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domingo, 22 de noviembre de 2009

Próximamente... PELIGROSA TENTACION


Un 3shot que vamos a escribir Eve y yo...

Summary: Nadie sabe de lo que pueden ser capaces tres chicas enamoradas... el caso es...
¿Podrán llevar a cabo lo que tienen planeado?

jueves, 29 de octubre de 2009

Espacios escondidos


Oneshoot para Koko de Naty - Espacios escondidos

Summary: Una chica busca un lugar tranquilo en el cual relajarse, pero no es la única con esa idea. Una playa, un escondite, una cueva en la que cualquier cosa puede pasar…

Disclaimer: La historia es ficticia (aunque quisiera que fuera verdad :P) Y no planeo ofender a nadie, es solamente un regalo para mi amiga.

Nota para Koko: Tengo la versión contada en segunda persona, así que si preferís leer esa, te la mandé al mail. Feliz cumple!!! Te quiero un montón y espero que la pases super super bien! Muchísimos besos!!!


Kokoro’s POV

En cierta forma, los viajes a la playa me encantaban, y el día era hermoso y demasiado caluroso como para quedarme en casa, pero el mar no me atraía demasiado. De hecho, sólo había aceptado porque una de mis amigas me había suplicado que la acompañara. No tenía con quien venir, y se moría por ver al salvavidas un rato. Pero claro que en cuanto logró entablar una conversación con él, yo pasé a ser un amigable y bonito… estorbo.

Creo que por mi cara, ella notó el agrado que me producía que me hubiera sacado a rastras de mi único día libre para mirarla coquetear con un hombre que a penas conocíamos. Y además de todo, yo ya debía haber escrito el próximo capítulo de “Intercambiando destinos”. Las chicas me matarían si seguía postergando la fecha. Ya habían sido cuatro veces, contando la que me quedé atorada en el trabajo y la que pasé la noche entera delante de la computadora con la mente totalmente en blanco.

Por suerte, había previsto un resultado como este, así que mientras mi amiga me esperaba, había puesto mi confiable laptop en el bolso de playa. No tenía planes de que un ejército de NTLS me atacara por no escribirles alguna que otra cosilla. Así que en cuanto me vi sin nada que hacer en la playa, más que conseguir que se me cayera la piel, comencé a buscar un lugar tranquilo para poder concentrarme en escribir. La playa estaba tan llena como de costumbre y por alguna razón una turba de adolescentes se paseaba por el lugar. Los gritos y risas constantes no eran de las mejores compañías para escribir un buen lemmon, así que me alejé lo más que pude.

Después de caminar un rato, encontré una pequeña cueva escondida del sol y de la gente. La marea estaba bajando, así que no corría peligro de quedarme atrapada de un momento a otro. Era perfecta. Justo lo suficientemente oscura como para que nadie me viera con facilidad, pero lo suficientemente iluminada para que me sorprendiera un animal o algo así adentro.

Entré con pasos dudosos, hasta que mis ojos se acostumbraron a la luz. Después de unos segundos pude ver que la caverna era bastante grande. Un tronco muy grueso yacía atravesado por el piso. Era perfecto para sentarme en el piso y apoyarme en él. Y así lo hice. Primero me senté de frente a la salida, pero la luz me daba en los ojos, encandilándome, así que sólo después de un momento, salté el tronco hacia lo más profundo de la cueva y me senté de espaldas a la luz. Tomé mi laptop y la puse en mi regazo. Era fácil escribir con esa tranquilidad. Las voces y el griterío de la multitud se escuchaban muy a lo lejos, difícilmente podían tornarse una distracción.

Me sentía envuelta en una burbuja… segura y protegida del mundo real, de los problemas y los contratiempos de la vida cotidiana. Cuando terminé al capítulo de Intercambiando destinos, sentí que un peso se me quitaba de encima. Me disponía a continuar con Nuestra Luna de Miel cuando una sombra hizo que se me parara el corazón. Una figura se dibujaba en el piso de la caverna, proyectada por la luz del atardecer. Me di vuelta lo más rápido que pude, pero no podía ver nada. Sólo su silueta se dibujaba en la intensa luz del Sol. Me asusté mucho, y llené mis pulmones para gritar. No me importaba si estaba lejos, tenía una voz muy potente cuando me lo proponía.

El hombre se movió rápido, y se arrodilló al otro lado del tronco. Su mano fue directo a mi boca, impidiéndome gritar. Me desesperé, pero en el momento nada útil me vino a la mente.

- Por favor, no grites –me susurró una voz profunda y dulce. Mi respiración se agitó. Me recordaba a… no! Imposible.- Sólo me estoy escondiendo, me iré en un minuto, pero por favor, no me delates. –me suplicó. Sonaba realmente desesperado, así que un poco de piedad me invadió. Quizás alguien quería lastimarlo, o algo así. Asentí con la cabeza y su mano se movió lenta y dudosa hasta dejar de tapar mi boca.

- Gracias –ahora parecía aliviado y sincero. No estoy segura de porqué, pero me inspiraba mucha confianza.

- No hay problema. Yo también me estoy escondiendo ¿tú de que escapas? –Todavía no podía ver su rostro claramente, pero me pareció que fruncía el ceño.

- Gajes del oficio –se limitó a contestar- ¿Y tú?

- Sólo quería estar sola un rato.

- mmm… siento interrumpirte. De verdad que no te molestaré. Me quedaré en una esquina hasta que se ponga oscuro, y luego me iré, no te preocupes.

- No dije que me molestaras.

Sólo levantó la pierna para pasar por encima del tronco y se dirigió a lo más alejado de la cueva.

- ¡Maldición! –lo vi pararse en un pie para mirar la planta del otro. Ahora que se paraba a la luz podía ver que llevaba unos jeans mojados y una camiseta blanca que se pegaba a su pecho a causa del agua que la empapaba. Llevó su mano a la plata del pie y la sacó rápido, quejándose un poco.

- ¿Qué te pasó? –le pregunte.

- Nada, no te preocupes.

Se quejó de nuevo y se sentó en el piso acercándose el pie a la cara, como si quisiera verlo de cerca. Al parecer, se había clavado algo. Dejé mi computadora a un lado y me paré para acercarme a él, mirando fijamente el piso para que no me pasara lo mismo. Sólo las personas tropezamos dos veces con la misma piedra.

- A ver, muéstrame –le pedí, extendiendo la mano, arrodillándome a su lado con la vista fija en su herida. Parecía profunda. Un vidrio que parecía afilado sobresalía de su talón, haciendo que sangrara. Primero lo soplé, para quitarle los restos de arena.

- No te muevas. –Tomé el vidrio y lo saqué. Fue fácil, ya que era un pedazo bastante grande, y lo podía agarrar con los dedos. Pensé en buscar mi bolso, pero no tenía nada de tela ahí. Ni un pañuelo, ni una camiseta, nada. Y yo sólo llevaba puesto mi traje de baño de dos piezas y un pareo atado a la cadera. Así que me incorporé sobre mis rodillas y me quité el pareo para luego enrollarlo y atarlo a su pie, cubriendo la herida.

- Ya. Eso debería servir.

- Gracias –me contestó. Sonreí y lo miré a la cara por primera vez. Casi caigo muerta. Por eso su voz me sonaba tan familiar. No era común, y no estaba desvariando cuando pensé en el parecido. Tragué en seco y me aclaré la garganta mientras mis labios se movían sin recordar cómo se emitían los sonidos.

- Eres… -hay, ¡Dios!- eres…

- Taylor Lautner –Y extendió la mano para que se la estrechara, sonriendo y mirándome directamente a los ojos. Tuve que tomar aire para no caer muerta en ese mismo lugar. Le agarré la mano, pero no recordaba cómo me llamaba. Algo con K, ¿no?

- K-K-Kokoro –tartamudeé. No me soltó la mano. Sólo apoyó la suya sobre su pierna, llevando la mía con ella. Me quedé con la vista clavada en su mano sosteniendo la mía hasta que habló de nuevo.

- Que lindo nombre… original. –Creo que sonreí.

- Gracias –me aclaré la garganta. Miles de veces me había imaginado este encuentro. Siempre bromeaba con las chicas sobre saltarle encima y cosas así… pero ahora que lo tenía enfrente me sentía indefensa. No sabía cómo actuar. Seguro gritarle que lo amaba e intentar quitarle los pantalones hubiera sido un poquito agresivo. Me mordí el labio. Debía decir algo, cualquier cosa. Tenía que entablar una conversación, conocerlo. Le di vuelta a todos los cajones de mi cabeza, pero sólo salían cosas poco interesantes, propuestas de matrimonio y confesiones absurdas.

- Bueno, Kokoro –señaló su pie con la mirada- Gracias a ti –me estremecí ligeramente. Adoré la forma en que dijo mi nombre. Y le agradecí a Dios internamente porque mi amiga me arrastrara a la playa hoy, y por la cueva escondida, y por lo que sea que fuera que lo había mandado aquí conmigo. Y de pronto me vino a la mente su frase: “gajes del oficio”.

- ¿Puedo preguntarte algo? –Asintió con la cabeza- ¿Cómo llegaste aquí?

- Bueno, estábamos haciendo una sesión fotográfica. La idea era hacerla en una playa privada, pero al fotógrafo no le gustaba… creo que dijo “la forma en que combinaba el cielo con el mar” o algo así –imitó una voz más aguda mientras pronunciaba la frase de su fotógrafo. Luego rodó los ojos y nos reímos.

- ¿Así que te escapaste de él? –le pregunté. Movió la cabeza de un lado al otro, negando.

- No, es que se comenzó a juntar gente… mucha gente.

- Ahh…

- No me malentiendas, siempre estoy feliz de recibir a los fans, y dar autógrafos y esas cosas, pero…

Negó de nuevo con la cabeza y miró a un punto fijo en el piso. Parecía que no iba a seguir hablando, así que insistí.

- ¿Pero? –me miró de nuevo. Parecía que había tenido la esperanza de que pasara por alto esa palabra. Se encogió de hombros.

- Es sólo que hacía tanto que no estaba tranquilo un momento ¿sabes? Con los ensayos, las filmaciones, las entrevistas. Arg! A veces es demasiado.

- Sé a qué te refieres. Bueno, no, en realidad no –se rió-. Nunca filmé una película o di una entrevista, pero quiero decir… conozco la sensación. La de querer escapar.

- Si… -susurró, como si hubiera dado con la palabra correcta- aunque sólo sea por un momento.

Asentí con la mente perdida en buscar una forma para tranquilizarlo. Para hacerle saber que podía relajarse, aunque fuera por unos minutos.

- Bueno, y ¿tú de qué te escapabas? Nunca me contestaste. –Tenía razón, había evadido la pregunta. El dedo pulgar de la mano con la que sostenía la mía, comenzó a pasearse de arriba abajo por mi piel. Era tan suave, tan agradable…

- De nada –le dije mientras negaba con la cabeza. Levantó una ceja, escéptico-. Bueno, de nada específico. –Me tomé un segundo para que mi cerebro recordara cómo respirar normalmente- De todo, en realidad. Sólo quería… que el mundo se detuviera un rato.

- ¿Para poder alcanzarlo?

- Exacto.

- Si, se a qué te refieres. –Dijo imitando mis palabras de hacía un rato. Sonreí. No podía evitarlo cuando mostraba esos dientes blancos y perfectos. Me sonrojé cuando se me quedó mirando un rato. Seguía intentando convencerme a mi misma de que saltarle encima sería una mala idea, y su mirada no me ayudaba en nada.

- ¿Qué? –le pregunté al fin. Ya me estaba constando bastante controlarme como para que me mirara con esos ojos de cachorro.

- Nada –sonrió más-. Es que pensé… no se. No te había imaginado así. Con los pies en la tierra.

¿De que carajos estaba hablando? ¿Me había imaginado? Seguro no le entendí bien. Así que elaboré una complicada respuesta para que me explicara lo que acababa de decir:

- ¿Qué? –ok, ok… quizá no fuera complicada, pero era todo en lo que podía pensar en el momento.

- Bueno, cuando llegué estabas navegando en una de las páginas que suelo leer… Kokoro’s Room?. –Sonó como una pregunta, pero no lo era. Un ataque amenazó con colarse por mi pecho cuando dijo el nombre de la página. Seguro lo había leído y estaba jugando conmigo.

- ¿Perdón?

- Si, primero pensé que eras una fan del blog. Pero cuando dijiste tu nombre, bueno… -se quedó callado por un segundo- No es muy difícil deducir que es tu página. Digo, “Kokoro” no es un nombre muy común que digamos.

Sonreí como boba mientras hablaba, no podía creer lo que me decía. Seguro era una cámara escondida o algo como eso. Y para colmo, estaba bastante segura de que mientras hablaba comencé a hacerme adicta al sonido de su voz. Era más profunda que en grabaciones o entrevistas. Sonaba tan… sexy.


Taylor’s POV

Sólo se me quedó mirando. Ni siquiera estaba seguro de si me había escuchado a no. Su cara se tornó completamente roja y entonces me mordí la lengua. No debí haberle dicho que sabía que escribía lemmon sobre mí. O mi personaje, lo que fuera. Probablemente la había avergonzado. Decidí seguir hablando, para ver si tenía mejor suerte esta vez, y dejaba de decir estupideces.

- No me malinterpretes, de verdad me gusta cómo escribes –le dije, poniendo mi mano en su barbilla para que tuviera que mirarme. No debí haber hecho eso. Era demasiado suave, y todo en lo que podía pensar ahora era reemplazar mis dedos con mis labios para asegurarme de que mi tacto no estaba atrofiado o algo así. Intenté concentrarme para seguir hablando, habían pasado unos segundos desde que había dicho la última palabra, fuera cual fuera, no lo recordaba.

Media sonrisa se asomo por su rostro y el impulso de mi mano de tocar esos labios carnosos fue más fuerte que yo. Así que mi dedo pulgar se deslizó por su labio inferior, comprobando que –si es que fuera posible- era más suave que el resto de su piel.

Suspiré y cerré los ojos. No quería que pensara que acosaba así a las demás fans. Estaba más nervioso de lo que había estado presentándome ante miles de personas y cosas así. Quizás era por que de verdad me gustaba esta chica, y no sabía como hacerle entender eso sin que pensara que lo hacía para meterme en sus pantalones… o bikini, como sea.

Intenté aclarar mi mente un poco y decirle algo para que supiera que no era común que hiciera esto. Bueno, por lo menos con tanto romance. No era un santo, pero las mujeres siempre sabían cuáles eran mis intenciones. Salvo que ahora no tenía “malas intenciones”, sólo quería besarla, y tocarla, y acariciarla… sacudí mi cabeza como un perro y abrí los ojos. Ella había tumbado la suya sobre mi mano y sus enormes e hipnotizantes ojos estaban cerrados. Gracias a Dios, no podría haber hablado de otra cosa si me hubiera estado mirando.

- De hecho, soy un seguidor. –Le sonreí mientras sus ojos y su boca se abrían por la sorpresa. Era cierto. La seguía desde hacía meses atrás, cuando buscaba algo en mi laptop que sirviera para distraerme entre escena y escena de la grabación de Luna Nueva. Resulta que leer lemmon de uno mismo es bastante excitante.

Excepto que no me gustaba que fuera con la tal Nessie. El personaje siempre me había parecido algo forzado. Pero eso no tardó en arreglarse. En cuanto había visto su foto en la página, ella había reemplazado a la imprimación en mis fantasías. Pero ahora seguía sin hablar. Me mordí el labio cuando suspiró, controlándome un poco.

