanto me vio me tendió un plato con dos sándwiches, al parecer me esperaba.
-         ¿Cuanto a cuánto? – le pregunte con naturalidad mientras me sentaba en una silla a su lado y le daba un buen mordisco a uno de mis sándwiches, al parecer esto se convertiría en alguna pequeña costumbre solo entre nosotros y por mi fantástico. 
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Feliz cumpleaños mi Koko, hice esto con muchisimo cariño para ti y espero que te guste.
 Te amo mi Alpha hermosa.
 
Gaby Black.