- Creo que eres una de las mejores escritoras que he conocido. –Agregué. Sonreí de nuevo cuando la noté sonrojarse. No lo había notado, pero mis dedos seguían acariciando su cara. Era automático, no podía evitarlo.

De repente se separó bruscamente, y me di cuenta de que nos habíamos acercado cada vez más el uno al otro. Alejó mis manos, sacudió la cabeza y murmuró algo que no pude entender bien. Algo acerca de ¿una loca dormida bajo el Sol? No tenía sentido.

- Lo siento, no te entendí. –Se agarró a cabeza con las manos.

- Que hay dos opciones: finalmente me volví loca, o me quedé dormida bajo el Sol y la insolación provoca alucinaciones. ¡Hay! ¡Ni siquiera debería haberte contestado! ¡No existes!

Me reí y me miró de reojo, como pensando algo muy seriamente.

- O quizás me golpeé la cabeza, la caverna estaba tan oscura. Debí quedar inconciente. Un sueño. Eso eres. Seguro eres un sueño. –Hablaba más consigo misma, que conmigo. Pero de todas formas escuchaba lo que decía y seguía su mirada con los ojos. Alargué el brazo e intenté tocarla, pero se encogió y se puso de pié de repente. Por desgracia no recordó que estábamos en un extremo de la cueva en el que el techo era bajo, y se golpeó fuerte contra él.

Este lugar era peligroso. Se quedó quieta una milésima de segundo, y luego vi como se doblaban sus rodillas, así que extendí los brazos para que no se desplomara en el suelo. Quedó atravesada en mi regazo, uno de mis brazos pasando por debajo de su cuello para que su cabeza no llegara al piso.

- ¿Lo ves? Ahora sí te golpeaste la cabeza –le dije cuando comprobé que no estuviera inconciente. Sonrió avergonzada y se movió un poco, como intentando incorporarse. Pero cuando lo hizo, frunció el ceño y dejó escapar un pequeño quejido, llevándose una mano a la cabeza.

- ¿Qué? ¿Qué? –le pregunté bastante ansioso mientras inspeccionaba su cabeza por sangre o una herida abierta. Pasé mis dedos por su cabello y luego los miré a la poca luz del Sol que ya se estaba escondiendo afuera. Hice eso varias veces, buscando, pero me alivié cuando no encontré nada.

Y de repente tomé conciencia de que mis dedos se paseaban por su cabello, y que mi cara estaba sólo a centímetros de la suya. Su respiración me golpeó y supe que estaba perdido. Busqué sus ojos para ver si no estaba enojada o algo así. Era bastante temperamental. Me estaba mirando directamente, su brazo todavía arriba de su cabeza, con la mano perdida y relajada en su pelo. Mis dedos se movieron por ahí un par de veces más y luego bajaron rozando su oreja y hasta la línea de su mandíbula. No pude evitarlo. Me incliné sobre ella y probé sus labios suavemente, más tímido de lo que recordaba haber sido alguna vez con una chica.

Su brazo bajó y su mano se posó en mi cara, estirando el cuello y volteando un poco para hacer que el beso se volviera más profundo. No estaba alucinando antes. Sus labios eran tan suaves como había pensado… más inclusive. Pasé mi lengua por ellos, sintiéndola estremecerse y memorizando la sensación.

La tomé por la cintura con una mano y la cadera con la otra, y medio la levanté para recostarla unos centímetros más lejos y poder arrodillarme en el piso. Todo lo que quería era sentirla debajo de mí, así que en cuanto jadeó por el inesperado movimiento me lancé a su cuello, probando su piel, la piel que me había vuelto loco tantas veces en las fantasías que –ahora sabía-, nunca le habían hecho justicia.

Volví a su boca y nos quedamos así un rato, nuestras lenguas entrelazándose hasta que el Sol se ocultó totalmente y tuve que volver a acostumbrarme a la falta de luz. Como fuera, quizás la vista no me sirviera de nada, pero todavía tenía el tacto.

Mis manos se pasearon por las partes de su piel que estaban al descubierto. Bendito fuera el bastardo que inventó los trajes de baño de dos piezas. Sonreí contra sus labios por la forma en que su respiración se había agitado, y bajé mi boca por su cuerpo, pasando por su cuello y deteniéndome un segundo en su clavícula. Esa era una de las partes de la mujer que más me gustaban… bueno, además de las obvias. Seguí bajando, moviéndome con los labios y la lengua sobre lo que sobresalía de su pecho por el generoso escote. Di besos ahí y luego metí mi lengua un poco debajo de la tela para sentir parte de su pezón.

Deseé poder arrancar la tela y hacerla añicos, pero temí ahorcarla con los breteles, así que sólo seguí disfrutando la parte que sí estaba al descubierto. Arqueó su espalda y sentí su pezón entero en mi boca. Se había escapado y ahora podía saborearlo a mi voluntad. Primero lo rocé con mi lengua y lo rodeé con mis labios, y luego lo atrapé entre mis dientes cuando un sensual “mmm” se escapó de sus labios.

La mano que no usaba para apoyarme bajó por su cuerpo y se paseó por la parte de adentro de sus muslos. Arqueó más la espalda y lo tomé como una invitación. Y aunque no lo fuera, ya no podía pensar con mucha lógica. La mujer era más sensual que cualquier otra que hubiera conocido. Quizás era mi imaginación, pero me parecía que me provocaba a propósito con cada pequeño gemido que emitía.

Metí la mano por detrás de su espalda y tiré del hilo que ataba ese -ya molesto- traje de baño violeta. Cuando notó lo que hacía se incorporó solo un poco para facilitármelo. Lo quité por encima de su cabeza y luego volví a besarla. Llevando una de mis manos a su pecho. Primero sólo lo acaricié, pero cuando tiró la cabeza hacia atrás, asumí que quería que avanzara tanto como yo.

Volví a recostarla contra la arena, poniendo una de mis piernas entre las suyas, y bajé mi boca a sus senos, que ahora eran todos míos. Mi mano volvió a la suave piel que cubría sus muslos. Subí por ahí hasta sentir el único pedazo de tela que le quedaba. Moví mis dedos un poco mientras mi boca volvía a la suya. Ya me picaban los labios por la ansiedad de sentir los suyos.

Se estremeció de nuevo y su mano se enredó en mi cabello seductoramente. Por suerte, no había tenido que usar la molesta peluca para la sesión de hoy. Levanté la vista y la miré con cara de inocente.

- ¿Tienes frío? –le pregunté en un tono que se ajustara perfecto con mi cara de “yo no fui”. Tragó en seco y me miró mientras una de sus manos seguía jugando con mi cabello y la otra apretaba uno de mis hombros.

- Ahora que lo mencionas, ya oscureció. Quizás deberías sacarte esa ropa mojada.

Sonreí.

- Definitivamente. –Se mordió el labio y puso una mano en mi estómago, entre la tela y mi piel. El dolor de desearla tanto se volvió físico. Tenía que ser mía. Tomé aire para calmarme y me arrodillé para quitar mi camiseta por encima de mi cabeza. Creo que me hice un lío en el cabello, pero ya no podía importarme menos. Sacó su pierna de entre las mías y la puso al otro lado de mi cadera, provocándome todavía más. Seguro sabía lo que hacía, porque todo lo que pasaba por mi mente me impedía desaparecer los estúpidos pantalones. Ahora los botones se rehusaban a abrirse de una buena vez.

- Deja. –Puso su mano sobre la mía y me movió los dedos para poder deshacer los botones como por arte de magia. Sonreí y me pasé las manos por el pelo mientras metía las suyas entre la tela y mi piel de nuevo, esta vez, a los lados de mi cadera. Cerca, muy cerca, de donde yo quería que las pusiera.

Cuando los pantalones cayeron alrededor de mis rodillas, solo se quedó viéndome, con sus ojos y su boca abiertos, sensuales y tentadores. Su mano subió por mi pierna de nuevo y me rodeó con los dedos. Apreté los ojos cuando sentí su lengua resbalar por la punta de mi miembro, moviéndose lentamente y haciendo que me volviera loco. Ya no estaba en mis cabales, y sólo bastó que sus labios me rodearan para que la cabeza me diera vueltas. Gemí, un sonido entre placer y ansiedad y levantó la mirada hacia mí, separando su cara de mi piel. Aproveché para agacharme de nuevo y empujarla contra el piso. Quería tenerla, y lo quería ahora.

Me apreté contra su cuerpo y recordé que no tenía preservativo. Gemí e intenté concentrarme cuando sus labios atraparon el lóbulo de mi oreja.

- Mmm… -hay, palabras, palabras, no recordaba ninguna. Me aclaré la garganta- Koko… -la única palabra que me gustaba pronunciar ahora. No quería decir algo que me impidiera hacerla mía, pero tampoco planeaba dejar embarazada a la chica en nuestra primera noche, no era tan idiota.

- ¿Mmm? –me contestó. Luché porque algo de mi sangre volviera a mi cerebro. Necesitaba ser coherente.

- No tengo preservativos –solté suspirando.

- No importa, tomo píldoras –juro que casi lloro y grito del alivio. Aunque no lo hice, no hubiera quedado muy masculino de mi parte. Me apreté más fuerte contra su cuerpo y sentí la tela de su traje debajo de mí. Bajé la mano entre nuestros cuerpos apretados como pude, y corrí la tela a un lado, sin molestarme en quitarla. No quería interrumpir la forma en que su lengua jugaba con mi cuello.

Soltó un grito cuando comencé a abrirme paso en ella, y casi pierdo el control de la mano que se apretaba a su cintura. La noté húmeda y caliente, preparada y esperándome. La sensación me envolvió otro poco cuando empujé de nuevo. Me mordí el labio y volví a hacerlo. Todavía no había entrado completamente. Sentí sus uñas clavarse en la piel de mi espalda y me quedé quieto cuando me noté profundamente en su interior.

Escondí la cara entre sus pechos para disfrutar de su aroma mientras la sentía acomodarse a mí de a poco. No era deforme ni exagerado, pero era bastante grande, y las chicas solían necesitar un momento para acostumbrarse. Así que esperé a que su corazón aminorara la marcha y sus músculos se relajaran un poco. Me esforcé mucho por contenerme y esperarla. No quería hacerle daño.

Escuché cómo soltaba el aire que tenía acumulado en su pecho. No había notado que no respiraba. Subí la mirada buscando la suya y el deseo que desbordaba de sus ojos me dio permiso para moverme de nuevo.

Con todo el autocontrol del que fui capaz, me alejé y volví a entrar mirándola a los ojos y cuidando la intensidad con la que su ceño se fruncía, atento a que la expresión de placer cambiara para convertirse en una de dolor. No lo hizo, así que me moví de nuevo, esta vez con más confianza, más decidido.

Se relamió los labios y soltó un “Tay” envuelto entre un par de gemidos susurrados, que hizo que me saliera de mis cabales. Me incrusté en ella una vez más, ahora demostrando la urgencia que me provocaba su cuerpo. Gimió de nuevo y fue demasiado para mí.

Comencé a moverme más rápido, apretándola contra la arena con fuerza con cada embestida. No me preocupó cuando cerró sus ojos, apretando los párpados, porque sabía que lo estaba disfrutando. Incluso aunque fuera brusco, incluso aunque le doliera. El placer se escapaba de su boca cada vez que decía mi nombre entre gemidos.

Jugué con sus pechos y lamí sus pezones, provocando que arqueara la espalda y me permitiera clavarme completamente en su interior. Cerré los ojos y apoyé mis labios en su cuello, atrapado por lo que me provocaba.

Sus piernas rodearon mi cintura, seguras. Sólo titubearon cuando la arremetí con más fuera por la sensación de sus piernas envolviéndome, su olor embriagándome, sus labios jadeando al ritmo de mis movimientos. Su cadera comenzó a moverse en círculos, restregándose contra las mías. Trague con dificultad y luché por pensar en otra cosa.

- Tay… -se interrumpió para volver a gritar. No imaginé mejor forma de escuchar mi nombre. Y dije lo único que me venía a la mente en el estado en el que estaba.

- Koko… -volví a besarla en los labios y la sentí estremecerse completamente. Entendí que estaba a punto de venirse, así que aumenté la fuerza y la profundidad con la que la penetraba. En cuestión de segundos estaba conteniendo la respiración y clavando más sus uñas en mi espalda. La sentí estrecharse a mi alrededor y apretar mi cuerpo con sus piernas.

Sus facciones contraídas y el gemido estremecedor que se escapó de su pecho me llevaron con ella. Ya no resistía el placer que me provocaba. Comencé a venirme mientras cerraba los ojos, concentrándome en escuchar el aire escapando de sus pulmones, todavía adaptándose al ritmo en que me movía contra ella.

Bajé la velocidad en el punto en el que perdí el control de mi cuerpo y finalmente me quedé quieto después de unos segundos. Sus manos se relajaron de a poco, sus uñas seguro habían dejado marcas en mi espalda. Adoraba pensar eso. Después de unos minutos, sus dedos se movieron tiernos por mi cabello, muy despacio, mientras su pecho seguía subiendo y bajando debajo de mí.

Me quedé con los ojos apretados y la frente apoyada en su pecho, sobre el hueco de su garganta. Estaba intentando recuperar el aire y la cordura, pero ambos me los había robado mi diosa, así que me limité a besarla de nuevo en los labios. Ahora más suavemente, justo como la primera vez. Me alejé y el viento frío me golpeó fuerte. Quizás fuera por el sudor, o por el calor de su cuerpo contra el mío.

Caí a su lado, todavía jadeando. Tragué en seco y volteé mi cara para verla. Su mano estaba apoyada en su pecho, que subía y bajaba frenético, su mirada clavada en el techo y una enorme sonrisa en su rostro. Sonreí y me puse de costado para verla. Después de un rato me miró y se sonrojó un poco. Se veía adorable, su cabello alborotado y su piel llena de arena. Me miró con cara de nostalgia, aunque la sonrisa no se borraba de su boca. Por eso su expresión se volvió agridulce. Era la misma sonrisa que adoptaban las chicas una vez que sabían que me iría y nunca más las vería.

Pero esta vez era diferente, no quería irme. No podía dejar que se escapara de mi vida. La había deseado por mucho tiempo, y nunca podría haberme imaginado que me gustaría tanto, ni que me sentiría tan atraído hacia ella.

- ¿Quieres ir a cenar? -Le pregunté. Fue lo único que se me ocurrió, y mi estómago rugía por el… ejercicio. Asintió, su sonrisa volvió a ser alegre y satisfecha.

- Aunque quizás pudiéramos nadar un rato primero –cambié de planes cuando bajé la vista y me vi envuelto en arena y sudor. Rió un poco al verme y nos pusimos de pie para salir de la cueva, que me había cambiado la vida, y acercarnos al mar.

Estaría por siempre en deuda con ese lugar. Me había traído hasta ella, y había hecho que se fundiera a mí en cuerpo y alma. Ahora estaba atrapado y feliz de entregar mi libertad. Porque sabía que jamás dejaría de amarla. Aunque no pudiera decirlo en voz alta, aunque no quisiera estropear el momento abriendo mi bocota, sabía que la amaba con cada parte de mí. Y no descansaría hasta que ella sintiera lo mismo.
------------------------♥------------------------
Jeje, espero que te guste mi Alpha, de verdad te quiero muchísimo. Me cambiaste la vida, muy feliz cumple! espero que todos tus deseos se hagan realidad. Wow, que cursi que sonó eso! Pero bué... jajaja, así salió. Muchos besos!!!!

domingo, 25 de octubre de 2009

Fiesta Sorpresa - Capítulo XI: “Intercambio entre clanes”

Disclaimer: La mayoría de los personajes son de Stephenie Meyer, y muchos otros son mis versiones de ustedes, mis NTLS! Jajaja!

Summary: Somos el clan latino, y Joy está por cumplir años... hay que organizarle una fiesta, pero a quién podemos invitar??? (adivinen!)

Advertencia: Rating M


Capítulo XI: “Intercambio entre clanes”


Alec’s POV

- Joy. Volvió a decir la criaturita- Y no sólo ella. Naty y Kokoro los perseguirán hasta el fin del mundo.

La Tierra pareció moverse debajo de mis pies. ¿Por qué justo tenía que nombrar a esa arpía? Una misión exclusiva para reclutar a los mayores talentos del mundo, y resulta que el almuerzo es su pequeña amiguita. Mataría a Alice por no anticipar que en la reunión habría lobos. No me importaba lo apegado que estuviera Aro a ella. Sus visiones siempre tenían “fallas” cuando se trataba de mí. Si lo hubiéramos sabido, hubiera sido fácil darnos cuenta de quiénes eran estos. Junté todo mi auto control para sonar tranquilo.

- Vamos James. Déjala en paz.

James gruñó haciendo eco de mi irritación.

- Ya me oíste. Vamos. –Intenté controlarme y sonar autoritario. Lo miré de reojo para asegurarme de que me seguía.

- Tienes suerte, niña. ¿Y qué harás con los otros?

- El efecto les durará lo suficiente para que nos alejemos unos kilóme… -me quedé helado. Había vivido por incontables siglos, y nunca había visto bellaza tan esplendorosa como la de la vampiresa que permanecía quieta bajo mi poder. Intenté no tartamudear- ¿y esa quién es?

Me acerqué bastante para verla en detalle. Sus rasgos me llamaban como nunca antes me había pasado. Su cuerpo, agazapado y preparado para saltar, me llamaba a gritos. Sus ojos avellanados –ahora ausentes- me atraían como imanes, a pesar de ser de un antinatural tono dorado.

- Por favor, no la lastimen. –Susurró una de las pequeñas, dudosa de pronunciar las palabras que salían de sus labios. No era la del clan de Joy, supuse que sería una protegida de las vampiresas. Usé la voz que empleaba para tranquilizar a los humanos cuando acompañaba a Heidi a alguno de sus viajes de pesca.

- No lo haré. Sólo quiero saber su nombre –no despegué mis ojos de la figura que me había cautivado. La humana vaciló, pero sabía que la había convencido. Nadie podía resistirse a nosotros cuando eso era lo que nos proponíamos.

- Angy. –Soltó dudosa. Sonreí y asentí con la cabeza.

- James, cambio de planes. Me quedo con la chica.

- ¡No! –Escupió la humana- ¡Dijiste que no la lastimarías!

Debía admitir que la niña tenía agallas.

- Bien. Más diversión para mí. –Me contestó James haciendo caso omiso de la chica.

Nos paramos en frente de ellos, un poco más lejos de lo que estábamos antes, y dejé que la niebla -invisible para todos menos para mí- se desvaneciera lentamente.

El lobo tomó aire y cayó de rodillas al piso. Qué débil. Sólo había dejado de respirar por unos minutos. No más de cuatro o cinco. Era increíblemente fácil de derrotar. Las mujeres, por otro lado, no se dieron ni cuenta del lapso en que las había “desconectado”. Angy completó su salto. No me había dado cuenta hasta ahora que estaba parado exactamente en la trayectoria de su caída.


Azul’s POV

De pronto, el lobo cayó al piso como si se hubiera ahogado. Lo miré por una milésima de segundo y luego volví a fijar mi vista en los enemigos. Angy había saltado derribando a uno, y el otro tenía las manos levantadas, flexionando los dedos indicándome que me acercara. Me estaba retando a pelear.

- ¡Perro! ¿Estás bien? –grité sin apartar la vista de James. El lobo asintió- ¡Pues saca a mi hermana de aquí! ¡Ahora!

Lo vi levantándose antes de salir corriendo detrás del vampiro.


Seth’s POV

¿Qué rayos? Me desplomé en el piso, sin aire, intentando respirar como si hubiera estado bajo el agua por demasiado tiempo.

- ¡Perro! ¿Estás bien? –asentí. Me parecía que ahora estaba bien. Podía respirar correctamente, a pesar de tener la sensación de que el aire no me alcanzaba- ¡Pues saca a mi hermana de aquí! ¡Ahora!

Tenía razón. Debía levantarme. La otra humana me importaba, era inocente, pero lo que me obligó a levantarme fue el fuego que me recorrió desde el hombro cuando la mano de Robin se posó ahí. Un pensamiento se repitió como eco por mi cabeza: Debía sacar a Robin de aquí. Me levanté como si nada me hubiera pasado. Me sentía totalmente repuesto de lo que sea que fuera que me había pasado.

- ¿Seth? –Su voz sonaba angustiada mientras que por el rabillo del ojo me aseguraba de que la vampiresa tuviera controlado al chupasangre. Lo tenía inmovilizado y parecía estarle hablando por lo bajo. No me preocupé por lo que estaban diciendo. Mientras no se le escapara, por mí estaba bien.

- ¿Están bien? –Pregunté en plural pero mirando a Robin a los ojos. Ambas asintieron y les pregunté si podían correr. Faltaban unos dos o tres kilómetros para llegar a la casa. A la manada. Comenzamos a correr, pero ellas no lo hacían lo suficientemente rápido. Y yo no planeaba dejarlas atrás. Cualquier vampiro podría alcanzarnos en cuestión de segundos.

En esta forma podría llevar a una, pero dudé que la otra pudiera sostenerse bien de mi espalda. Sin embargo, debía hacer el intento. Cuando nos alejamos un poco, me paré en seco.

- Esperen, esperen. –Ambas se detuvieron. Señalé a la chica bajita- Tú. ¿Cómo te llamas?

- Violeta. –Asentí.

- ¿Crees poder sostenerte de mi espalda?

- Si, lo hago todo el tiempo con mi hermana. –¿Su hermana? Entonces no le había escuchado mal a la otra. Eran hermanas. Una vampiresa y una humana. Sacudí la cabeza. No era el momento para ponerme a cuestionar el árbol familiar de la gente que había salvado al amor de mi vida.

- Bien. Sube. –Le indiqué dándole la espalda. Miré a Robin, y parecía que iba a explotar de la rabia. Su cara estaba roja y sus puños apretados, a pesar de que su expresión era controlada. Casi estratégicamente ausente. Sonreí. Parecía celosa, y adoré la idea.

Me agaché un poco mientras Violeta se trepaba a mi espalda, y luego extendí los brazos hacía Robin.

- ¿Puedo? –Su boca se abrió y su cara se tornó todavía más roja. Afirmó con la cabeza. La tomé en brazos, como a un bebé, intentando ignorar el fuego que me provocaba su piel, y comencé a correr. Era uno de los que más rápido corría en la manada. Como lobo estaba cerca de igualar a Jake, y como humano casi podía alcanzar la velocidad de un vampiro.


Angy’s POV

Caí encima de uno de los vampiros, a pesar de que había calculado caer detrás, para rodearlos. De todas formas, lo inmovilicé, apretando sus brazos con las manos, apretándolo contra el piso. También impedía que moviera las piernas, porque me había puesto a horcajadas sobre su cadera, para que no pudiera escaparse.

- ¿Qué buscan? –Le exigí.

- Somos parte de los Volturi. –Dijo tranquilo. Demasiado tranquilo.

- Eso no contesta mi pregunta. –Repliqué con tono seco.

- Sí lo hace, estamos en una misión. Reclutamientos y esas cosas.

Sonaba relajado. Y parecía relajado. Ví por el rabillo del ojo como el lobo recuperaba la cordura y se llevaba a Violeta de aquí.

- ¿Y qué querían con la parejita?

- Comer. –Dijo simplemente-. Que yo sepa no es contra las leyes alimentarse de humanos –hizo una pausa-. Lo que sí es ilegal es atacar a alguien de la guardia Volturi.

Dudé ante la posibilidad de que me descuartizaran, pero no aflojé mi agarre. No quería que se me escapara. Sacudió la cabeza y calló la capucha que le cubría parte del rostro. Tomé aire. No lo había notado, pero el chico era de verdad hermoso. Sonrió levemente al notar mi expresión.

- Te ordenaría que te movieras, pero –movió sus caderas debajo de las mías, restregándose contra mí- estoy bastante cómodo.

Lo sentí apretándose contra mí y se me hizo agua la boca. El bulto en sus pantalones se notaba duro y ansioso. Me mordí el labio. No solo era increíblemente atractivo, sino que no tenía ningún problema para decir lo que quería… y eso me volvía completamente loca. Me aseguré de reojo que el lobo ya hubiera desaparecido de mi vista. Sacudí un poco la cabeza. Quizás fuera un vampiro persuasivo, o algo así. Definitivamente sabía cómo persuadirme a mí.

- Ya puedes soltarme, por cierto. No planeo ir a ningún lado.

Dejé de apretar las manos, pero no las moví de sus brazos. Me gustaba sentir sus músculos bajo mis dedos a través de la tela.

- ¿Quién eres? –Le pregunté intentando mantener el mismo tono de antes. No tuve mucho éxito.

- Alec. A tus órdenes para cualquier cosa que necesites –se incorporó y mis manos se resbalaron de sus brazos. Su boca se acercó a mi oído. Debería detenerlo. Era peligroso dejar que se acercara así a mi cuello, pero no me podía mover-. Y me refiero a cualquier cosa –susurró haciendo que el aire que escapaba de su boca chocara contra la piel de mi cuello. Me estremecí y apreté mi entrepierna contra la suya instintivamente.

Gruñó y volvió la cara para estampar sus labios contra los míos. Sus movimientos eran seguros, su lengua me invadía ansiosa, jugando con la mía. Besaba como alguien que había tenido siglos de practica.

Sentí cómo sus manos se movían para meterse por debajo de mi abrigo y tiré los brazos para atrás para que pudiera quitarlo.

Hice lo mismo con su capa, para dejar al descubierto una camisa blanca que quedaba perfecta con los jeans que llevaba. Me llamó la atención lo moderna que parecía su ropa. La capa parecía ocultar un atuendo de estilos del siglo pasado.

Lo sentí aferrándose a mi camisa por los lados, preparándose para arrancarla. Abrí los ojos y puse mis manos en las suyas.

- No. Tengo una reputación que mantener. –Sonrió de lado soltando los puñados de tela.

- Como prefieras. –Volvió a besarme mientras sus dedos ágiles soltaban los botones de mi camisa. Hice lo mismo con la suya, ¿Cómo se vería si el guardia de los Volturi volvía medio desnudo a encontrarse con su compañero?

Me rodó por el piso con fuerza, sin separarse de mis labios, y posicionándose sobre mi cuerpo de forma que quedara ligeramente suspendido sobre sus rodillas. De todas formas, se las arreglaba para pegar su boca a mi cuello. Sentí que debía hacer algo, evitar que se paseara por lugares tan arriesgados como mi cuello… pero los gritos de mi cuerpo aturdían a mi cabeza.

Mientras una de sus manos me movía entre la camisa –ahora abierta- y mi cintura, la otra bajaba por mi estómago hasta llegar a los botones de mis jeans. Noté que los bajaba y subí la cadera para hacerlo más fácil. Se alejó para sacarlos por completo, y luego volvió a besarme, esta vez, apretándose completamente contra mí. Gemí cuando sentí presionándose contra mí, y volví a voltear nuestros cuerpos para quedar sobre él de nuevo.

Esta vez se incorporó para quedar sentado debajo de mí. Bajé mi mano como rayo a sus pantalones y los desabotoné en menos de una milésima de segundo, liberando lo que me esperaba.

- Esto no lo necesitas para tu reputación. –Dijo mientras arrancaba por un costado de mi cadera la ropa interior de encaje rojo que había escogido anoche, antes de salir. Me estremecí y me erguí sobre mis rodillas para sentirlo jugueteando en mi entrada. Apenas mis senos estuvieron al alcance de su boca, su lengua se encargó de jugar astuta con mis pezones, rodeándolos y apretándolos entre sus labios.

Me dejé caer para sentirlo completamente dentro de mí de una sola vez. No había tiempo para arrumacos, debíamos ser rápidos, por si su compañero volvía del bosque. Levanté la vista hacia allí. Preguntándome por primera vez cómo estaría Violeta con el vampiro que acompañaba a mi amante de ensueños. Se me retorció el estómago por pensar que él era del clan enemigo. Éramos de clanes enemigos, con fines y creencias totalmente opuestos.

Pero Alec notó mi vacilación, y puso sus manos en mi cintura, empujándome hacia abajo y haciendo que me apretara más contra él, y que perdiera el hilo de mis pensamientos. Me estremecí y comencé a moverme rápido, haciendo círculos con la cadera al tiempo que subía y bajaba sobre él.

Sentí sus manos moverse por mi espalda, subiendo hasta enredarse en mi cabello. Tomó dos puñados de él, y tiró hacia atrás para que mi cara quedara mirando el cielo y poder regresar su lengua a mis pechos, moviéndose de uno a otro en el momento perfecto.

Me estremecí y aumenté la velocidad por su rudeza, su desesperación. Bajé el ritmo cuando comencé a venirme, mordiéndome los labios y cerrando los ojos, pero no era sólo la cabeza lo que me daba vueltas. Cuando abrí de nuevo los ojos, estaba de espaldas en el piso, Una de sus manos inmovilizando mi brazo, justo como yo había hecho antes con el suyo. Lo vi embistiéndome más duro que antes, más rápido de lo que yo lo hacía, clavándose en mí una y otra vez, entre gruñidos y gemidos desformados.

No tardé casi nada en venirme de nuevo. Sabía lo que hacía. Supuse que decía mandarles notas de agradecimiento a todas las demás vampiresas con las que había practicado. Sonreí cuando su rostro se contrajo por el placer y cerré los ojos para concentrarme en la satisfacción de sentirlo viniéndose dentro de mí. Cuando volvió a respirar, lo hizo de forma acelerada e irregular. Se sostuvo sobre sus brazos y apoyó la cara en mi hombro, no besándome ni nada por el estilo, sólo intentando recuperar el uso de sus facultades mentales, así como yo intentaba desesperadamente encontrar las mías.

Después de unos segundos, giró y cayó a mi lado, sobre su capa. Me quedé quieta un momento, hasta que sentí que mi entrepierna dejara de arder por su ausencia y luego estiré el brazo para buscar mis pantalones.


Edward’s POV

“De acuerdo, ya no escuches las mentes de los demás”. La frase resonaba en mi cabeza como música para mis oídos. Por primera vez desde que tenía memoria, el constante murmullo que permanecía como música de fondo en mi cabeza, había desaparecido. No percibía las mentes de los invitados de abajo, pero si seguía escuchando la de Joy. Era increíblemente relajante, y tenía una sensación de privacidad que nunca había sentido antes.

Tenía la idea de estar metido bajo el agua, o en una burbuja que me separaba del resto del mundo. Nunca había sido tan feliz. La única mente que me interesaba escuchar era la única que se apreciaba melodiosa por mi cabeza, preguntándose ahora, si su orden había surtido efecto o no.


Joy’s POV

A penas le ordené que no escuchara a los demás, Edward se quedó quieto, muy quieto. Parecía querer concentrarse en algo muy específico. Por un momento, a pesar de saber que era imposible, me pregunté si mi poder tenía tales alcances como los que él profesaba. De verdad era una locura que pudiera anular las habilidades de los demás vampiros. Era cierto que nunca lo había intentado, pero es que nunca se me había ocurrido que pudiera ser posible.

Me mordí el labio cuando paseé la vista por el cuerpo desnudo e inmóvil de Edward, en tal serenidad, se veía como una estatua tallada por los dioses. Edward comenzó a sonreír, y me pregunté si era por la falta de voces, o por mi babeo mental.

- Un poco de los dos –me dijo volteándose para apoyarse sobre su codo y mirarme a la mente.

- Entonces todavía me escuchas –asintió pensativo.

- Sí. Pero sólo a ti te escucho. Creo que tiene que ver con el hecho de que dijeras “las mentes de los demás”. Cómo si eso te hubiera excluido de la oración, o algo así.

- ¿Entonces no escuchas a nadie abajo? –comencé a sonreír un poco mientras negaba con la cabeza.

- No. –pareció confundido, pero luego una sonrisa torcida hizo que olvidara lo que le acababa de preguntar- Nunca había sentido tanta… intimidad.

Se movió más cerca de mí, y me dejó sin aliento con un beso profundo y despreocupado que no se parecía en nada a los anteriores. Ahora sólo se concentraba en mí, en nosotros, en lo que pasaba dentro de esta habitación.

Desafiando al destino

Por Tini Black

Nota: Es mi primer fic no sean crueles conmigo =P espero que lo disfruten tanto como yo lo hice al escribirlo… dedicado a Naty C y mi mejor amiga LiiQanLu

Sumary: Nuestros cuerpos irradiaban luz propia. Éramos dos volcanes apunto de hacer erupción, el era mio y yo era de el, hasta que el destino nos alcanzara.

Disclaimer: Todos los personajes son de Stephenie Meyer y la historia es de Tini Black

Desafiando al destino

Caminaba por el bosque dirigiéndome a casa. Definitivamente Seth se debería de considerar muerto. Era una estúpida por dejarme convencer de ir a la fiesta de Paul, ni siquiera me caía bien como para asistir, pero mamá no dejaría ir a mi hermano si yo no lo acompañaba, según ella me faltaba “socializar”, y es lo que menos quería si por mi fuera viviría años luz de la Push. Estaba apunto quitarme ese horrendo vestido y entrar en fase…

-¡Oh vamos Leah! ahí mejores opciones con las cuales puedes canalizar tu furia, pensé que tenias mejor imaginación- rio por lo bajo

–¡Muérete Jacob!- reconocería esa risa en cualquier parte, y aunque era de noche pude ver bien…(gracias a mis sentidos desarrollados) sus dientes asomándose en una sonrisa perfecta –Juntarte con vampiros te hace mal niño, ya hablas como ellos

-¡Touché!, un golpe bajo Leah- rio aun más fuerte de lo normal –pero lo de niño no te lo paso. ¿Quién es la que se comporta como niña en plena rabieta?. Ya deberías haberte acostumbrado a ver a Sam con Emily – me regreso el golpe

-Sabes Jacob cerca de la playa hay un acantilado. ¿Por qué no te tiras por ahí?- en realidad no quería que se fuera, solo trataba de defenderme pero era verdad lo que me decía. Ver a Sam feliz con Emily me partía el corazón, porque en algún momento yo me imagine siendo ella. –es… es solo que no me esperaba lo del bebe-.

-Lo siento Leah, se lo difícil que es para ti llevar esto y te entiendo como no tienes una idea- su sonrisa se borro y yo deseaba ir a abrazarlo.

Desde que Bella supo que estaba embarazada los Cullen optaron por irse a Brasil. Jacob quedo devastado, yo trataba de hacerlo reír con mis sarcasmos o por lo menos que peleara conmigo para que dejara de pensar en ella, pero nada funcionaba. Después me di cuanta que algo en mi había cambiado y es una de las cosas que tengo que agregar a mi lista de “Las estúpidas cosas que hace Leah”. Me enamore perdidamente de Jacob Black. Nada de imprimación, solo amor a la antigua… como siempre debe de ser.

-No supo valorar lo bueno que eres Jake- ¡Demonios! ¿Lo dije en voz alta?
-¿Jake?- alzo la ceja, se miraba tan sexy, trataba de idear un plan para salir de mi apuro, pero no llegaba nada a mi cabeza– De verdad que te afecto la escena en casa de Paul ¿no?, pero es cierto, soy demasiado para ella – me encanto su tono de autosuficiencia y soltó de nuevo esa risa que tanto amaba
-Cuidado Jacob no queremos verte morir por derrame cerebral, el ego se te esta subiendo demasiado a la cabeza- me encantaba pelear con el

-¡Leah!, ¿Cuándo aceptaras que te gusto? – ok, eso me tomo por sorpresa

-¿De que hablas?

-Veo la forma en la que me miras cada vez que me salgo de fase, hay deseo en tus ojos- una leve sonrisa se asomo por sus labios

-Oh, vamos Jacob, no te miro diferente a como lo haces tu- lo dije como si fuera lo más obvio del mundo, pero me fije en su mirada no le parecía nada gracioso lo que le decía, ¿Acaso el?

-Si Leah es lo que estas pensando, me gustas, no solo eso –bajo la mirada y sus mejillas se tornaron un poco rojas, y eso hizo que las mías estallaran por el calor que subió hasta ellas.

–Creo que estoy perdidamente enamorado de ti, nosé como paso solo se que quiero estar contigo – me tomo de la cintura, y pego su frente a la mía, era una sensación inigualable el solo contacto de su aliento con mi piel, me incitaba a mas pero no quería apresurar las cosas.

-Estoy apunto de besarte, pero no se si me mataras cuando lo haga o tendré suerte y corresponderás- mi cara iba a explotar de lo roja que estaba, agradecí mi color bronceado y la caída de la noche para que el no notara una nueva faceta de mi

-¿Te gusta la aventura no Jacob?, pues ¡hazlo!, aventúrate en mis labios- sonrió de lado y acortamos la distancia que había entre nosotros…

Nuestros labios se juntaron, no era un beso apasionado más bien uno lleno de ternura. Fue simplemente mágico. Jacob había cambiado el rumbo de mi vida dándole el toque especial que realmente necesitaba. Separo sus labios después de un rato

-Este primer beso, fue como una gota de miel en mis labios, ahora lo tengo comprobado Leah, termine de enamorarme- mi temperatura subía con cada frase que salía de sus labios, pero me termino por matar con lo que me dijo después

-Dame la oportunidad de ser parte de tu vida- estaba totalmente anonadada me sedujeron sus palabras, me conquistó su mirada tierna y apasionada.

Seguíamos con las frentes juntas

–Mírame a los ojos Jake, no juegues conmigo, -¡Nunca! (dijo mirándome)- ¿Enserio estas dispuesto a enfrentar a todos por lo que sentimos?

-Si estamos juntos veras que todo será mas fácil- Entrelazamos nuestras manos en silencio

– Tienes mi alma en tus manos Jake – suspire me había desarmado por completo, pero en verdad quería estar con el, ser de el.

Sus manos de fuego me tocaban y hacían un recorrido lento por mi cuerpo, sus labios viajaban por el surco de mi cuello reí por lo bajo

-¿Qué pasa?- Pregunto con timidez

-Encontraste mi punto débil- dije entre risitas.

Independientemente de la temperatura que ya de por si era elevada, nuestros labios se juntaron en una guerra de lenguas. Nuestros cuerpos irradiaban luz propia. Éramos dos volcanes apunto de hacer erupción, lo deseaba en ese momento, pero no quería asustarlo con mi desesperación. Sus manos se posaron debajo de mi falda y por primera vez en la noche bendije que mi madre hiciera que llevara un vestido a la fiesta. Inicio un viaje a mi intimidad y toco solo por fuera

-Estas un poco excitada- me sonroje al instante, sabia que había notado que ya estaba más que lista para lo que sea que viniera

-Ten la seguridad que es por lo que provocas en mí- sentí su sonrisa en mis labios
Me elevo un poco del suelo. Nuestros sexos se rosaron por una milésima de segundo y aun con la ropa de por medio la sensación de placer y lujuria se apodero de mi con el solo contacto del futuro dueño de mi placer. No podría resistir mas, tenía que hacerme suya en ese momento. Por reflejo mis piernas se enrollaron en sus caderas y lo pegaba aun más a mi cuerpo. Estaba completamente excitadísima y por lo que alcancé a notar, él también, besé el lóbulo de su oreja, gimió.

-¡Le…ah!-

-¿Qué? –Lo mire a los ojos -adivinare ammm… ¿punto débil? –asintió, sonreí, y seguí con mi trabajo

-Me quieres volver loco ¿verdad?

-No tanto como lo quieres tú, ¿Qué estas esperando para hacerme tuya?

-Solo que me dieras permiso, es bueno tener un poco de autocontrol en estos momentos-
Sentí como mi ropa interior desaparecía de un jalón. Sus manos viajaban por aquellos rumbos ya por mucho olvidados

-No me parece justo que aun tengas la mitad de la ropa- solté un puchero, era estúpido yo haciendo esas cosas

-Eso se puede arreglar- sonrió -no puedo creer que hoy que ando vestido de fiesta termine mi ropa tirada en el bosque- En un movimiento rápido me levanto y se quito el pantalón y los bóxer, al mismo tiempo que la polera.

-¡Vaya que eres rápido!– (es lo que provocas en mi), imito mis palabras de hace un rato.
Bajo su mirada y lo seguí igual solo para darme cuenta de lo excitado que estaba, no podría creer que ESO podría entrar en mi.

Me puso a la altura de sus ojos y nos quedamos con las frentes encontradas

-Soy nuevo en esto-

-Lamento corromper tu inocencia- reí por lo bajo

–No te burles- suspiro -no lo quiero arruinar- cerro los ojos

Tome su rostro en mis manos -Se que lo harás excelente mi lobito, un Alpha sabe hacer las cosas bien, y si no ¿Para qué tienes a tu Beta?- y le di un beso en la comisura de los labios
Una línea de blancos dientes se vio en la obscuridad del bosque, lo que hubiera dado por ver con claridad esa sonrisa. Me vio como pidiendo permiso, yo solo asentí mordiéndome el labio inferior.
En una sola embestida ya estaba dentro de mí, solté un gemido de placer, y el paró al instante lo mire a los ojos y su mirada estaba llena de culpa, preocupación y tristeza; quizá se había arrepentido. Intente seguir con el vaivén de caderas pero él seguía estático.

-¿Te arrepientes?- pregunte temiendo a su respuesta

No respondió nada, se limito a besarme los hombros con ternura. En una milésima de segundo los besos eran cada vez más intensos conforme nuestras caderas se juntaban en un mar de lujuria, mi espalda se arqueo con el contacto de sus labios en mis senos. Sonreía como una boba y él se daba cuenta de la satisfacción que me causaba. Centímetro a centímetro sentía como su miembro tocaba las paredes de mis entrañas con suaves embestidas, que yo hubiese querido que fueran intensas. Me perdí en el momento en que caímos sobre un montón de hojas simulando una cama improvisada. Trate de girarme y tomar el control de la situación pero el simplemente no me dejo. Sentí como salía y entraba en mí. Me incorpore quedando sentada sobre su miembro. Comencé a cabalgar envuelta en fuego, un gruñido salió de su boca, estábamos disfrutando aun más el uno del otro. El placer era cada vez mayor, un placer jamás sentido.
Mis músculos comenzaron a tensarse señal que estaba a punto de llegar a la cima, y él me estaba ayudando bastante al aumentar el ritmo de sus embestidas. El orgasmo no tardo en hacer acto de presencia y con él un sin numero de sensaciones deseo, pasión y lujuria, aprisiono mis labios ahogando mis gemidos. Segundos después alcanzamos a tocar el cielo juntos, la sensación de placer fue aun mayor cuando se vino dentro de mi, nada me hacía mas feliz en ese momento que hacerlo feliz a él. Me beso tiernamente mientras me acariciaba...

Mis brazos sujetaban su espalda intentando que este momento jamás se me fuera de las manos, hubiera querido tener derecho sobre él y que nunca se alejara de mí. Esta noche los dos comenzábamos a crear un mundo nuevo, su cuerpo unido al mío, nada podría ser mejor. Un ritual mágico de dos seres mitológicos había llegando a la cúspide en ese momento.

Nos quedamos un tiempo abrazados sin decir nada, después de lo que habíamos hecho las palabras sobradaban…

-Vaya que me hiciste canalizar mi furia en otra cosa- reímos al recordar como había comenzado todo esto

-Digamos que esto es menos dañino y más placentero- rompimos en risas de nuevo, pero había algo que no me dejaba en paz

-¿Jake? –

-mmm…-

-¿Qué pasara con nosotros cuando imprimes?- no podía evitar preguntar eso, esta noche había sido la mejor de mi vida y no quería que solo quedara como un recuerdo, necesitaba saber que seguiría conmigo

-¿Siempre tienes que arruinar todo Leah? –Reímos al mismo tiempo, -No pensaremos en eso por mucho tiempo, si es necesario te secuestrare, y viviremos como ermitaños alejados de la civilización, por ahora solo disfrutaremos del tiempo que dure- me miro a los ojos- Ya conteste yo, ¿y si imprimas tú?

-Entiende esto Jake, jamás te dejaría, no imprimaría de nadie teniendo al mejor hombre a mi lado- vi en sus labios una gran sonrisa, era verdad lo que decía, me sacaría los ojos si fuera necesario para no ver a nadie mas

-¿Puedo hacer una pregunta más?-

-¿Sera tan estúpida como la anterior?-… -No se como lo vayas a tomar, pero es una duda que tengo- … -¡Bien!, suéltalo-

-¿Por qué paraste la primera vez que entraste en mi?, ¿Dudaste en algún momento de lo que hacíamos?- suspiro fuertemente

-Esas son dos preguntas- encogí los hombros como si no me importara y el volvió a suspirar, -Pensé que te estaba haciendo daño- quería soltar a reír pero su seriedad hizo que no lo hiciera
-Eres un tonto Jake. Jamás me harías daño, que no lo recuerdas… Soy una licántropa- bese su frente y el frunció el ceño

-No Leah, en el momento en que decidí hacerte mía, para mi eras una mujer, mi mujer, y me enfermo el solo pensar que podía dañarte. Y aunque quería parar la forma en la que intentaste llevar el control de las cosas termino con la poca cordura que me quedaba. Te amo Leah.- me quede totalmente idiotizada por sus palabras, aun que pudiera decirlas no creo que saliera nada coherente.

Sus manos comenzaron a recorren mi espalda desnuda a la luz de la luna y un beso llego a mi como ráfaga de viento

-También Te amo Jacob- sentí su sonrisa bajo mis labios y el volcán de fuego crecer de nuevo casi explotando, obligamos a nuestras manos a recorrer arduamente nuestros cuerpos buscando ansiosos aquel placer que ya habíamos sentido al hacer que nuestro volcán estallara en lava.
Quizá esta noche seria la más larga de mi vida, pero sin duda alguna, la mejor, llegaremos al éxtasis de nuevo, y seré tuya y tu mío. Hasta que el destino nos alcance.


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Ahora si el momento de la verdad, tomatazos, reclamos lo que sea ya saben dejen su comentario, se los are llegar a mi mejor amiga Lii porque ella tiene la culpa de que yo escribiera, la envidia me corroía porque ella ya tenia un fic jaja (te amo menza) =P, ¿ya les dije que era mi primer fic?, =P me atengo a las consecuencias todo por querer pertenecer al GRANDIOSO grupo de las mayores Lemmoneras del mundo =D… NTLS

Naty, mil gracias por todo tu apoyo, se que no soy la mejor en esto pero por lo menos lo intente, ¿merezco entrar no?

Tini Black

martes, 13 de octubre de 2009

Fiesta Sorpresa - Capítulo X: “La Competencia”

Disclaimer: La mayoría de los personajes son de Stephenie Meyer, y muchos otros son mis versiones de ustedes, mis NTLS! Jajaja!

Summary: Somos el clan latino, y Joy está por cumplir años... hay que organizarle una fiesta, pero a quién podemos invitar??? (adivinen!)

Advertencia: Rating M

Nota: FELIZ CUMPLE MER!!! SORRY POR LA TARDANZA, PERO CREO QUE LLEGUÉ JUSTITO ANTES DE LAS 12 ESPAÑOLAS. TE ADORO!!!!!


Capítulo X: “La Competencia”


Mer’s POV


Este fanfarrón se iba a tener que tragar todas sus palabras. Le probaría que no era una muñequita. Podía vencerlo hasta con los ojos cerrados. Yo estaba que irradiaba rabia. Y él parecía tan relajado, tan confiado. Eso era lo que más me molestaba. Lo seguro que parecía que de que iba a ganarme. A aplastarme, mejor dicho… Pero con esta neófita no era bueno meterse. Y lo iba a entender de una forma o de otra.

- Te vales mucho de tu fuerza, no… ¿como era tu nombre? –Lo recordaba, había estado imaginándomelo sin ropa toda la fiesta, pero no quería darle esa satisfacción. Me miró por un segundo, parecía divertido por la pregunta y luego volvió la vista hacia delante, encogiéndose de hombros.

- No te preocupes, yo tampoco recuerdo el tuyo. –No me contestó-. ¿Y que vamos a hacer? ¿Arrojar piedritas a ver qué tan lejos llegan?

Asentí y le hice un gesto con la mano para que me siguiera hacia el lado opuesto al arrollo. Corrimos un par de kilómetros y luego me detuve cuando creí que estaríamos lo suficientemente lejos de cualquier tipo de civilización. Después de todo, no quería que a algún pobre desprevenido le agujereara la casa una piedra voladora.

- Creo que aquí estará bien. –Le comenté.

- Ah, bien. Creí que seguirías corriendo por siempre para evitar que te ganara, princesita.

Me hirvió la sangre y lo atravesé con la mirada. Otra vez tenía ganas de hacerlo pedazos. Apreté los puños, conteniendo la necesidad de golpearlo y le hablé a través de los dientes.

- ¿Quieres empezar tú?

Asintió y tomó una roca pequeña, como del tamaño de un balón de playa.

- ¿Cómo las distinguimos? –Me preguntó. Me acerqué y con la uña tallé un “1” en la superficie de la roca. Tomé una del piso de aproximadamente el mismo tamaño e hice lo mismo, tallando ahora el número “2”. Se rió y me dijo en tono burlón:

- Veo que sabes quién es el número uno. –Sentí como mis ojos se oscurecían por la ira. Pero no debería matarlo. O eso continuaba repitiéndome.

- Sólo lánzala. –Casi le gruñí. Sonrió de nuevo y luego lanzó la piedra lo más fuerte que pudo. Llegó a varios kilómetros de distancia. Por suerte había calculado bien la extensión de bosque como para que no matara a ningún humano. Sonrió, claramente satisfecho con su lanzamiento.

- Tu turno. –Me indicó con esa sonrisa de suficiencia mientras palmeaba sus manos quitándose el polvo. Tomé la piedra marcada como “2” y la lancé en la misma dirección, lo más fuerte que pude.

- Bien. Ahora busquémoslas. –Le dije una vez que vi que mi tiro era mejor que el suyo.

Comenzamos a correr de nuevo, adentrándonos más y más en el bosque. Cada vez todo se volvía más oscuro y frondoso, claro que eso no nos dificultaba en absoluto seguir la trayectoria de las rocas que habíamos trazado en nuestras mentes. Varios kilómetros más adelante, cuando creímos llegar al trozo de bosque en el que era posible se hallaran, hablamos de nuevo.

- Separémonos un poco, tú ve unos diez metros más allá. –Me dijo sin dejar de correr. Detesté obedecerlo, pero era una buena idea. Varios cientos de metros después, me topé con lo que buscábamos y paré de correr.

- ¡Hey! –Lo llamé. Frenó y volteó hacia mí.- Encontré la mía.

Se acercó a paso casi humano mientras yo me agachaba para recoger un pedazo de roca.

- No creí que la hubieras arrojado tan cerca. Que desilusión. –Me sonrió. Esta vez, le devolví la sonrisa, una malévola y calculadora.

- ¿Ah, si? Pues creo que tú tampoco llegaste tan lejos. –Le contesté arrojándole a las manos el trozo de piedra que había levantado. Tenía grabado un “1”. Lo miró por unos segundos y luego prestó atención al montón de rocas que había en el piso. Al parecer, la mía había caído sobre la suya, y ambas se habían destrozado con el golpe.

- Esto no prueba nada. –Levanté una ceja. Ahora seguro me decía que todas las rocas tenían tallados números.- Seguro lo hiciste mientras no te miraba.

- ¿Disculpa? –le dije indignada y levantando la voz.

- Si, no te preocupes, te disculpo. Pero debemos hacerlo de nuevo, muñequita. Esta vez te tendré vigilada. No quiero que hagas trampa otra vez.

Esa fue la gota que derramó el vaso. Si me quería provocar, definitivamente lo había logrado. Que me llamara tramposa no era de las cosas que pensaba soportar.

- Mira, niñito de crecimiento exagerado. No se quien te crees que eres, pero a mi nadie, repito: nadie, me llama tramposa. Puedo ser muchas cosas, pero el hecho de que no puedas aceptar que te ganó una “muñequita”, no quiere decir que yo deje que tú hagas trampa pidiendo que lo hagamos de nuevo.

Me le había acercado, y reforzaba mis palabras golpeando su pecho con el dedo índice mientras las decía. Se rió de nuevo y tiró la cabeza hacia atrás.

- Lo que digas, pero hiciste trampa.

- ¡No! –Mi grito retumbó por entre los árboles y toda mi visión se tornó roja. Emmett saltó hacia atrás como si hubiera sido impulsado por la onda expansiva de una explosión. También escuché como la roca de detrás de mí se quebraba ligeramente por la descarga de poder.

Me quedé helada. ¿Acaso lo había alejado sin tocarlo? ¿Cómo rayos podía hacer eso? Que yo supiera no existía ningún poder para mover cosas a voluntad. Sacudí la cabeza e intenté aclarar la vista para ver a dónde había ido a parar.

Se había estampado contra un árbol enorme, ocasionando que se sacudiera por el impacto. Por primera vez, la sonrisa se borró de su cara. Probablemente por el dolor del golpe, pero no tardó en volver. ¿Qué rayos era lo que le parecía tan gracioso?.

Se incorporó y estiró la espalda hacia atrás, haciendo que su columna crujiera y se acomodara.

- Eso no es justo, no sabía que tuvieras un poder. ¿Cómo rayos hiciste eso? –me preguntó divertido, como si yo lo supiera. Me encogí de hombros y no dejé de mirarlo con furia.

- Más vale que te quedes alejado. -Le advertí.

- Ni lo pienses, preciosura. –Replicó sonriendo de nuevo y acercándose a paso lento.

- Te lo advierto. –Lo amenacé. Se siguió acercando como si nada. Cambié de posición a una de ataque, plantando bien los pies en el piso.

- Te doy dos segundos para que te alejes.

- ¿O qué? –Levanté una ceja, incrédula de que tuviera tan poco instinto de auto conservación.

- O vamos a lamentar la pérdida de los árboles contra los que chocarás.

Se acercó mucho más rápido de lo que creí que fuera posible y me tomó de las muñecas, pegándolas a mi cadera y levantándome en vilo, para inmovilizarme las manos y estamparme contra la enorme roca que tenía detrás.

- Sabes, no creo que lo hagas. –Intenté zafar las manos- No creo que quieras que me aleje.

Le gruñí. Estaba mucho más cerca de lo que cualquiera se hubiera atrevido con una neófita, pero mi cabeza estaba mucho más alta que la suya, ya que seguía sosteniéndome contra la roca para inmovilizarme.

- ¿Y que rayos te hace pensar eso?

- Vamos, Mer… es obvio lo mucho que te atraigo.

Abrí los ojos como platos.

- Así que ahora sí te acuerdas de mi nombre…

- Si, y se que tu recuerdas el mío. –Agregó muy seguro de sí mismo- Haz estado fantaseando conmigo desde que llegué a la fiesta. Y eso no me lo niegas.

Por fin aflojó lo suficiente su agarre como para que pudiera zafar mis manos, pero hacerlo fue una mala idea. En cuanto las saqué sus dedos se pegaron a mi cadera, justo en la línea en que acababa mi blusa y comenzaba mi falda. El tipo sabía lo que hacía. En lugar de alejarlo, pasé mis manos por encima de sus hombros y las apoyé a los lados de su cuello.

Cuando estuvo seguro que no lo estamparía contra nada, se pegó completamente a mi cuerpo y me bajó lento y constante para que quedara a su altura, al tiempo que dejaba que sus manos se deslizaran por mi piel hasta llegar a mi cintura. Se escurrían con mucha seguridad por debajo de mi blusa, haciendo que me estremeciera.

Sentí como se pegaba más contra mí mientras su boca chocaba contra la mía, ruda y sin cuidado. Quizás fuera parte de los cambios de humor, pero era cierto que había estado fantaseando con él desde que lo vi por primera vez, y ahora todo lo que quería era que me tomara, justo ahí y ahora.

Mis pies tocaron el suelo mientras él se doblaba un poco para pegar su boca a mi cuello. Me estremecí cuando su aliento rozó mi oído al soltar una pequeña risa muda y sentí como una de sus manos subía por mi muslo, levantando mi falta con ella. Casi por reflejo, flexioné mi pierna para pegarla al costado de su cadera. Eso pareció gustarle. Se aplastó más contra mí, y sentí cómo la piedra en la que nos apoyábamos se quebraba de nuevo. Si seguíamos así, destrozaríamos todo el bosque.

Cuando volvió a mi boca, su lengua se mezclo con la mía como experta y provocó que gimiera contra sus labios. Gruñó de la forma más excitante posible y su mano continuó subiendo por mi pierna hasta llegar al comienzo de mi ropa interior. La arrancó desde el elástico mientras su otra mano se aferraba a mi cabello, haciendo que arqueara la espala y pegara mis pechos al suyo, que me seguía presionando contra la roca.

Bajé una mano lentamente por su pecho, tanteando sus músculos grandes y definidos a través de la tela, y deleitándome con su marcado abdomen. Bajé más, esperando tantear si estaba provocándolo por encima de la tela, pero para mi sorpresa, ya no había tela. Me quedé helada cuando sentí la piel de su dureza en mi mano, con su cadera estratégicamente colocada para que no la notara contra las mías.

Subí la vista hasta sus ojos, como cuestionándolo.

- ¡Sorpresa! –Sonó como una mezcla entre un susurro entrecortado y un grito desesperado. Volvió a besarme y de nuevo sentí su mano en mi pierna, esta vez bajando hasta toparse con mi tobillo. Me agarró de él, flexionando todavía más mi pierna y apretándola contra sí mismo y entró en mí sin otro aviso que lo que acababa de decir.

Fue increíblemente rudo, casi rozando en lo violento cuando se impulsó para que no pudiera negarme a recibirlo. Un gemido casi estruendoso se me escapó desde lo más hondo del pecho, y me estremecí cuando comenzó a moverse contra mí una y otra vez. Rápido, certero, hábil.

Sólo habían pasado unos segundos desde que habíamos estado discutiendo, así que la excitación no había alcanzado a humedecerme completamente. Y eso hizo que lo sintiera áspero y brusco contra mi piel. La fricción provocó más calor del que pensé podría en dos seres sin temperatura. Y la sensación me envolvió, llevándome a la luna con cada embestida.

Sabía justo en qué punto torcerse para entrar lo más profundo posible, y en qué punto restregar su piel contra la mía mientras lo hacía. Mi otra pierna subió sin que se lo ordenara y ambas se enredaron detrás de su espalda.

Sus embestidas hacían que chocara contra la roca una y otra vez, el ruido atronador definitivamente hubiera alterado a cualquier humano. Noté cómo su mano se apoyaba en la piedra, justo a un lado de mi cabeza, y poco después vi sus dedos clavarse en ella como si fuera mantequilla, usándola para impulsarse con más fuerza.

Aumentó el ritmo cuando mi mano bajó por mi torso para desabotonar mi blusa, y dejar al descubierto mis pechos, que ahora saltaban frenéticos por sus movimientos. No tardó en bajar su boca a ellos, lamiendo y mordiendo mis pezones de vez en cuando. Su lengua jugaba con ellos, alternando entre uno y otra. Y la adoré la sensación. Sentí su boca subir hasta mi clavícula, sin despegarse ni un momento de mi piel.

- Em…mett… -Solté cuando el ritmo hizo que no pudiera respirar correctamente, como si lo necesitara. Sentí el aire golpeando mi cuello y la sonrisa de sus labios contra mi piel.

- Te dije… que lo… recordabas. –¡Rayos! Tragó saliva y se puso serio por primera vez desde que había entrado a la casa- Y te juro que nunca dejaré que lo olvides.

Mientras hablaba, comenzó a chocar contra mí con más fuerza, marcando cada embestida más profunda y lentamente. Sus palabras me enloquecieron. Moví mi cadera, restregándola contra la suya más rápido, sintiendo como se aproximaba el clímax. Me quedé quieta cuando la primera oleada de placer me embargó, dejándome sin habla y sin aliento. Era muy bueno, y lo sabía.

Apoyó su frente contra la roca, entre su mano y mi cabeza mientras bajaba aún más el ritmo, golpeando sus caderas contra las mías y penetrándome aún con la misma intensidad. Sentí como comenzaba a venirse al momento en que me apretaba a su alrededor. El orgasmo me desesperó y mis uñas se clavaron en su espalda, provocando que su gemido por el éxtasis se mezclara con un quejido de dolor, que por alguna razón me excitó increíblemente.

Se quedó quieto apretándome con mucha fuerza contra la roca, y luego de unos segundos se relajó, al tiempo que mis músculos lograban destrabarse.

Tenía razón, jamás olvidaría algo tan salvaje y desesperado. Me mordí el labio y alejó su cara para mirarme. De pronto me parecía increíblemente tierno y su sonrisa amplia no me enojó en lo más mínimo. Sólo provocó que sonriera como una tonta, satisfecha sexualmente y totalmente relajada, por primera vez desde que tenía memoria.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Segunda Parte: El viaje - Prologo

Volví a repasar con mis dedos aquellos abdominales marcados.

Tersos
Sudorosos

Y deseé lamer todos y cada uno con mi lengua. Su cuerpo se movía rítmicamente hacia arriba y hacia abajo, expresando sus ansias de poseerme. Vaticinando lo que nos esperaba a ambos...

Cada parte de mi cuerpo pedía a gritos ser inundada por él.

Mis piernas abriéndose.
Las suyas acomodándose a mi movimiento.

Mi espalda arqueándose desesperadamente.
Su pecho pegándose a ella, acogiéndola.

Agarró mi pelo y me obligó a mirarle, mientras con la otra mano se despojaba de la única prenda que me quedaba.

Jake me dio un último y frenético beso, y comenzó a descender poco a poco con su lengua, hacia mi cintura.

Fiesta Sorpresa - Capítulo VIII: "En el Limbo"

Este es un capítulo especial, con publicación excepcionalmente adelantada y dedicado específicamente a Kokoro. Espero que te guste, sos mi ídola!
Disclaimer: La mayoría de los personajes son de Stephenie Meyer, y muchos otros son mis versiones de ustedes, mis NTLS! Jajaja!

Summary: Somos el clan latino, y Joy está por cumplir años... hay que organizarle una fiesta, pero a quién podemos invitar??? (adivinen!)

Advertencia: Rating M

Capítulo VIII: “En el limbo”


Jacob’s POV

No quería apresurarla, pero ya no lo resistía. Mientras me frotaba contra su entrepierna, a duras penas conseguí no venirme junto con ella. Creo que no lo notó, pero mi mano había apretado la mandarina que comía hasta hacerla pedazos. Y es que en el momento en que dijo mi nombre contra mi mano casi logró que perdiera el control.

Había sido increíble escuchar esa voz agitada y sin aire, sólo por mí. Verla deshacerse en mis brazos cuando yo había provocado que se viniera. Nunca había estado tan orgulloso de mi mismo… Ni tan excitado como lo estaba ahora. Tenía la incómoda sensación de que mi miembro iba a agujerear la tela que lo oprimía. Ni en toda la eternidad podría desear algo tanto como deseaba hacerla mía justo ahora.

Su mano bajó por mi pecho y llegó a tantearme por encima del jean que ahora tanto me molestaba. Tragué en seco y como pude le pregunté si podíamos ir arriba. Parecía que las palabras se me quedaban pegadas en el fondo de la garganta. Me paralicé cuando sus manos se pusieron en mis hombros. Todavía tenía la sensación de que me empujaría para alejarme y se iría de un momento al otro. Y eso me llenaba de pánico.

Mi corazón volvió a latir cuando sentí como enlazaba sus tobillos en mi espalda y pegaba un salto para quedar en mis brazos. Y ni hablar de cómo sentía latir otras partes de mi cuerpo. Con esta posición, se había pegado a mí de nuevo. Eso calmó un poco el fuego que me quemaba por dentro. Sentirla cerca, apretada contra mí era de película. Me indicó con la cabeza la dirección hacia las escaleras. Me moví lo más rápido que pude para subirlas. No veía nada, pero por suerte, no me caí. Este viaje era demasiado importante.

Para cuando llegamos al pasillo su boca estaba en mi cuello, besando y lamiendo mi piel. Cerré los ojos frustrado, había seis puertas y luego el pasillo seguía hacia la izquierda.

- ¿Cual puerta? –musité intentando concentrarme en hablar.

- La tercera a la derecha. –me lo susurró en el oído, y luego se alejó y sopló mi cuello, haciendo que me estremeciera. No me quería hacer fácil mi meta de satisfacerla. Pero lo lograría. Estaba seguro. Era todo lo que quería. Adorarla, complacerla, tocarla, amarla.

Es que eso era lo que hacia: amarla. La amaba con todo mi corazón. Con cada parte de mi cuerpo y de mi alma. Era todo lo que necesitaba. Más que al aire, mas que a la comida, más que a nada, y más que a todo. Ella era toda mi vida ahora. Era simple: la amaba. Las palabras me quemaron en los labios, pero no las dejé salir. ¿Cómo podía decirle a la chica que acababa de conocer hacía dos horas “Hey, por cierto, te amo desesperadamente y quiero pasar la eternidad contigo”? Me tomaría por un loco desesperado patético que sólo lo decía para acostarse con ella.

Me dirigí a la puerta que me había indicado lo más rápido que pude. No le presté atención a la decoración. Podría haber estado parado en el mismísimo limbo, porque todo lo que vi cuando entré, fue una cama. Se me hizo agua la boca. Me acerqué y la dejé caer lentamente sin separarla de mí. Cada parte de mi piel que no la tocaba dolía ante la ausencia del ardor que me provocaban sus caricias.

Pero cuando me alejé lo suficiente para ver su rostro, su ceño estaba fruncido. Me maldije internamente por no haber tomado la oportunidad cuando pude. Ahora era claro que estaba arrepentida. Y si ella no quería hacerlo, no iba a obligarla. ¡Maldición! ¡Debí haber aprovechado mi oportunidad en la cocina! ¿Qué rayos me importaba si alguien entraba?

No, esto era lo correcto. “Si ella no quería, no la obligaría” me repetí una y otra vez. Si este no era el momento, esperaría para siempre por el que fuera el indicado. Me armé de valor y me alejé más para sentarme en la cama, a su lado. Ella se incorporó, cerró su blusa -que ahora estaba rasgada- y se volteó para quedar sentada frente a mí.

- ¿Qué fue lo que sucedió? –empecé, intentando que no se me quebrara la voz.


Joy’s POV

Me desplomé en un extremo de la cama como un saco de patatas, después de venirme por tercera vez en el cuerpo de Edward. Él sólo sonrió y esperó a que recuperara el ritmo normal de mi respiración.

Nos pusimos de costado, para poder mirarnos, y comenzó a pasarme las yemas de los dedos por el costado del torso. ¡Este tipo no se cansaba nunca! Y eso no me molestaba mucho que digamos.

Pero lamentablemente, había una fiesta abajo, y yo era la homenajeada. Teníamos que volver a la Tierra tarde o temprano. Frunció el ceño por mis pensamientos. Yo me reí un poco de su cara y lo besé en los labios.

- Lo siento, pero es cierto. Un strip tease no puede durar para siempre…

- ¡Sí puede!

Lo miré levantando una ceja. Hizo un puchero que me llegó al alma y luego suspiró, arrojándose boca arriba contra las almohadas.

- Bueno, supongo que tienes razón… -admitió después de un rato. Volvió a suspirar y se quedó mirando el techo un par de segundos- abajo ya se preguntan donde estamos.

Claro, estaba escuchando los pensamientos de abajo. Debía de ser muy útil.

- No tanto. –Frunció el ceño- Es más molesto de lo que crees, no se puede… apagar.

Lo miré esperando a que me mirara, pero seguía con los ojos clavados en el techo. Concentrado en lo que pasaba abajo. Lo que decía tenía sentido, no me imaginaba tener un montón de voces en la cabeza todo el tiempo. Deseé poder acabarlo. Regalarle un poco de silencio. Deseé poder hacer que se callaran aunque sea por un momento. Edward se incorporó mirándome con los ojos grandes y expectantes. Intente repasar todo lo que había pensado. Edward puso los ojos en blanco y yo sólo le saqué la lengua.

- Quizás sí puedas… hacer que se callen. –Me explicó.

- ¿Yo? ¿Cómo?

- Fácil. Sólo dime que ya no las escuche.


Jake’s POV

- ¿Qué fue lo que sucedió? –empecé, intentando que no se me quebrara la voz. Bajó la mirada, parecía… ¿dolida? ¿Que rayos había hecho? Respiré hondo para juntar valor. Si ella prefería que me fuera, lo haría. Haría lo que fuera por ella. La adoraba. La amaba más de lo que pensé que fuera posible amar a alguien. Las palabras volvieron a quemarme los labios y de nuevo me mordí la lengua. En su lugar, pronuncié las que más me dolían.

- ¿Prefieres que me vaya? –la idea me partió en dos, pero si me lo pedía, lo haría

- ¡No! –Lo gritó mientras su mano saltaba como resorte desde el colchón a mi pierna y me apretaba con fuerza, como queriendo evitar que me levantara. Si no quería que me le abalanzara en ese momento, quizás debería evitar poner la mano ahí. Sólo a diez centímetros de donde quería que la pusiera.

Gruñí un poco e intenté concentrarme con todas mis fuerzas en lo que acababa de contestarme. Bien, no quería que me fuera. Pero entonces ¿Por qué rayos parecía tan… triste?

- Bueno, ¿entonces que es lo que te sucede? –bajó la mirada de nuevo, pero esta vez no lo soporté, puse mi mano en su barbilla y le levanté la cara para poder verle lo ojos. Me acerqué lentamente y le di un corto beso en los labios.

- Sabes que puedes decirme lo que sea, ¿no? –agregué. Sus manos tomaron un pedazo de su blusa y comenzaron a jugar con la tela.

- Ese es el problema. Hay algo que no me dices –saqué mi mano de su cara- Lo siento mucho, pero sé que hay algo que no me dices y también sé que es algo importante. Muy importante.

Esta vez fue su mano la que se puso en mi cara para obligarme a mirarla.

- Sabes que puedes decirme lo que sea, ¿no? –Repitió mis palabras. ¡Maldita sea! No debí haber dicho eso. No podía decírselo. Sólo eran dos palabras, sólo “Te amo”, no debería ser tan difícil, pero podía imaginármela llamándome loco y yéndose de la habitación. Suspiré, pero no dije nada.

- Bueno, supongo que no puedes. –Dijo en tono seco y alejó su mano. Parecía dolida, triste, rechazada. Como si le acabara de decir que no confiaba en ella. Que no me importaba. Se levantó y comenzó a buscar otra blusa en uno de los cajones de la cómoda.- Quizás deberíamos bajar, no creo que debamos estar aquí, siendo que hay una fiesta aba-

- Te amo. –La interrumpí. No podía haber nada peor que verla marchándose. Suspiré hondo y cerré los ojos mientras hablaba. Quería evitarme la angustia de verla cruzar la puerta. También resistí el impulso de taparme los oídos como un niño para no escuchar el portazo.

- ¿Qué fue lo que dijiste? –me pregunto esa voz, su voz. Todavía seguía aquí. Abrí los ojos y la vi apoyada contra la cómoda, sus manos a los costados, y su blusa rasgada abierta de par en par. Bajé la vista unos centímetros y contuve las ganas de arrancarle el resto.

- Te amo. –le repetí, ahora mirándola a los ojos. Me miró por unos segundos y luego se apresuro hacia la puerta. Cerré los ojos de nuevo. No podía ver esto. Mis manos comenzaron a temblar involuntariamente y deseé estar en el bosque. Deseé transformarme y correr por siempre. El portazo hizo que me sobresaltara, justo como había temido. Tenía que salir de ahí, pero ningún músculo me respondía. Todo mi cuerpo se sentía adormilado, como si no tuviera ni una gota de sangre. Sentí cómo una lágrima se deslizaba por mi mejilla y luego me quedé helado cuando sentí unos labios limpiarla con un beso.

Abrí los ojos, esperando que no hubiera nada, esperando haberme vuelto loco… pero no. Ahí estaba. Mirándome a los ojos con su cara de preocupación a cinco centímetros de la mía.

- ¿Qué te pasa? –Me susurró.

- Creí que te irías. –expliqué mientras negaba con la cabeza.

- ¿Porqué me iría? Yo también te amo. –dijo hablando de nuevo en voz baja, como si fuera lo más obvio del mundo. –Sonreí- Y luego me besó despacio en los labios. Mi corazón se infló al punto de amenazarme con estallar. ¿La había escuchado bien? ¡No podía ser cierto! Cuando asimilé sus palabras la tomé de la cintura y la lancé contra la cama, colocándome encima de ella en el mismo movimiento. Ya no estaba seguro si había sido demasiado brusco, pero sólo digamos que me alegraba que fuera más resistente que un humano normal.

Soltó una pequeña risa muda mientras le sonreía, mirándola directamente a los ojos. Mi mano se posó a un lado de su cuello mientras mi boca besaba el otro. Era la piel más exquisita que hubiera probado. Justo la cantidad de dulce necesario.

Bajé mi mano por su piel, sintiendo su clavícula bajo mis dedos. Era adorable cómo arqueaba la espalda para que siguiera bajando. Me reí contra su piel y volví a besarla en la boca mientras bajaba tocándola sólo con las yemas de los dedos. Se estremeció y gimió en mi boca cuando apreté un poco su seno, dando círculos en su pezón con mi pulgar.

Mordió mi labio ligeramente, y adoré la sensación. Seguí bajando mi mano por su cintura y apreté el puño en la tela de su camiseta. Me estorbaba demasiado, así que la arranqué de un tirón, haciendo que Koko se sobresaltara.

- Lo siento, me estorbaba. –Le dije riéndome contra su clavícula de su reacción.

- No te preocupes, yo estaba pensando hacer lo mismo con otras cosas. –Levanté la cara para ver la suya. Puso una sonrisa pícara mientras bajaba la vista a nuestros pantalones.

- No, no. Son el único par que traje. –Le dije con tono de fingida preocupación mientras me desabrochaba el botón. Se rió por el comentario mientras yo me quitaba los pantalones. No llevaba ropa interior, así que con eso me desprendí de todo lo que levaba puesto.


Kokoro’s POV

OH-POR-DIOS! Casi me desmayo cuando se quitó los pantalones. Tragué en seco y me quedé mirándolo directamente como si fuera la primera vez que veía un pene en mi vida. Bueno, ciertamente, era la primera vez que veía uno de ese tamaño.

- Ehh… ¿Tienes…? No suelo traer preservativos conmigo.

- Claro. –Estiré la mano al cajón de la mesita de luz sin apartar la vista del manjar que me esperaba, saqué uno y se lo di. Lo abrió y se lo puso cuidadosamente. Lo hubiera hecho por él, pero todo lo que hice fue quedarme con la boca abierta y los ojos como platos, viéndolo fijamente. Me debo haber quedado como tres horas mirándolo así, porque se aclaró la garganta con intención.

- ¿Qué? —preguntó. De pronto parecía cohibido.

- Nada. –Negué con la cabeza, sonreí y tragué saliva. Sonrió, dudó un poco, y luego se encogió de hombros y comenzó a desabrochar mi pantalón. Sus manos parecían un poco nerviosas, así que me limité a sonreírle y susurrarle:

- Yo sí tengo otros pantalones aquí.


Jacob’s POV

Eso no era buena idea si quería que fuera remotamente gentil. Tomé la tela de su cadera y la arranqué con todo y ropa interior. Luego sólo me quedé mirándola como un idiota. Era lo más hermoso que hubiera visto en mi vida.

Bajé la cabeza y besé su ombligo, luego subí, dejando un camino de besos hasta su pecho. Sólo me detuve ahí unos segundos antes de seguir subiendo. Cuando nuestros ojos estuvieron a la misma altura, podía sentir su entrada humedeciéndose para mí. Bajé la mano por su cuerpo, sintiendo la mayor cantidad de piel posible antes de llegar a su pantorrilla y doblar su pierna, apretándola contra su cadera y usándola para impulsarme, empujándome para entrar en ella de una sola vez.

Gimió con fuerza. Una mezcla rara entre mucho placer y un poco de dolor. Aunque no había sido mucho, por un momento me asusté, quizás la había lastimado. Pero no tuve mucho tiempo para pensarlo. Sus uñas se clavaron en mi espalda y perdí el poco control que me quedaba. Apoyé la cabeza en su hombro y salí despacio de su cuerpo, para luego impulsarme de nuevo contra su cadera de un solo movimiento. Se estremeció y gritó mi nombre.

Me mordí el labio y aumenté la velocidad. Me excitaba más de la cuenta escucharla así de entregada. No quería ni pensar en la posibilidad de detenerme, ya era imposible. Me moví más rápido, su piel se sentía tan suave y caliente bajo la mía. Y podía sentir su pecho apretándose contra el mío cada vez más, mientras su respiración se volvía irregular. Esos pechos… me moría por probarlos. Bajé la cara un poco y la escuché gemir mientras jugaba con uno de sus pezones, lamiéndolo y chupándolo alternativamente. Después hice lo que ella había hecho antes, alejé mi boca y soplé un poco su piel, haciendo que su pezón se tensara aún más.

Pero todavía no era suficiente. Quería volverla loca. Quería que perdiera el control y olvidara hasta su nombre. Solté su pantorrilla sin dejar de moverme y corrí mi mano por su piel hasta su intimidad. A penas la toqué -solo tanteando para buscar el punto exacto-, grito y arqueó la espalda. Ese debía ser. Moví los dedos al mismo ritmo en que la embestía, bastante rápido y con un poco de rudeza.

Pero a pesar de ser brusco, pareció gustarle. Ahora sí que parecía fuera de control. Después de solo unos segundos, comencé a sentirla viniéndose a mí alrededor. El temblor de todo su cuerpo era delicioso. Me moví más lento, intentando que no me llevara con ella. Era tentador, pero yo quería seguir viéndola así… totalmente desquiciada y en las nubes.

Se mordió el labio de forma tan sexy que tuve que desviar la vista para concentrarme. Cuando dejó de estremecerse me quedé quieto un segundo, esperando a que volviera en sí y abriera los ojos. Cuando lo hizo, pasó la pierna que había tenido agarrada por atrás de mi espalda, apretándome contra ella, haciendo que siguiera. Y así lo hice. Ya ni podía pensar en otra cosa que no fuera su calor y su piel. Volví a mover mi mano, que había dejado quieta, y comenzó a gemir de nuevo. Esta vez la besaba, así que gemía contra mi boca, una y otra vez mientras me continuaba moviendo. Bajé a besarla en el cuello cuando necesité respirar. Detesté tener que usar la boca para algo que no incluyera su piel.

Pasó su otra pierna por detrás de mi espalda y sentí cómo cruzaba los tobillos. Impulsándome para que la penetrara más fuerte. Eso hice, mientras escondía la cabeza en su hombro de nuevo. Me podría pasar la vida entera escuchando su respiración entrecortada y el alocado ritmo de su corazón. Antes había notado que era más rápido que el de un humano normal, pero ahora parecía un colibrí.

- Jake… -soltó, apretando con sus manos dos puñados de mi cabello. Si seguía diciendo mi nombre de esa forma, ya no podría resistir por mucho tiempo más. Me moví casi frenético, siguiendo el ritmo que marcaban sus latidos y la fuerza que me pedían mis instintos.

- Jake… -esta vez sonó más alto.

- Koko… -tragué e intenté tomar aire en vano- Ya no puedo…

En el momento en el que dije su nombre sentí como se apretaba a mí alrededor de nuevo y escuché como se cortaba su respiración. Estaba llegando de nuevo para mí. Y esta vez me vine con ella. Ya estaba al borde, y ver su cara contraída por el placer me empujó al precipicio. Era la sensación más placentera que había sentido en mi vida. Sentir cómo sus músculos se apretaban y ver como sus facciones se contraían. La embestí un par de veces más, y luego esperé en su interior hasta que dejé de sentirla palpitar.

Besé su hombro, luego su cuello y así fui subiendo hasta su boca. Me quedé por un momento ahí y luego me alejé para mirarla. Tenía la sonrisa de satisfacción más hermosa que pudiera existir. Me mordí el labio y sonreí con ella.

- Te amo. –Le repetí. Su sonrisa se hizo todavía más ancha. Creí que le desgarraría algún músculo de la cara.

- Yo también te amo. –Me contestó pasando una mano por mi cara. Cerré los ojos de nuevo, ahora sólo para concentrarme en esa caricia, y con eso, supe que nunca la dejaría ir. La volví a besar, y me alejé lentamente hasta salir por completo de ella.
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Koko! Me muero de los nervios!!! Sabes que te adoro y cuánto te admiro! Siempre voy a hacer todo lo posible para estar cuando me necesites! También sabes lo mucho que te quiero, no? jajaja... Muchos besos!!!

sábado, 3 de octubre de 2009

Fiesta Sorpresa - Capítulo VII: "Bocadillos"

Disclaimer: La mayoría de los personajes son de Stephenie Meyer, y muchos otros son mis versiones de ustedes, mis NTLS! Jajaja!

Summary: Somos el clan latino, y Joy está por cumplir años... hay que organizarle una fiesta, pero a quién podemos invitar??? (adivinen!)

Advertencia: Rating M

Capítulo VII: “Bocadillos”

Robin’s POV


El lugar donde Kokoro y yo solíamos comprar la comida no quedaba muy lejos. Sólo estábamos a unos cinco o seis kilómetros. Normalmente le hubiera pedido prestado el auto a una de las chicas, pero ahora quería tomarme el tiempo para caminar. Quería pasar todo el tiempo posible con él. Tenía que saber que rayos le pasaba por la cabeza.

Además, era un lobo. No creí que se cansara demasiado rápido. Así que caminamos a paso lento charlando y riendo como si hubiéramos sido amigos desde siempre. Era tan fácil hablar con él. Sólo dos horas habían pasado desde que nos conocimos, y sin embargo, sentía que podía contarle todo sobre mí. Y nada me lo impedía.

Caminábamos separados –sus manos nunca salían de los bolsillos de sus pantalones- pero la conexión que sentía hacia él hacía que lo sintiera cerca. Que lo quisiera cerca.

Se rió como niño cuando pateé una piedra y no llegó a alejarse ni dos metros. Me puse un poco colorada, pero no iba a dejar que me intimidara.

- Bueno, no todos pueden tener poderes sobrehumanos –me reí con él.

- Si, supongo que es cierto. –Y pateó otra piedra. La mandó bien lejos, pero andaba descalzo y uno de los bordes le cortó un poco el dedo pulgar. Puso mala cara, pero no se quejó.

- Auch… ¿Quieres que volvamos? –le pregunté viendo que el corte era bastante profundo.

- Naaa… -negó con la cabeza como si yo hubiera dicho algo muy ridículo- No te preocupes, no es nada, sanará en unos segundos.

- ¿Segundos? –le contesté incrédula.

- Si, seguro. Mira. –Alzó su pié para que viera la cortadura de cerca. Tenía razón. Ya estaba sanando. No habían pasado ni treinta segundos, y la herida ya estaba prácticamente cerrada.

- Eso es increíble. –Articulé bastante impresionada. Se rió de mi reacción y se encogió de hombros.

- Solo es por ser lobo. –Me explicó. Solo ahí entendí que no sabía nada sobre su especie. En todos los años que había pasado viendo ir y venir a Adri, no me había preocupado en lo más mínimo en aprender algo sobre sus habilidades. Sólo sabía que era peligroso estar a su alrededor, que podían transformarse en cualquier momento. Supongo que nunca le presté la suficiente atención, pero ahora vaya que me interesaba.

- ¿Puedes curarte de cualquier cosa? –lo pensó unos segundos.

- En realidad no lo sé. De fracturas, cortaduras, mordidas, –mis ojos se agrandaban mientras la lista seguía- quemaduras, golpes, puñaladas… -lo interrumpí.

- ¿¿¿Puñaladas???

- Sip, Paul estaba jugando con unos cuchillos hace un tiempo. Quiso intentar ese truco de los magos, y fui el único que creyó que podría lograrlo. –Se agarró el costado del torso con la mano y supuse que le había dolido bastante cuando puso mala cara. Luego me miró y sonrió.

- ¿Quieres intentarlo? –me tomó por sorpresa su tono divertido.

- ¿Apuñalarte? Muchas gracias, pero justo ahora no traigo nada afilado… quizás más tarde. –le contesté con un tono bastante sarcástico. Se rió y se encogió de hombros mientras volvía a meter las manos en los bolsillos.

- ¿Y que otras cosas puedes hacer? –le pregunté después de unos segundos. No quería que dejara de hablar.

- Bueno… no envejezco. –Eso sí lo sabía. Siempre pensé que debía ser un fastidio. ¿Nunca envejecer? ¿Ver a todo el mundo marchitarse y morir? Para mí era una condena eterna. Por eso nunca quise ser un vampiro. Yo era feliz sabiendo que tenía que aprovechar cada minuto de mi vida, porque bien podría ser el último. Pero no se me había ocurrido preguntarle su edad. Podría tener cien años.

- ¿Y cuántos años tienes?

- Veintiuno. –Asentí aliviada. Me hubiera impresionado un poco si hubiera tenido la edad para ser mi abuelo- ¿Y tú?

- Dieciocho. –le contesté y asintió pensativo.

- Bueno, y lo transformarse espanta bastante al principio. ¿Quieres ver? –parecía entusiasmado.

- ¿No es…? Digo ¿No puede ser… peligroso? –le susurré. Nunca había preguntado lo suficiente sobre los licántropos. Todo lo que tenía seguro era que podían perder el control. La pregunta pareció lastimarlo porque la sonrisa se borró de su rostro.

- Lo siento, pero no se mucho sobre ustedes. –me disculpé.

- No te preocupes, tienes razón. Sí podemos ser peligrosos. Cuando nos enojamos más de la cuenta podemos transformarnos sin desearlo. Eso no es muy… conveniente.

- ¿Pero si no te enojas? –negó con la cabeza.

- No, si no estamos enojados nosotros decidimos cuándo entrar en fase. Eso no es peligroso. Sólo somos nosotros… pero con forma de lobos grandotes. –Frunció el ceño negando con la cabeza- ¿Tiene sentido?

Asentí mientras nos reíamos un poco por sus palabras.

- Suena… raro.

- Lo es. Y ni te imaginas lo molesta que puede ser la mente colectiva. –lo miré con curiosidad- Ah, es que cuando somos lobos todos escuchamos lo que piensan los demás, y vemos lo que ven.

- ¿Todo?

- Si, todo. Es útil para las batallas y esas cosas, pero eso no hace que deje de ser un fastidio el resto del tiempo. No se puede tener secretos. Es lo único que no me gusta sobre ser un lobo. Lo demás es increíble, pero que los demás sepan todo sobre ti se vuelve bastante vergonzoso.

- Bueno, pero te enteras de muchas cosas interesantes, ¿no? –dije a modo de broma para alegrarlo un poco. Sonrió y rodó los ojos.

- Uf. Ni te imaginas. –Soltó en tono sarcástico, para luego hablar un poco más en serio- Todo lo que piensan los demás es sobre sus imprimaciones. Sam ya nos tiene hartos con las fantasías sobre Emily. Aunque ahora Jake, Quil y yo podremos atormentarlo por un tiempo a él.

Se rió a carcajadas, y yo sonreí. Adoré su risa. Era muy contagiosa… aunque no había entendido nada de lo que había dicho.

- ¿Qué son imprimaciones? –le pregunté. Era la única palabra que no conocía. Frunció el ceño por unos segundos mientras miraba hacia delante.

- Es algo de lobos. –Agregó con la vista perdida en el camino de tierra.

- Eso lo aclara todo. –Le recriminé irónicamente cuando se quedó callado. Sonrió y negó con la cabeza. Parecía algo que no quería contar, y eso sólo hizo que me diera más curiosidad. ¿Qué cosa podía ser peor que tener a seis personas dentro de tu cabeza? Se aclaró la garganta y tomó aire.

- De hecho yo no creía mucho en ellas. –dejó de hablar, pero yo lo seguí mirando hasta que continuó- Es como… amor a primera vista. Según los mayores, son para ayudarnos a encontrar a nuestras “parejas genéticas ideales” –hizo comillas en el aire e imitó una voz grave y un tono formal que me sacaron una carcajada-. Es como… no se, no lo puedo explicar.

Se volvió a quedar callado, y eso me volvía loca. Suspiró.

- ¿Alguna vez haz escuchado esa frase es que dice que puedes “encontrar a tu otra mitad”? –Asentí- Bueno, es algo así. Como si todo encajara cuando ella está cerca. Como si todo tuviera sentido cuando la vez.

Lo que decía era hermoso. Pero no me atreví a preguntarle si lo sabía por sí mismo o por las mentes de su manada. Si tenía imprimación, no soportaría averiguarlo ahora. Así que no seguí indagándolo. Sólo lo dejé correr.


Mer’s POV

Cuando desaparecieron por las escaleras, supuse que Edward y Joy iban a tardar bastante en volver. O al menos eso esperaba. Pero no sería bueno esperar a que Edward regresara de su “reto” para elegir a otra persona. Así que le dije a Emmett que escogiera a alguien más. Lo pensó bastante.

- Ok. A ti.

-¿Qué? –eso no me lo esperaba.

- Ya me oíste. ¿Verdad o consecuencia?

- Consecuencia. –Si decía “verdad” no tendría nada para contar, después de todo, solo tenía poco más de siete años de recuerdos, y ahora todos estaban borrosos.

- Te reto a ver quién de nosotros dos es más fuerte.

Levanté una ceja. Si quería meterse con una neófita, yo no tenía problema.

- Seguro, fortachón. –Le contesté levantando la barbilla desafiante- ¿Qué propones?

Dudó por unos segundos.

- ¿Una pulseada?

- No, no planeo romper toda la casa para probarte que puedo vencerte.

- ¿Tienes miedo de que te lastime, muñequita? –me preguntó con una mueca de suficiencia. Me estaba provocando. Eso no era inteligente. Los lobos se pusieron un poco tensos cuando mi postura cambió a una de ataque.

- ¿Por qué no hacen otra cosa? –nos interrumpió Kokoro.

- ¿Cómo qué? –le contesté. Quizás ella evitara que rompiera en pedazos al fanfarrón.

- Podrían averiguar quién corre más rápido. –Ambos le dimos miradas incrédulas- ok, ok, pueden ver quién arroja algo más lejos, o algo así.

Eso no parecía mala idea. Y a juzgar por la cara de Emmett, pensaba lo mismo que yo.

- ¡Trato hecho! De todas formas no quería hacerte daño, dulzura.

Lo miré con odio mientras se ponía me pie. Como si él pudiera lastimarme a mí. La idea me daba ganas de reír. No sabia con quién se estaba metiendo. Me dirigí a la puerta, pero antes pensé en escoger a otra persona para mantener el juego andando.

- Yo escojo a Nahuel. –Anuncié señalándolo. La verdad, no me había caído del todo bien. Había escuchado cómo le advertía a su hermana sobre los lobos antes de que entraran. Y ahora se había pasado toda la noche babeando por Adri. Ella no se merecía imprimar en un tipo así de hipócrita.- ¿Verdad o consecuencia?

- Verdad. –Contestó muy seguro de sí mismo. Sonreí maliciosamente.

- ¿Qué es lo que realmente pensabas acerca de los lobos?

Tosió y abrió los ojos como platos, como si se hubiera atragantado. Contuve una sonrisa y Emmett y yo nos dirigimos afuera. Le probaría a este presumido que no tenía porqué serlo.


Nahuel’s POV

¡Maldición! Debí haber elegido “consecuencia”. ¿Qué rayos se suponía que dijera? ¿La verdad? No podía. No podía lastimarla. Sólo habían sido prejuicios estúpidos causados por las historias que me habían contado. Nunca había creído que conocería a lobos así. Nunca había creído que conocería a una loba así. Me aclaré la garganta para ganar tiempo.

- En realidad, no sabía que pensar. No tenía idea de cómo serían.

- Sabes que eso no es cierto. –me delató Kokoro. ¿Por qué se metía? Tragué en seco, maldiciéndola para mis adentros por descubrir mi mentira.

- Bueno, sí había escuchado cosas sobre ustedes. –Bajé la cabeza. No podía mirarla a los ojos mientras decía esto- Todos los vampiros decían que eran peligrosos.

- ¿Y? –inquirió Kokoro de nuevo. Apreté los puños. En cuanto tuviera la oportunidad la mataría. Decidía soltarlo de una sola vez.

- Decían que sólo eran apestosos animales asesinos con aires que se creían mucho. –Eran las palabras exactas de uno de los vampiros que quedó sin pareja por su causa. Noté como los ojos de Adri se llenaban de lágrimas, así que me apresuré a seguir hablando. Ahora me dirigía sólo a ella. Me importaban poco las figuras temblorosas de los lobos a mí alrededor- De verdad lo siento. Nunca había conocido a uno de ustedes en persona. Y debo admitir que todas las personas que me han contado historias sobre los de tu raza han sido vampiros. Y ninguno vegetariano.

Parecía que Adri estaba a punto de salir corriendo. Me sentí como un idiota por lastimarla de esa forma. No sabía como enmendar mi error. Sólo se me ocurrió ser sincero.

- En serio lo siento. Se que no debí pensar eso, pero nunca había conocido a ninguno de ustedes. Lo cierto es que nunca… nunca había conocido a alguien como tu. –Le dije. Sus ojos revolotearon para encontrarse de nuevo con los míos. Ahora parecían esperanzados- Definitivamente soy pro-licántropos ahora.

Su mirada voló hasta la híbrida y ella asintió ligeramente con la cabeza. Los demás las miramos extrañados, pero decidí que no diría nada. Sólo suspiré cuando volvió su vista hacia mí con una sonrisa en el rostro. Parecía increíble que ese rostro pudiera ser todavía más bello, pero esa sonrisa lo dejaba deslumbrante.

- Bueno, ahora te toca a ti. ¿A quién eliges? –me preguntó uno de los lobos. Creo que su nombre era Anvil, pero no estaba seguro. Sonreí de oreja a oreja.

- A Adri. –Contesté muy seguro- ¿Verdad o consecuencia? –Agregué mirándola directamente a los ojos. Lo pensó muy detenidamente, supongo que el momento que yo acababa de pasar debería servirle de ejemplo.

- Consecuencia. –Contestó muy bajo, casi en un susurro. Eso me enterneció, y casi no le digo lo que tenía planeado… casi.

- Te reto a que entres en fase delante de mí. –Le solté de una vez. Creo que decir que se puso colorada es quedarse corto. Me reí internamente, era muy dulce. Y quizás le diera vergüenza, o se sintiera incómoda, pero había pensado en verla en su forma de lobo desde la primera vez que la vi. No sabía porqué, pero la idea me atraía muchísimo. Era como verla en su estado más básico. Su esencia. Y el hecho de que debería sacarse la ropa era un detalle que estaba más que dispuesto a soportar.


Kokoro´s POV

Me reí con ganas. Adri debería transformarse ante su imprimación. Me parecía muy bien, obviamente el chico necesitaba una o dos lecciones sobre los lobos. “Sólo animales” bah! Que descarado. Lo hubiera despedazado yo misma si Jake no me hubiera agarrado del brazo disimuladamente. Tenía razón, probablemente, matar a la imprimación de mi mejor amiga no la alegraría mucho.

Por suerte, la había arreglado bastante bien, y había sido muy sincero. Supuse que todos teníamos prejuicios de vez en cuando.

El ruido de mi estómago me distrajo de mis pensamientos. De verdad que tenía mucha hambre. Todo lo que había comido hoy había sido ese puñado de palomitas mientras mirábamos la película. Luego, cuando quise llegar a la mesa de la comida, todo había desaparecido. Era de suponer que haber traído a media docena de licántropos tendría sus consecuencias.

- ¿Alguien más tiene hambre? –preguntó Jake en voz bastante baja. Creo que yo lo escuché sólo porque estaba atenta a todo lo que salía de su boca, los demás no le estaban prestando atención. Pero había algo raro en su pregunta y no supe identificar qué.

- ¿Tu si? –repliqué. Había estado comiendo desde su llegada.

- Si, muero de hambre. ¿Tu no? –Era la primera mentira que me decía. Después de todo lo que me había contado con total sinceridad ¿Por qué me mentiría en algo tan trivial como tener hambre? Decidí seguirle el juego.

- Si, yo si. Mucha. –Le dije francamente. De verdad que mis propias tripas me estaban queriendo dejar sorda.

- Bueno, ¿que tal si buscamos algo en la cocina? –Me preguntó inclinándose ligeramente para susurrar en mi oído. No contuve mi sonrisa. ¿Por eso había mentido? ¿Quería estar a solas conmigo? Definitivamente no tenía ningún problema con eso. El juego parecía haber alcanzado una especie de tregua, y los que quedaban en la habitación habían vuelto a sus pequeñas conversaciones. De seguro a nadie le molestaría si nos escapábamos por un momento.

- Si, seguro. –Le contesté mientras me ponía de pie dirigiéndome a la cocina. Seguro ahí sí le sacaría la razón por la que me había mentido. Caminé lento y moviendo las caderas lo más que podía. Él me seguía de cerca, y creo que pude escuchar cuando su mandíbula tocó el piso. Esto de tener a un lobo imprimado era bastante interesante.

Cuando entramos a la cocina, yo me dirigí a la heladera para buscar algo para comer. Quizás él estuviera mintiendo, pero yo sí estaba famélica. Por suerte, mi sed estaba controlada –había ido a cazar hacía poco-, pero el hambre era una sensación distinta. Encontré una mandarina en el cajón de las frutas. La tomé y la empecé a pelar mientras hablaba.

- Así que… ¿tenías hambre, no? –la sutileza no era mi fuerte.

- No, de hecho no, para nada. Siento haberte mentido. -Sonreí.

- Bueno, pero fue la única vez. Te sorprenderías si supieras la cantidad de mentiras que dice la gente en una conversación común. A veces llego a detectar veinte en pláticas de quince minutos.

Me miró extrañado y se acercó un poco, inclinando su cabeza hacia un lado. Me metí un gajo en la boca para callar a mi estómago, el ruido ya me estaba comenzando a distraer.

- ¿Cómo…? ¿La única…? ¿Detectar…?–Parecía que no encontraba las palabras. Al fin se decidió por un simple:- ¿Qué?

- Es que tengo una habilidad. –Se acercó más y yo me metí otro trozo de fruta en la boca- Detecto mentiras… puedo saber si alguien miente con solo escucharlo.

- ¿Siempre? –Asentí y tragué lo que tenía en la boca. Este era un momento que nunca me gustaba. La gente siempre cambiaba de actitud cuando sabía sobre mi habilidad. Se ponían nerviosos, como si yo fuera a revelar todo lo que pensaban al mundo entero. Me puse de espaldas a la mesada, apoyando mis manos detrás de mí, mirándolo con atención. Por un segundo pareció pensativo. Luego se encogió de hombros.

- Que curioso…

¿Eso era todo? ¿No se iba a poner de los nervios intentando ocultarme las cosas? ¿No me iba a preguntar qué tanto podía detectar?

- ¿Curioso? –le pregunté.

- Si –se encogió de nuevo de hombros. ¿Por qué lo tomaba tan bien?- Nunca había escuchado que los híbridos pudieran tener poderes.

Decía la verdad.

- Debe ser muy útil –Agregó de nuevo. No pude detectar que ocultara algo. No parecía nervioso en absoluto. Me mordí el labio.

- ¿En serio no te molesta? –Le pregunté cuando no dijo nada más. Me parecía increíble su reacción.

- Nop. –Hizo sonar sus labios con el sonido de la “p”. Lo miré curiosa. Seguía diciendo la verdad. ¡El lobo estaba totalmente loco!- De todas formas jamás te mentiría.

Casi lloré de la emoción. Y él lo notó. Se me acercó más y puso su mano en mi cara, levantándola para que lo mirara.

- ¿Qué sucede? –me susurró con su rostro a veinte centímetros de mío. Me quedé helada y la fruta se escapó de mis manos. Jake la agarró a la mitad del viaje hacia el piso y la apoyó en la mesada detrás de mí. Pero cuando lo hizo, se estiró hacia delante, inclinándose sobre mí. Su mano derecha todavía estaba en mi rostro, su dedo pulgar se movía por el lóbulo de mi oreja haciendo que se me erizaran los bellos de la nuca.

Cuando notó que estaba a solo un par de centímetros de distancia de mi cara, me miró directo a los ojos por un par de segundos que se me hicieron eternos. Podía sentir la electricidad atacando mis sentidos. Se mordió el labio y luego siguió inclinándose hasta toparse con mi boca. Eran los labios más tiernos que hubiera probado. Se movía lento, como tanteando… como esperando a que lo rechazara. Pero si eso era lo que esperaba, se iba a llevar una buena sorpresa.

Me incorporé un poco para intensificar el beso y darle un poco más de confianza. Parecía tan… temeroso. Sentí su sonrisa pegada a mis labios y un hormigueo me recorrió el estómago cuando su mano izquierda se posó en mi cintura y me apretó contra él.

Ya estaba tan seguro de sí mismo como antes. Sus labios se movían ansiosos contra los míos, como si muriera de sed, y yo fuera la última gota de agua del universo.

El beso se calentó junto con su temperatura cuando mis brazos pasaron alrededor de su cuello y mis dedos se enredaron en su pelo. Soltó un pequeño gemido que me volvió loca y luego de un rato se alejó respirando con dificultad y bajando un poco para besar mi cuello. Me apoyé más contra la mesada, permitiendo que se pegara más a mi cuerpo.

Me estremecí cuando sus manos se pasearon por mi espalda. Ya no podía ni respirar. No recordaba como diablos se hacía. No recordaba nada que no implicara besar esos labios y tocar ese cuerpo. Mis manos se deslizaron hacia sus hombros y luego hacia la parte alta de su espalda. Tragué en seco y esta vez fue a mí a quien se le escapó un gemido.

Jake gruñó por lo bajo y sus manos pasaron a apretarse a los lados de mi cadera. Sus dedos se clavaron en mi piel y gemí de nuevo, esta vez en su boca, que había vuelto a la mía. Sentí como me humedecía cuando una de sus manos fue subiendo por mi torso, metiéndose entre la tela de mi camiseta y mi piel… y estoy segura de que ese detalle no pasó desapercibido para Jake.

Su mano volvió como resorte a mi cadera y me levantó en vilo para dejarme sentada en la mesada. Mis ojos volaron a la puerta. Estaba cerrada. Reprimí otro gemido cuando sentí su entrepierna pegarse contra la mía. Ambos llevábamos jeans, pero podía sentir su dureza a través de la tela… y la sensación me embriagó.

Se restregó con fuerza contra mí centro mientras su boca bajaba de nuevo a mi cuello. Sentí que volaba. Me apreté contra él y entendió que quería que lo hiciera de nuevo. Se movió lento, apretándose más duro contra mí. Sentía que me deshacía en mil pedazos mientras él aumentaba el ritmo con el que se frotaba contra mí. Nunca nadie me había hecho sentir así, y menos sin siquiera penetrarme. Pero Jake era tan… tan… Ah! Ni siquiera encontraba las palabras. Todo en lo que podía pensar en ese momento era en su miembro duro y ansioso detrás de esos shorts. En su pecho amplio y caliente que subía y bajaba por su propia excitación. En sus manos, colándose por debajo de mi blusa acariciando mi piel, que parecía arder a su contacto.

Estaba totalmente vestida, y estaba sintiendo cosas -tan intensas- que ningún hombre me había podido hacer sentir estando completamente desnuda y a su merced.

Pero ahora lo veía claro. Nunca había estado a su merced. Yo estaba hecha para Jake. Y él estaba hecho para mí. Este dato se filtró por mi mente y me traspasó los huesos. Era lo más excitante que había escuchado en mi vida. Justo entonces Jake soltó un gemido un poco reprimido contra la piel de mi cuello, justo debajo de mi oreja. Me había equivocado. Eso era lo mas excitante que había escuchado en mi vida.

Su mano rasgó el escote de mi blusa para dejar al descubierto uno de mis pechos, mientras seguía moviéndose insistente contra mí. Era increíble que supiera justo el punto exacto en el que hacer más presión para causar el máximo de placer con cada movimiento.

Poco me importó que hubiera roto mi blusa cuando su boca llegó a mi pecho y su lengua caliente comenzó a jugar con mi pezón. El calor ya me quemaba. Sentía que el éxtasis se acercaba y no podía hacer nada contra los gritos que comenzaron a escaparse de mi boca. ¡No! ¡Debía controlarme! Si alguien nos encontraba…

Otro gemido me quemó la garganta y la mano de Jake me tapó la boca firme pero gentilmente mientras el mejor orgasmo de mi vida se apoderaba de todos mis sentidos. ¡No podía ser cierto! ¡Ni siquiera me había penetrado! Por todos los cielos, ni siquiera había usado las manos… o la boca.

Me estremecí de pies a cabeza y grité su nombre contra su mano un par de veces más. ¡El hombre era un Dios! No, mejor que eso… era un hombre, uno de verdad.

Me hubiera desplomado contra la mesada si los brazos de Jake no me hubieran pegado contra su pecho. Su cabeza quedó contra mi hombro. Respiraba agitado y escuchaba su corazón latir como loco.

Cuando trago en seco noté que su respiración no se normalizaba como lo hacía la mía. ¡Claro! Él no se había venido. Me encantó la idea de que sólo quisiera complacerme a mí. Pero había un problema. Yo sólo quería complacerlo a él.

Mi mano bajó por su pecho muy lentamente y sentí como escondía su cara en mi hombro, reprimiendo un gruñido. Cuando llegué a tantearlo por encima del pantalón, el sonido que salió de su pecho sonó torturado y su respiración se volvió más irregular. Se aclaró la garganta y habló despacio en mi oído y con voz ronca.

- ¿Podemos… -tragó en seco e hizo “mmm” cuando moví mi mano más fuerte por encima de la tela- …ir arriba… por favor?

Me estaba suplicando. No tenía idea de lo innecesario que era eso. Pero de todas formas, no me importaba cómo lo pidiera, solo quería subir… ¡pero YA!

Sonreí y me sostuve de sus hombros para enrollar mis piernas alrededor de su cadera y subirme a su cuerpo.